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Rincón de Ailene y Miguel Án

OTRO DÍA DEL CORTE INGLÉS

OTRO  DÍA  DEL  CORTE  INGLÉS

Como mi padre dice que el día de la madre es un día comercial el domingo no le regaló nada a mi pobre madre. Dice que ya tendrá con ella algún detalle el día menos pensado, cuando le apetezca, no cuando se lo imponga el Corte Inglés. Así que, con mi santa paciencia, tuve que hacerle esta florecita casi de urgencia. Me ayudó la seño, pero poca cosa.

 

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Y DE PREMIO: UN LIBRO

Y   DE  PREMIO:  UN  LIBRO

¿Sabéis quiénes son los que aparecen en la foto? Salvo que seáis familia o ellos mismos podéis participar. El primero que lo adivine recibirá en su domicilio el último libro de mi pobre padre titulado Igual que un colibrí. Ya sé que podría haber sido más espléndido en el premio, pero es que las hermanas Koplowitz todavía no le han empezado a ingresar nada en concepto de soborno.

INCONSECUENCIA SUMA

INCONSECUENCIA   SUMA

Dos de mayo y hay edificios públicos y domicilios particulares que han encendido la calefacción. Como ya había venido el tiempo de la manga corta y nos toca volver a sacar los abrigos la gente no repara en gastos y, ¡hala!, a darle caña a los radiadores. Frío, lo que se dice frío, en las casas no hace, pero hemos aburguesado el cuerpo de tal forma que ya no podemos vivir sin aire acondicionado ni calefacción. Se pasa de la mierda a la bicicleta, hoy con calefacción y la semana próxima con aire acondicionado. En invierno ponemos la calefacción a 23 grados para no pasar frío y cuando en verano tenemos esa temperatura programamos el aire a 18 grados para no pasar calor. Es verdad que con esto del cambio climático el tiempo está medio trastornado, pero nosotros estamos trastornados del todo sin poder achacárselo al cambio climático.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO

PRESENTACIÓN  DE  UN  LIBRO

Está feo que haga propaganda de mí mismo, pero como este libro se va a presentar en Zaragoza el 8 de mayo y no voy a poder asistir (Antonio Olmeda y José Antonio Labordeta se encargarán de hablar en el acto), qué menos que dejar constancia de ello en este espacio. El libro, Igual que un colibrí, ganó el I Premio Fundación Dosmilnueve de Novela Corta de Zaragoza el año pasado, y es de corte policiaco. Como veis, he sido breve.

JORNADAS SOLIDARIAS

JORNADAS  SOLIDARIAS

Como no me da tiempo a contestar todos los mensajes pendientes me disculpo aprovechando el blog. Mari Carmen Ramírez, de la Facultad de Medicina de Albacete, ha osado invitarme a la charla inaugural bajo promesa de seguir manteniendo su amistad tras la misma. El tema es: ¿Qué es una ONG?, su necesidad y revisión crítica del actual sistema de funcionamiento de la misma. Me pareció una muy buena idea y como todo va a salir bien el año próximo seguro que repiten y pueden disfrutar de un primer espada como Javier Panadero, que además de implicado en el tema de la solidaridad es médico.

Lo dicho, a partir del lunes contesto todo lo pendiente.

UN DÍA EN EL TORRICO

UN  DÍA  EN  EL  TORRICO

         Hace unos días nos fuimos a El Torrico, un pueblo toledano de la comarca de la Campana de Oropesa, cuyo ayuntamiento había tenido el acierto de convocar un concurso literario que se me concedió (esto último ya no sé si fue un acierto, aunque espero que sí). El premio fue importante y el motivo del viaje, pero reconozco que casi ocupó un cuarto lugar una vez que pisamos tierra torriqueña, si es que el toponímico acertado es este.

Se celebraban unas jornadas de los pueblos ribereños –bañados por el Tajo- y con esa excusa se montó un mercado medieval, una carpa con información de cada uno de los pueblos que integran la comarca, muestras de folclore y actividades varias. Lo que más me llamó la atención fue que toda la gente del pueblo se volcó en la preparación de esa jornadas. Tras la entrega de los premios literarios –en la que coincidí después de mucho tiempo con el prolífico Terrín Benavides- se sirvió agua de limón y dulces típicos de la zona a todos los asistentes, que no éramos pocos. Fueron los vecinos quienes prepararon la bebida y esas delicias (yo, en un primer ataque acabé con cuatro rosas –una especie de hojuelas con limón-, tres rolletes de sartén y dos pestiños, y dos vasos de agua de limón y uno de sangría), y ellos mismos las servían en grandes bandejas que parecían no tener fin. Fue el inicio de un día soleado en el que con la compañía de Rosi, Manuel y Ramón pudimos conocer un pueblo de gentes inusuales por su amabilidad y sencillez. Ramón ya nos había hablado antes de las excelencias de este pueblo, pero hasta que no lo vives no te das cuenta de que no exagera.  Ailene se lo pasó en grande montando en las colchonetas y limpiando, con la ayuda de Manuel y su vestido, el suelo de la Plaza Mayor. No le gustó tanto la visita a las caballerizas, a pesar de que los dos borriquillos que allí había parecían sacados de una estampa de los años cuarenta. Lo único que no pudo ser fue conocer a la novia de Luis Ávila, el teniente de alcalde, un personaje singular del que tengo que hablar más extensamente en otro momento. Ni eso ni acercarnos a las ruinas de la ciudad hispano musulmana de Vascos, a un tiro de piedra. En otra ocasión. Pues eso, que si tenéis ocasión, pasaos por El Torrico, que está lleno de buena gente.

LOS EQUINOCCIALES RENACEN DE SUS CENIZAS

LOS  EQUINOCCIALES   RENACEN   DE  SUS  CENIZAS

¿Os acordais de las peripecias de los Equinocciales? Si no queréis leer el anterior enlace ni los numerosos comentarios que suscitó el artículo, os los resumo. Un grupo de sindicalistas convencidos, hartos de las corruptelas, nepotismo y desmierde en general que presidía el CSI-CSIF, decidieron, por solidaridad con dos compañeros que habían denunciado todo lo anterior y estaban a punto de ser expulsados del sindicato, abandonar el mismo. Luego intentaron seguir su labor sindical uniéndose a otras siglas, pero en casi todas les dijeron que los aceptaban con la condición de que hicieran sindicalismo callándose la boca, es decir, tragándoselas como camiones si al que había que poner en el ojo de mira era un pez importante o alguien afín al sindicato en cuestión. Dijeron que nones, claro, que para ese viaje no se necesitaban tantas alforjas. Y, tras un período de desilusión, dos de ellos, Teresa y Manolo, le echaron narices y se presentaron a las elecciones de personal laboral de la Junta de Calamidades de Castilla La Mancha como grupo independiente (GIT-CLM). ¡Cágate, lorito!, ¡y el lorito se cagó! Se han impuesto por mayoría absoluta en dos de las circunscripciones a las que concurrían, en la Delegación de Cultura de Toledo, por delante de Comisiones Obreras, y en la Consejería de Administraciones Públicas, también por delante de Comisiones. En la Delegación de Sanidad también se ha obtenido un delegado. Y eso casi sin mover ni un dedo. Por eso hoy toca felicitarlos y felicitarse porque parece que el género humano todavía no ha perdido el norte y sabe que entre votar a unas siglas con mucho respaldo político -y muchos débitos también- o hacerlo a otras siglas sin ningún respaldo pero toda la credibilidad del mundo prefieren lo segundo. Como dijo la nota de prensa que apareció al respecto: "Estos resultados suponen un espaldarazo a nuevos postulados que permiten una defensa de las condiciones de los trabajadores desde posiciones cercanas a los mismos, de una forma directa, sin dirigismos ni condicionamientos de ningún tipo". Porque yo no soy de la Junta de Calamidades, que si no me afiliaba ahora mismo al grupo independiente (que sé que no se han presentado como Equinocciales por discreción). Reitero mi felicitación a Tere y a Manolo, pero una cosa les digo, lo único que no me termina de gustar es el logotipo que han elegido para su formación y que encabeza este escrito. No sé, el fondo del personaje del medio es demasiado soso.

¡Enhorabuena!

 


 

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PIEL DE AZABACHE

PIEL  DE  AZABACHE

"Oscar. Oscar Vasco. Tiene nueve años. Pesa quince kilos. Es una lágrima. Una lágrima con los ojos enormes. Una enorme lágrima llena de ojos..., SIDA. SIDA enfermedad. Ya murió su madre. Pasea despacio por los pasillos del centro. Se lo está comiendo la tuberculosis. No habla. Cuando lo hace, parece que la voz se le escurre entre los labios, le gotea desde los ojos..., de esos ojos, que aún no sé cómo puede abrir. Me mira. Le miro. No sé cómo, pero esboza una sonrisa... Es como todos estos críos de aquí; cada vez que sonríen se ilumina la mañana, o la tarde, o la misma noche... consiguen eclipsar la luna –ahora en cuarto creciente- con su sonrisa. No va a durar mas allá de tres o cuatro meses. Se le escurren las palabras despacito, arrimándose a los labios, con miedo de salir fuera. Con miedo de encontrarse con lo que ya se encontró el resto de su cuerpo. Son como el trino de un gorrión. De uno de esos gorriones que abren la boca, en el nido, esperando alimento. De esos que aún tienen plumón, que no vuelan. Uno de esos gorriones que aún tiene que sobrevivir..., Oscar no. Oscar es un gorrión maldito. Un gorrión condenado...

¡Una puta mierda de vida encerrada en los ojos más eternos que he visto nunca...! Y allí está. Con su padre. Sin hablar apenas. Envuelto en arcilla, el tratamiento “africano” para el SIDA.Oscar me clava sus ojos como dos puñales incandescentes, uno en cada pecho. Oscar me mira, y rápidamente, sin pensarlo, baja la mirada. Oscar se muere a chorros. No hoy, no mañana. Oscar se esta muriendo cada día. Cada hora. Cada minuto".

Es un fragmento de Piel de Azabache, el libro de Francisco Javier Carlavilla que en unos días saldrá publicado por Acumán. Es altamente recomendable por muchas razones: porque se lee, pese a su extensión, muy rápido; porque el autor escribe como habla y uno no se da cuenta de ello hasta el final; porque dice y denuncia verdades como puños sin casarse con nadie; porque es un compendio de desesperanza encuadernado en rústica con optimismo (¿que cómo es posible eso?, pues habrá que leer el libro para enterarse); porque Javi ha recorrido varios países de los del llamado Tercer Mundo como médico voluntario y se ha traído enquistadas en los hígados las miasmas de por allá, las que le hacen escribir lo que escribe para amargarte el día y hacer que te replantees tu forma de estar en el mundo.

Es un cuaderno de viaje atípico, son reflexiones de toda índole en las que lo que menos importa es la literatura. Ya lo digo, quien busque buena literatura que busque en otro sitio, en estas páginas no se esconde García Márquez, sólo hay literatura bastarda de la que te cambia la vida. Y lo mejor, lo mejor con diferencia del libro, como sugiere el autor en la contraportada, es que lo podrías haber escrito tú.

"Ayer estuve en el Hospital de Mocuba. Acompañé a Lucía que tenía que dar clase y de paso nos enterábamos de qué había pasado con un enfermo que enviamos. Son un montón de salas espaciosas, dotadas de absolutamente nada. En algunas hay camas sin colchones, en otras colchones sin camas; en otras algún montón de hierro oxidado que quiere remedar una mesa..., en todas hay gente. La mayoría tirada en el suelo, encima de su capulana. Allí están los enfermos: con sus brazos o sus piernas amputadas (supongo que por las minas que aún quedan por todo el país), con sus heridas infectadísimas, con sus hatillos de ropa y de comida desperdigados por el suelo..., allí están...

En el hospital prende la miseria. Se huele la cochambre, escuece el cuerpo sólo de verlo. Huele a animal, a granja, a cuadra... en el sentido menos despectivo. Me recuerda vagamente algunas veces, cuando he entrado en algún establo. Allí están los afortunados, los que pueden pagar que les amputen un brazo o una pierna para seguir viviendo; aunque sea invirtiendo los ahorros de toda una vida o de todas las vidas de toda una familia..., los que aún viven, los que tienen suerte y pueden pagar por seguir vivos, tirados en el suelo del hospital, con sus hatillos cerca (el 100% de los test VIH que hemos pedido son positivos)".

Más información sobre el libro en http://publicacionesacuman.unlugar.com/pieldeazabache.html

 


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SIMPLEMENTE UNA INFAMIA

SIMPLEMENTE  UNA  INFAMIA

Conozco personalmente a De Juana Chaos, y no es ningún placer. Conozco personalmente a todos los que han votado, a favor y en contra, de su paso a prisión atenuada. Y no deja de ser un placer, pero nunca, jamás, habría supuesto ese resultado. Evidentemente la decisión ha sido ajustada a Derecho. Evidentemente en el 98% de casos más o menos asimilables (por no decir el 99) la decisión habría sido -porque siempre lo ha sido- la contraria. Quien no quiera interpretar esto como una maniobra política es porque anda ciego. Y quien no quiera interpretarla como una infamia es porque le sobra misericordia.

 

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OTRO HORNAZO

OTRO  HORNAZO

A mi madre, celosilla ella sin reconocerlo, le han hecho saber que hago propaganda de hornazos ajenos a la patria chica, que viene a ser Albacete, y que incluso los coloco en esta página. Por eso, ni corta ni perezosa, me ha regalado el que veis en la foto, que no desmerece en absoluto del que me regaló Mariché como tributo del pueblo lagarterano. Y no está malo, en absoluto, y Albacete me tira mucho, pero como la bollería gruesa de Lagartera, nada de nada...

 

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CHILLIDA MEJORADO POR UNA AVISPA

CHILLIDA  MEJORADO  POR  UNA  AVISPA

Hay en Toledo una escultura de Chillida que mantiene enfrentados a diversos organismos públicos y privados con la familia del artista debido a su mala ubicación. Se halla en una especie de patio cercano al Hostal El Cardenal donde no se luce, y no sólo eso, sino que además los coches aparcan a ambos lados quitándole su gracia y vistosidad. Para ser sinceros yo nunca le he visto ni la gracia ni la vistosidad a esa escultura, tres bloques de piedra arqueados y sustentados por una base anodina, pero es porque soy muy primitivo y simplista para la cuestión del arte; arte me parece la catedral de Burgos, La rendición de Breda, la Romántica de Bruckner –su sinfonía número 4- o Cien años de soledad. Tres cajas de cartón valoradas en miles de euros, un burrapato de Dalí o tres bloques graníticos sin gracia me parecen una tomadura de pelo. Pero doctores tiene la Iglesia y allá cada cual.

Van a cambiar de lugar la escultura de Chillida, la llevan a la explanada del Museo de Santa Cruz para que la familia no la reclame. Me seguirá pareciendo una tomadura de pelo. Pero el otro día, paseando por allí, vi que una avispa se posaba sobre la escultura, saqué una foto y, lo que son las cosas, esa escultura ahora me parece preciosa. ¡Hay que ver lo que hace una avispa!

 

 

 

 

 

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PROFESIONES DE RIESGO: DOCENCIA

PROFESIONES DE RIESGO: DOCENCIA

    Casi al pie de la letra. Llega Pilar del trabajo, alborotada, indignada, y me dice que unos padres han amenazado de muerte a una profesora. Maria del Mar creo que es su nombre. La profe lleva días intentando que la madre de una de sus alumnas se acerque a hablar con ella, y no hay manera. Por eso recurre a la hermana mayor para mandarle el recado: “Dile a tu madre que tu hermana tiene piojos, que le eche el champú”. Más o menos es lo que le dice. A la hora no sólo está la madre en el colegio, sino el padre apestando a alcohol pidiendo ver a la puta de la maestra porque le van a dar una paliza que la van a matar, que quién es ella para ir diciendo mentiras por ahí. La profesora se esconde, claro. Y entre el jefe de estudios y la directora intentan calmar al padre. Mientras tanto, fuera, la madre, delante de todo el mundo y hablando con el móvil no para de vocear que ya pillará por la calle a esa puta, que antes o después se la va a encontrar. Algunos profesores le piden a la directora que denuncie a la pareja, y ella dice que nones, que si se llega a ese extremo presenta la dimisión. Esto no lo entiendo muy bien, pero es lo que me cuenta Pilar. María del Mar, que ni siquiera es del pueblo y a nadie tiene ahí, se va a su casa con más miedo en el cuerpo que Carrillo el 23-F.

Esto ocurrió ayer, hoy la madre se ha presentado con un justificante médico en el que se certifica que su hija no tiene piojos, y por eso persiste en su empeño de matar a la puta de la maestra. Cuando la amenazan con denunciarla dice que le da igual, que por otra más no le importa.

Cuando sepa en qué acaba esto os lo cuento. De momento sólo puedo recordar que cuando yo iba a la escuela y el maestro me calentaba con o sin razón, lo último que se me pasaba por la cabeza era contárselo a mis padres, porque entonces recibía ración doble. En cuarto de EGB me cargué haciendo el tonto un pequeño mapa de escayola en relieve que había colgado en la clase, lo partí justo por el Sistema Ibérico. Don Juan Luis, que en paz descanse, me quitó las gafas con cuidado y, sin cuidado alguno, me infló a tortas, me pegó más de diez y con ganas. Mi padre, días más tarde (menos mal que se enteró en frío) le dijo que pocas me había dado. Y no quedé traumatizado por aquello, lo que son las cosas, más bien aprendí que no se destroza ni lo propio ni lo ajeno sin razón. Si María del Mar le hubiera dado un pescozón a la alumna de marras hoy ya le estaban cantando el gorigori.

BUENAS NOTICIAS

BUENAS  NOTICIAS

Hace una semana estábamos en el hospital porque la operación de Ailene se complicó y nos dio un susto importante, pero ya hemos vuelto a casa y la enana se ha convertido en hada, sin vegetaciones, sin infección de oído y sin anginas, pero hada. Y ésta no es la única buena noticia, hay muchas más, a saber: Mariam y Antonio están embarazados (ella un poco más que él); los papeles para nuestra siguiente adopción han entrado a tiempo y quizá podamos emparejar a la próxima chinita (Ailene ahora dice que se va a llamar Bea) con el primogénito de Mariam y Antonio; otro Antonio, tobarreño, ha acabado los exámenes con bien y ya va viendo luz al final del túnel; mi sobrina Pati se ha metido a empresaria cibernáutica y diseña parches de dibujos animados con fieltro; otros sobrinos, Luis Ángel y la Santa Compaña, ganaron ayer un premio de disfraces vestidos de vampiros; Ramón Campayo nos ha hecho llegar su último libro, Aprenda un idioma en quince días, para que a Ailene no se le olvide el chino; Llanos ha empezado a trabajar en un hospital con ardillas; Marta sigue más contenta que unas pascuas con su trabajo de bedela y Fernando engordando por verla feliz; Joe ya es policía jubilado e Ibrahim inicia las prácticas en el mismo cuerpo; Rosa Mari me escribe desde Bolivia y la noto igual que a una guacha con zapatos nuevos; hablo después de muchos años con Emilieta, vuelta de República Dominicana por cuestiones familiares, y Pili, madre de dos enanos, y maestra en una zona marginal de Hospitalet, ambas rebosan alegría. David Arcas se casa en junio en Úbeda, ahí es nada, e Inma algo más tarde con Jose, no sé si en Jerez o en Albacete. A Toñi, me dicen, le va muy bien por Bilbao. A Pilar, la mía, ya se le han pasado los nervios por el susto y, aunque ahora tiene ciática, disfruta oyendo respirar sin sobresaltos a Ailene por las noches. Marta está casi terminando las obras en su casa y es casi seguro que junto a Gema aproveche este verano para visitar el Hogar Niña María de Mariquita-Tolima, en Colombia, y hacer por aquella buena gente lo que pueda. Ramón de Aguilar va a presentar la tercera edición de su libro Historias de gente sin historia el día veintitrés de marzo en Requena. En un correo me manda las últimas cuentas del proyecto, al final se han enviado 15.863,64 euros a Colombia, dinero que allí están empleando con provecho (http://www.publicacionesacuman.unlugar.com/tolima.html). Ricardo Fernández ha presentado ya su libro en Zaragoza y proyecta hacerlo en Albacete, Madrid, Barcelona y Valencia. Luis Pliego lo hará en Cazorla el dieciséis de marzo acompañado de Alfonso Ruiz de Aguirre, quien también irá a Cuenca a dar un taller a padres sobre animación a la lectura organizado por María Parreño, que se va mejorando poco a poco de sus dolencias (es el inconveniente de tener un corazón tan grande, que la gente abusa de él, se le va metiendo en las aurículas y los ventrículos y al final tiene que quejarse de algún modo). Antonio, su marido, nos trajo un cargamento de peluches y material escolar recolectado en el colegio durante las pasadas Navidades. Y yo, aunque estoy pendiente de una nueva operación –le he cogido el gusto al quirófano, te duermen y no sueñas-, ya hago vida casi normal, esta semana tengo tres encuentros con clubes de lectura para hablar de Las Verdaderas Mentiras en Cenizate (creo que por eso me voy a perder el próximo encuentro de los Equinocciales, en el que se pretende disfrazar a Jose de Piolín), y de Grillos de Setiembre en Madrid.

Y ya corto, que me estoy dando cuenta de que esto parece el libro de los Números o el listín telefónico, y encima se me han quedado muchas buenas noticias por dar.

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MAÑANA ME OPERAN

MAÑANA   ME  OPERAN

  Mañana por la tarde, espero que en hora taurina, me operan de vegetaciones, anginas y algo del oído.  Os ruego que durante mi convalecencia cuideis de mi pobre padre, el probe Miguel, que no para de hacer tonterías, gastándose el dinero de Acumán y el muchísimo que recibe a diario por sobornos de las hermanas Koplowitz, entre otras personalidades de postín y relumbrón, en juergas salvajes. Tanto es así que hasta Gatopardo se ha molestado en crearle una página web bien chula en la que se pide nada más y nada menos que su canonización en vida.  Por lo demás, todo bien. Ya nos han concedido el certificado de idoneidad y dentro de algunos meses, si todo sale bien, tendré otra hermanita más china que la Gran Muralla. Al principio quería que se llamara Mari Sol, pero ahora me ha dado por Anastasia. A mi madre no le gusta, y mi padre podría, con el tiempo, terminar aceptándolo. Mi madre quiere que mi hermana se llame Ángela o Ana. A mi padre también le gusta mucho Llanos, Sabina y Azahara. Pero eso es ahora, dentro de un mes seguro que los nombres han cambiado. Se aceptan sugerencias.

CUENTO DE NAVIDAD CON RETRASO

 

El veintitrés de diciembre llamaba yo desde una cabina de Zocodover a Puri, de Alcaraz, para felicitarle las Pascuas, cuando vino una muchacha a hacerme señas y enseñarme un papel. Le dije que esperara un poco y terminé la conversación en tres minutos. Leí el papel y se trataba de una cuestación a favor de una asociación de sordomudos. Había que poner el nombre, el DNI, la firma y la cantidad que se deseaba donar. El objetivo era doble, conseguir dinero para la asociación y firmas para que el Gobierno se interesase por una nueva ley de integración de los minusválidos. Yo no soy nada amigo de este tipo de solidaridad callejera, pero había hecho esperar a la muchacha y me sentía comprometido, así que rellené el papel y le di cinco euros. Por encima de mi firma había bastantes de extranjeros con cantidades de dinero mayores, llegué a ver cincuenta euros. Pues nada. Era Navidad y la gente está más sensible. La chica me sonríe y se despide. Luego aprovecho que está abierto el banco –era sábado, cosa curiosa- y voy a hacer una gestión. A la salida, en los soportales de la plaza veo a la chica sordomuda hablando alegremente con otro cuestador e intercambiando dinero con él. Indico que no parecían extranjeros, que iban decentemente vestidos y que el papel que alcancé a ver tenía su sello y todo. Me acerco, pero ellos han empezado a caminar y se meten por la calle estrecha que va a dar a la no menos estrecha plaza donde Bahamontes tenía su tienda. El chico se despide y ya sólo alcanzo a la chica. Nada más verme quiere echar a correr, pero la agarro del brazo. Y empieza a llorar y a decir con claro acento extranjero: “Pur favor, pur favor, navidá, déjame, navidá, no más, pirdona, pur favor...”. Ni sordomuda ni nada. Se lleva la mano libre al pecho y saca de debajo del jersey un puñado arrugado de billetes que me mete en el bolsillo. La gente que pasaba miraba raro, claro, y ella: “Mi voy Madrí hora, pirdona, no más, navidá...”. Le pregunto que cuántos años tiene y que de dónde ha sacado los papeles de esa asociación. Hace ademán de enseñármelos (los sujeta con la mano aprisionada), la suelto, me los tira y sale corriendo. Y la gente que me mira y se aparta un poco al pasar a mi lado. Normal. Pues vuelvo a la plaza de Zocodover y me dirijo al coche de la policía que hay aparcado al inicio de la calle Comercio. A todo esto veo al otro cuestador engatusando a dos que parecen turistas. Le cuento al policía lo que había pasado, le enseño los papeles y el puñado de billetes y me dice que vaya a la calle de la Plata a poner la denuncia. Sí, pero aquel que está allí es también de los que estafan, le digo. Se encoge de hombros, que vaya a la calle de la Plata. Y pienso que no me cuesta nada ir a la comisaría de la calle de la Plata a poner la denuncia aunque son casi las dos y hemos quedado a comer con María José y José Augusto a en punto y en la comisaría como me atienda el que escribe con dos dedos y no sabe cómo se enciende la impresora me va a tener tres cuartos de hora como mínimo, y luego va a poner pegas al darme un recibí del dinero que le entrego, y no es mucho aventurar que si tiene el día cruzado me va a pedir explicaciones de por qué retuve a una menor sin ser yo autoridad y aún me la puedo buscar. Pero es mi obligación, y no me costaría nada hacerlo si como contraprestación el policía que no me hace ni caso y repite como un loro que vaya a la calle de la Plata a poner la denuncia hiciese amago de salir del coche e ir hacia el falso sordomudo a verificar que esa asociación existe y que el angelito no habla. Pero el poli no se levanta y decido hacerle un favor al mundo: vamos a ahorrarnos el papel y la tinta de la denuncia, supuesto que en el mejor de los casos, aunque localizasen a la chica, descubrirían que es menor de edad y no estaría en comisaría ni media hora, menos que yo poniendo la denuncia. E insisto en que me podría denunciar perfectamente diciendo que la he atracado, que no sería la primera vez que esto sucede, según me han dicho se denunció en el programa Callejeros del canal Cuatro.

Así que el final del cuento os toca escribirlo a vosotros: tengo casi doscientos euros con los que no sé qué hacer. Si los llevo a comisaría puede suceder lo que he dicho agravado por la demora en la denuncia. Si me los quedo y me los gasto en leche y pan o gasoil soy un miserable. Y si los dono a Ayuda en Acción, pongo por caso, más de cuatro me dirán que es dinero sucio, así que...

¿Qué haríais vosotros?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PROBLEMAS CON HACIENDA

PROBLEMAS  CON  HACIENDA

Husmeando por internet me encuentro en la edición digital de un diario albaceteño esta carta de mi tía Sole:

Regalos navideños de la Agencia Tributaria
Este año Hacienda ha obsequiado a mi familia con una sorpresa navideña. Nos han comunicado que nos van a devolver bastante menos de los que esperábamos ansiosamente, desde que hicimos la declaración de la renta.n la Delegación de Hacienda han reconocido que la culpa del error no ha sido nuestra, sino del programa de supuesta «ayuda» (Padre), que cada año sorprende a sus sufridos usuarios con nuevos y maravillosos fallos.e cara al próximo año, en la Delegación nos han recomendado extraoficialmente, que no hagamos la declaración con la primera versión del programa Padre (la que sale al comienzo de la campaña de la renta), sino que nos esperemos a las últimas versiones (a finales de junio), cuando los fallos del programa Padre ya han podido ser detectados y corregidos.o más tristemente gracioso de todo esto es que la declaración paralela que nos han enviado para endulzarnos la Navidad, esa declaración que han elaborado en la Agencia Tributaria, con su depuradísimo programa super mega Padre también está mal, porque el programa con el que Hacienda está elaborando las declaraciones paralelas aún contiene fallos.i reciben una paralela, les recomiendo que la revisen antes de aceptarla a ciegas. Así lo he hecho yo, y he encontrado un error de 60 euros a mi favor. ¿Menos da una piedra! Soledad Carcelén Gandía
O sea, que va a tener razón mi padre cuando cada año despotrica contra Hacienda y su sistema de contratar a ineptos para campañas puntuales y mantener a ineptos en nómina durante todo el año. El año pasado mi pobre padre consultó tres opiniones para intentar resolver una duda de su declaración: la de quien le hizo la declaración -mal, por cierto-, la de su supervisor (ambos empleados en la Agencia Tributaria, la primera durante un mes y el otro con plaza fija, ¡qué pena!)y la de una inspectora de Hacienda amiga. Recibió tres contestaciones distintas: que declarase una subvención, que no la declarase y que declarase sólo la mitad (esta última perla salió de boca de la empleada eventual, lo que ya da idea de su valía). El programa PADRE no le solucionaba nada en ese punto. Como sabía que, de todas formas, Hacienda le iba a hacer una paralela, porque ya lo tiene por costumbre desde hace tres años, siguió la corazonada de la susodicha empleada. Y, ¡BINGO!, no le han hecho la paralela. Conclusión: para que Hacienda no te moleste has de rellenar la declaración como si se tratara de una quiniela, si lo haces de forma lógica te dirán que te has equivocado.
Hablando de otra cosa, lo que ahora trae de cabeza a mi padre es mi repentina vocación, de mayor ya no quiero ser portavoz de ninguna organización ilegalizada, de mayor quiero ser... TAMBORILERA.
(No sé por qué dice que eso es incompatible con su vocación de escritor viviendo en un piso de protección oficial ni por qué se acuerda tanto de nuestros amigos tobarreños).

 

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NO TODO VA A SER LIGHT

Me he quedado finalista de un premio literario bastante enjundioso. Un conocido del jurado me ha chivado que al abrir la plica de los cuatro finalistas y ver mi nombre se ha llevado una alegría, pero que se ha quedado de piedra cuando otro miembro ha dicho: "Para Carcelén no va a ser, que ése está ganando muchos últimamente." No puedo decir el premio para no poner en un compromiso al que me ha dado el soplo, que agradezco profundamente, pero si lo llego a saber no me paso tres meses escribiendo una novela y no me gasto sesenta euros en fotocopias, encuadernaciones y correos. Los que andan en este mundillo de mercenarios literarios no tendrán mucha dificultad en averiguar de qué convocatoria estoy hablando. Y escribo esto porque ahora parece ser que para ser escritor no vale ganar premios, es mejor ser escritor de los que se pasan media vida de despacho en despacho, de ayuntamiento en diputación, de fundación en asociación, de concejalía en consejería, de presentación en tertulia, sobando chepas y elogiando al tonto de turno para que suelte la subvención con la que se publicará su próximo libro o incluya su nombre entre los candidatos a ser editados en la próxima colección. Un editor importante -quien, por cierto, me engañó a la hora de firmar un contrato editorial- me dijo hace tres años que como no me dejara ver me auguraba un futuro exiguo. La frase estaba bien construida, no digáis que no, y sonaba bonita. A continuación me invitó a ser parte de un jurado literario y a una tertulia con dos vacas sagradas de las letras españolas de protagonistas. Dije que no a ambas cosas, a la primera porque me había presentado a dicho premio, y ya vi que no lo iba a ganar, porque se fallaba en apenas una semana, era de novela, y el jurado ni estaba formado; a la segunda porque la literatura la disfruto en casa, en zapatillas, no haciendo vida social. Así que no me dejé ver.

Quien tampoco se ha dejado ver ha sido Manolo Calcerrada ni la recua de equinocciales. Al final no los quieren en ningún sitio, las cosas como son, ni en USO, ni en STES. Mejor dicho, los quieren con la condición de que sean dóciles, o sea, que sean sindicalistas pero que no critiquen a la Administración ni a la patronal ni a nadie que pueda ofenderse. Eso sí que es sindicalismo bien entendido. Si tenía poca fe en los sindicatos, ahora ya no tengo ninguna. Esta mañana he ido a devolver el recibo de la cuota del último trimestre. Saco en conclusión apresurada que si quiero echarme a la cara a un sindicalista que no prostituya el término he de buscar bien lejos de los sindicatos. Otra prueba más de que mi apoyo incondicional a los equinocciales se asienta en creencias firmes y que tanto como personas como trabajadores son un ejemplo a seguir.

Otro que sí se ha dejado ver pero en lugares equivocados ha sido el periodista Martín Serrano Herrera, del Diario Tribuna de Méjico, quien se está jugando el tipo por decir verdades como puños. Yo no quiero estropear su historia resumiéndola porque merece la pena ser leída y seguida con detalle. En el blog de Gatopardo tenéis los pormenores; y pinchando en este enlace:

Tribuna de México

Para ser escritor, o sindicalista o periodista es necesario no ejercer, so pena de que no te tomen como a tal. Mi amigo Alfonso, por ejemplo, en lugar de dedicarse a tertuliar para dejarse ver, va y se pone a firmar libros a beneficio de los niños afectados por el Síndrome de Angelman:

Y David Melar, en lugar de ponerse a cantar de puerta en puerta para pedir el aguinaldo lanza una campaña cibernética para seguir recaudando fondos con destino a Mozambique:

Proyecto de Mozambique

Ramón de Aguilar, para no ser menos, nos felicita las Pascuas con un precioso texto

Niñas del Hogar Niña María

Bastante menos tradicional que la foto que se ha dejado hacer Ailene con el portal de Belén de fondo. Como ella es budista ha introducido alguna novedad, por ejemplo, el pesebre es una casa de Playmobil y en lugar de burra y buey, hay una jirafa.

No, si al final va a ser verdad que no todo es light.

 

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HOY HA LLEGADO LA SALVACIÓN A ESTA CASA

HOY HA LLEGADO LA SALVACIÓN A ESTA CASA

Mi padre es de aúpa. Después de que lo operaran, convaleciente y a dieta blanda severa, recibe de Mariché un hornazo típico de Lagartera, su pueblo, y exclama: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa." El hornazo tenía de todo y sepia: sus huevos duros, sus chorizos pringosos, su lomo de orza, y era del tamaño de una plaza de toros no muy grande. Desoyendo los sabios y machacones consejos de mi madre y señora suya se hartó a hornazo. Diarrea galopante al canto por la tarde, pero él, entre visita y visita al servicio, repetía: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa."

 

 

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OS REGALO UN CUENTO

OS  REGALO  UN  CUENTO

CRISTÓBAL JUDEA PALAZÓN (o la incompleta Trinidad)

“Dios no está muerto, está vivo y trabajando en un proyecto menos ambicioso”   Pintada callejera 

Nadie supo jamás a ciencia cierta qué extraño desvarío llevó a Cristóbal Judea a abandonar su prometedor puesto de trabajo como envasador de pizzas en un conocido local de reparto a domicilio del madrileño barrio de Aluche. Nadie supo jamás por qué el dieciséis de febrero de mil novecientos noventa y nueve, a las doce menos cuarto de la mañana (“Hora taurina donde las haya”, según él mismo sentenció, o, al menos, así lo aseguran algunos testigos que presenciaron su espectacular despedida) Cristo –como era conocido en la zona desde pequeño- hizo trizas la gorra plagada de ositos panzones que la empresa obligaba a llevar a sus empleados, padeciesen o no de alopecia, para acto seguido desnudarse hasta quedarse en traje de Adán y proferir alabanzas sin fin al Santísimo Sacramento del Altar y consignas libertarias que relación decían con la II República, la Revolución Castrista y los postulados dignamente ecológicos de Greenpeace. Cuando el encargado del establecimiento pudo o supo reaccionar, las comerciales lunas que invitaban con su transparencia a los transeúntes a degustar la más fabulosa y variada colección de pizzas imaginables (“Especial atención a la Superminiwonderwhooperboom, regalo de un Happy Happy, oferta de la semana”), lucían coloreadas estampaciones que los menos avispados confundieron con novedosos adhesivos publicitarios y los más cercanos identificaron como hojaldres de pizzas moteados de salsas especiales de la casa. Cristo consiguió estrellar los últimos pedidos contra los cristales antes de que el guardia de seguridad lo redujese (no de tamaño, se entiende) y lo esposara al grifo del servicio de señoras, no habiendo encontrado sitio más adecuado con las prisas del momento. Por más que el encargado se empeñase en cerrar la puerta para no ahuyentar a los pocos clientes que todavía quedaban, los gritos de Cristo resonaban de esquina a esquina: “Yo no he venido a traer la paz al mundo, sino fuego...; mi reino no es de este mundo...; he venido a los hombres y los hombres no me han conocido...; abajo el dominio explotador de las multinacionales...”

Nadie acertó nunca a explicarse cómo un chico formal de no más de treinta años, con estudios universitarios reglados, inmerso en una cuenta de ahorro vivienda, de comunión diaria (aún escribiré más, miembro de mayor antigüedad de la sección juvenil de la Adoración Nocturna), sano y deportista, internauta aficionado, con novia desde el vientre de su madre y con el único vicio conocido de asistir a los mítines políticos de campaña electoral para aprovecharse de los bocadillos y refrescos que se obsequiaban al final -y sólo al final- del acto, decidió de la noche a la mañana adentrarse en los vericuetos de la esquizofrenia. Su novia, vocal de las Marías de los Sagrarios y cordimariana ejemplar, atribuyó, en un primer momento, el cambio de Cristo a un afán de notoriedad provocado por el visionado excesivo de programas telebasura y a su deseo de protagonizar alguno de ellos para incrementar el líquido de sus ahorros bancarios. Eso fue al principio. Cuando Cristo, en el segundo día de su nueva vida, le confesó  sin inmutarse que una prostituta de la Casa de Campo se había enamorado de él y que se sentía en la obligación de corresponderla, varió su impresión primera para volver a variarla al día siguiente tras escuchar otra aterradora revelación: “Magdalena –le dijo, equivocando su nombre-, he de reconocerte que soy un poquito mariquita, por no decir homosexual, que es vocablo bíblico”. Horas después los que estaban llamados a ser sus suegros la telefoneaban para comunicarle que Cristo, sirviéndose de una soga, había expulsado del templo de Los Jerónimos a los invitados a una boda fastuosa llamándolos mercaderes, raza de víboras, sepulcros blanqueados, políticos y lindezas por el estilo. Había sido arrestado.Se convirtió en rutina recibir llamadas de comisaría anunciando un nuevo alboroto de Cristo. La gota que colmó el vaso fue el apaleamiento de un cojo que se negó a tirar por uno de los puentes de la M-30 sus muletas a requerimiento de Cristo: “En el nombre del Dios vivo, ¡levántate y anda!”, le gritaba al asustado impedido. Por una falta de amenazas y lesiones leves que luego se convirtió en delito al acumularse el desacato ingresó en la prisión Madrid VI, vulgo Aranjuez. “¿Que si se declara culpable o inocente?”, insistía el juez; y él, con la misma cantinela: “Tú lo has dicho. Prefiero que liberen a Barrabás y que un solo inocente vierta la sangre por el bien de la Humanidad”.En la cárcel estrenó un módulo experimental. Por vez primera en mucho tiempo pudo conciliar el sueño gracias a la medicación brutal que le administraron los servicios médicos penitenciarios. Con las sirenas que anunciaban el recuento de la mañana se despertó para percatarse de que compartía celda (chabolo lo llamaban allí) con un casi anciano barbudo y canoso. Inspiraba confianza, por eso le contó su historia, desde el principio hasta el fin. - ...Y aunque la cosa empezó en Galilea sé muy bien dónde va a desembocar, que me he leído mi vida un montón de veces. Lo que sucede es que hay muchos detalles que no cuadran. Mira, por ejemplo: hasta el día de la fecha nadie me había dado a conocer mi verdadera identidad sexual; no sé por qué la Sagrada Escritura es tan reacia a mostrarme tal y como soy, parece pecar de pudor anacrónico, si bien no dejo de reconocer que hay indicios velados que a los auténticamente estudiosos no escapan.- ¿Podrías aclararme ese extremo? – interrumpió inesperadamente el anciano que escuchaba con una atención que a Cristo motivaba para seguir y seguir y seguir.- No faltaba más. Soy homosexual, y lo sé porque en mi anterior vida siempre estuve rodeado de mujeres y nunca me casé, lo sé –y en ese punto impostaba un tanto la voz- porque consentí que Judas me diese un beso que se ha hecho famoso; lo sé porque Juan, mi discípulo amado, recostaba su cabeza sobre mi pecho y no impedí que Mateo lo incluyese en su Evangelio..., ¿son necesarias más pistas?- Me dejas de piedra.- ¿Por qué? No es tan terrible ser gay.- No, no es por eso, es que me extraña que siendo yo tu padre no me recelase nada de eso –sentenció con voz todavía más grave el compañero de celda.- ¡Abba!, ¡Dios! –gritó Cristo con lágrimas en los ojos.- ¡Hijo mío!, ¡Jesús y hombre verdadero! –lo acogió entre sus brazos.Y así fue cómo Cristo conoció a la primera persona de la Santísima Trinidad.A esa charla inicial siguieron otras muchas, todas de trasfondo teológico.- No estoy puesto en muchas exégesis –hablaba Dios, de nombre Fermín Valencia, profesión aparejador y condenado por un delito contra la salud pública por más que él se empeñase en defender una conspiración judeovaticana contra su persona que, a la sazón, era triple- porque se me cansa la memoria según avanzan los años, y es que ser eterno envejece una barbaridad, pero ¿estás seguro, Cordero Inmaculado, que somos Padre, Hijo y Espíritu Santo? Lo digo porque me cuadra mejor Padre, Hijo y Madre.- Tres personas y un solo Dios. Padre, Hijo –su seguro servidor-, y Espíritu Santo. Te referirás, tal vez, Padre Eterno y Bondad Infinita, a que no consigues explicarte por qué la Palabra Revelada da noticia de una paloma como materialización principal del Espíritu Santo cuando todo el mundo sabe que tales aves son incapaces de articular sonidos. “Se oyó una voz que decía: Éste es mi Hijo muy amado, el predilecto. Escuchadle.” ¿Te acuerdas de eso, cuando me bautizó mi primo, y consecuentemente sobrino tuyo, en el Jordán? Una paloma no pudo hablar, tuvo que ser, en todo caso, un loro.- ¡Qué misterios tiene la vida sobrenatural! –exclamó Fermín asumiendo tan extraordinario descubrimiento.Y con un “Hasta mañana, si yo quiero”, deseó las buenas noches a su Hijo y compañero.Y así, entre charla y charla teológica, fueron pasando los días de la condena. De lo que quisiera que intentara hablar Fermín siempre surgía una nueva enseñanza por parte de Cristo: “¿Cómo que qué hacemos en la cárcel, Yahvé Sebaot? La idea de cárcel no es de ningún modo ajena a nuestras enseñanzas. Definimos muy bien la cárcel cuando dijimos que el día en que los hombres callen, gritarán las piedras. Los presos son hombres que callan. La cárcel son piedras que gritan.” El roce, amén de cariño, hace crecer perplejidades, a ello se debió que Cristo se extrañase sobremanera al comprobar que el Creador del Universo necesitaba como cualquier hijo de vecino comer, beber y defecar: “¿Y no has probado a prescindir de tales bajezas?”, le preguntaba con cierto escepticismo. Y  lo hacía basándose en que él, a fin de cuentas, era perfecto Dios, pero también perfecto hombre, por lo que no podía omitir el enojoso trámite de visitar el excusado, más enojoso, si cabía, dentro del contexto penitenciario. Fermín, con menos utillaje hermenéutico, se defendía como gato panza arriba: “Ten en cuenta, Verbo Encarnado, que de esa forma me muestro más cercano al mundo al que me quiero revelar.”Las discrepancias no tardaron en surgir, pues no siempre los argumentos del Hijo convencían al Padre quien, por otra parte, ya se estaba cansando de tener que ceder su monopolio de la divinidad en beneficio del compañero de celda. Afortunadamente la Junta de Tratamiento del centro penitenciario aconsejó la excarcelación de Cristo al hacerse lenguas los funcionarios de su ejemplar comportamiento. La incompleta y santísima Trinidad se vio de nuevo dividida, acaso en el momento mismo que más convenía a la subsistencia del dogma trinitario. Es cierto que Cristo visitó en alguna ocasión a Fermín para no echar a perder la perikoresis o circumincesio. No obstante sus encuentros dejaron de menudear cuando se supo que el Padre había cambiado el feo vicio de Onán por el más feo aún de esnifar cocaína. Un cúmulo excesivo del polvo blanco entre las conexiones de sus neuronas hizo, tal vez, que Fermín enloqueciese y tuviese que ser trasladado al hospital psiquiátrico penitenciario de Foncalent. En la celda de observación pasó semanas y semanas repitiendo: “¡Por el amor de mí mismo! En la tierra cada día están más tontos..., ¿pues no se han emperrado ahora en hacer santa a Lady Di?!”. Cristo agradeció secretamente que, en ocasiones, la Providencia estuviese por encima incluso del Sumo Hacedor.

Cristo aprovechaba cualquier aglomeración de gente para reiniciar su vida pública; en los vagones del metro predicaba las bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos no defraudarán a Hacienda; bienaventurados los humildes, porque ellos no contratarán a sudamericanas que les trabajen catorce horas diarias sin darlas de alta en la Seguridad Social; bienaventurados los misericordiosos, porque ellos no se comprarán trajes de cien mil pesetas mientras la gente de Somalia no tiene qué ponerse ni qué comer; bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque ellos no votarán a los políticos equivocados...” No pocos lo escuchaban con relativa atención hasta que Cristo comenzaba a desvariar: “Dijo una voz popular: No te toques la nariz que te vas a despeinar...; he aquí que hago nuevas todas las cosas, repetiré mi famosa intervención de la multiplicación de los penes y las paces...” Hilaridad más que conmiseración era lo que producían sus discursos supuestamente incendiarios: “Venid aquí, benditos de mi Padre (quien, por cierto, ahora está en Foncalent), porque estuve desnudo y vinisteis a verme...”. En una ocasión coincidió con su madre en el vagón de la línea seis del metro donde solía predicar. Sintiendo más vergüenza ajena que amor maternal se le acercó para callarlo y Cristo, con mirada extraviada, le respondió: “¿Qué tengo yo que ver contigo? No insistas, madre, no voy a convertir el agua en vino por muy amiga que seas de los novios de Caná. En todo caso convertiría el vino en agua, que hay mucho borracho y mucho inspector de Hacienda pululando suelto por el mundo.” Los usuarios del transporte público le obsequiaban calderilla por el convencimiento con el que actuaba, no sabiendo los mismos que no se trataba de actuación, sino de pura y disparatada vivencia. “Dime, buen hombre, ¿qué rostro hay representado en esta moneda?, -inquiría- ¿no es el del César? Pues dale a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.  La gente de buen corazón, que muy escasa, pero la había, se prestaba al juego: “Aquí no hay ningún César, es la cara del rey”. Y Cristo se crecía: “Igual me da, dásela al rey, y en todo caso, estírate un poco más y si me das monedas que sean de quinientas, no de cinco.” Esos momentos de lucidez certificaban que el redivivo hijo de Dios podía ser tachado de medio tonto, nunca de tonto entero.

Sería exagerado afirmar que su fama se extendió por todo Madrid, pero faltaría a la verdad si no queda reseñado que algunos viajeros subterráneos habituales de la línea seis buscaban el vagón de Cristo para hacer más llevaderos sus desplazamientos con la atenta audición de sus supuestamente bíblicas ocurrencias. “Prestad atención: para estar despiertos es necesario no estar dormidos, y el que quiera seguirme que cargue con su cruz y me siga. Tú, el del fondo, déjalo todo y sígueme.” Excuso decir que jamás dieron resultado sus tan directos requerimientos para comenzar a formar un grupo de discípulos, por lo que optó por visitar las oficinas del INEM para reclutar a los doce. Gracias al normal funcionamiento de la Administración Pública se atendió su petición sin la menor extrañeza, y el funcionario de turno expuso el anuncio de Cristo como si de una colocación más se tratara. Tuvo que hacer una selección pues fueron muchos los atraídos por la oferta: “Se precisa varón mayor de edad con ganas de trabajar, conocimientos de agricultura, pesca o nociones de cambista. También se necesita un traidor. No es necesario vehículo propio.” Durante la séptima entrevista Cristo se percató de que sólo había hablado con extranjeros con cierta dificultad para comprender su idioma, y que, a lo que parecía, el resto de candidatos pecaba de lo mismo. Pensando que tanto trámite demoraría el comienzo de su vida pública con séquito contrató a los doce siguientes sin más dilación. Entre ellos  había tres mujeres, dos de ellas nigerianas, cuya presencia Cristo justificó ante sí mismo como una concesión a la progresía. El resto del apostolado quedaba completado por tres orientales clónicos, un andaluz que había confundido traidor con tirador, y él lo era, ya que su pasión de juventud había sido la caza menor, un empleado de banca en excedencia voluntaria por interés particular que había decidido sacarle más jugo a la vida y experimentar sensaciones nuevas, un vendedor de la Farola en cuya camiseta podía leerse: “Por caridá una limozna, que tengo dos hijos y un sida. Salgo anunciado en televisión”; dos jovencitos de ceñidos pantalones y andares inequívocos en cuanto a su orientación sexual –uno de ellos asumiría el papel de Juan-, un fugado de Ciempozuelos y una maestra nacional jubilada que había confundido las oficinas del INEM con las del INSERSO.

Plugo a la casualidad, que es el nombre laico de la providencia, que cierto reportero de televisión acertara a pasar por el Parque del Retiro cuando Cristo aleccionaba a los suyos acerca de sus funciones. Le pareció aquel fortuito encuentro un premio a su tenacidad y emplazó al grupo en los estudios de Tele Brinco para entrevistarlos en su programa nocturno. Cristo sólo puso como condición que en su espacio televisivo pudiese declamar sin cortes publicitarios el Sermón de la Montaña. A él le entregaron un cheque por valor de cincuenta mil pesetas; a su grupo lo contentaron con cinco mil pesetas por barba, un bocadillo de caracoles y un agua mineral. Su primera intervención mediática estuvo marcada por el milagro; el reportero lo instó a curar a un espectador cualquiera de alguna de sus dolencias y, para estrenarse, se atrevió con una hernia de hiato. Por supuesto que todo estaba preparado a espaldas de Cristo para dejarlo en ridículo una vez él hubiese intervenido, no obstante, fue tal el apasionamiento que puso en su trabajo que el falso afectado temió ser objeto de las iras del sanador y no se atrevió a desfacer el entuerto. Como él no se arrancó, tampoco lo hizo el presentador, y el regidor estimó como medida más prudente dejar que el ser se manifestase y las cosas siguiesen su rumbo. En el segundo programa curó  a una anciana abulense que oía un molesto pitido desde los trece años. Tan pronto la tocó Cristo, dejó la mujer de acusar tal molestia. En esta ocasión nada había preparado, la de Ávila quedó sanada verdaderamente. El fallo fue que nadie se molestó en comprobar que meses atrás la misma mujer había dejado de ver sentados en el sofá cama de su saloncito a sus tíos abuelos muertos durante la hambruna de finales de siglo en la colonial Santiago de Cuba. Unas pastillas para el mareo que le aconsejó su vecina obraron el milagro. Escarbar demasiado habría sido descubrir que dos años atrás Dorotea, que así se llamaba, mantenía conversaciones habituales con uno de sus gatos siameses (lo curioso del caso es que las vecinas veían más extraordinario el hecho de que Dorotea, señora de buena posición, se rebajara a hablar con un minimo antes que el que un gato hablara) La buena mujer terminó de catapultar a la fama a Cristo, quien se hizo imprescindible en el espectáculo que noche a noche, de lunes a jueves, se organizaba en los estudios de Tele Brinco. Fue penoso tener que despedirse de los discípulos, quienes se negaron a seguir acudiendo a entretener a media España (a la España intelectual, se entiende) a cambio de un mísero bocadillo y un agua mineral –que ni siquiera lo era, pues las botellas estaban sin precintar y el contenido sabía a cloro en exceso. Cristo les encargó ir a predicar a todo el mundo, que su paga sería el Reino de los Cielos. Todos sin excepción prefirieron remuneración económica mejor que paga tan etérea. La única ocasión en la que Cristo no pudo obrar el milagro fue cuando intentó sanar a un escayolado. “¡Ni se te ocurra!”, le espetó el inválido; luego resultó que se trataba de un funcionario de baja laboral que por nada del mundo quería perder sus pagadas vacaciones.

Tras de tiempos vinieron tiempos, siendo su consagración definitiva la noche que propuso dejar en la carretera los cadáveres de los fallecidos en accidente de tráfico como medida disuasoria o preventiva, “...estimo que es la mejor campaña concebible toda vez que, lógicamente, habría que oír el parecer de los familiares”, concedió a la audiencia. Puro espectáculo, mas la audiencia exigía cada vez más y más, y hubo que intentar el más difícil todavía: ¿sería capaz de repetir el milagro del ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches? Aceptó el reto, añadiendo un plus de peligrosidad, no ayunaría de comestibles y bebestibles, lo haría de sentido común, lo que quedó traducido y pactado como aguantar durante cuarenta días y sus noches visionando ininterrumpidamente vídeos grabados de programas telebasura (como en el que trabajaba) y leyendo simultáneamente revistas de la prensa rosa. Se organizó una especie de concurso en el que, junto a él, participaron un concejal de izquierdas y otro de derechas, haciendo notar Cristo que de ese modo se faltaba a la exactitud bíblica, pues el Evangelio sólo hablaba de un ladrón, no de dos, y además de un buen ladrón. De alguna manera el muchacho presentía cercano el momento de su muerte, ya que, amén de la anterior observación, en los últimos programas había aseverado que podían destruir la Cibeles, que en tres días él la reconstruiría, en clara alusión a su cuerpo y a su resurrección. Los concejales no aguantaron ni tres días, uno de ellos se despidió increpando a Cristo: “¿No eres tú Dios? Pues sálvate a ti mismo”. Lo decía dado el mal color de la tez de su contrincante.

Al sexto día Cristo falleció de la peor de las muertes, ahogado en su propio vómito producido por tanta estulticia visionada. España entera pudo escuchar las palabras agónicas de su despedida: “Padre, si todavía estás en Foncalent, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Frente a él, en la pequeña pantalla que había servido de potro de tortura, un energúmeno que se autoproclamaba periodista y cuyos gestos lo delataban como afeminado sobresaliente preguntaba a una chica operada de todo salvo de las neuronas –ningún cirujano pudo encontrarlas en su cerebro- si era cierto que pensaba vender la exclusiva del momento en el que perdiera la virginidad por enésima vez. “Lo haré, pero con fotos robadas”, contestó la arpía, y al punto Cristo exhaló su último aliento. Un cámara suplente comentó: “Verdaderamente tenía buen juicio”. A buen seguro que le habría gustado al finado que alguien mintiese que era hora taurina.

Por el programa desfilaron en días sucesivos los padres, la novia y el encargado de la pizzería en la que trabajaba Cristo, éste último promocionando camisetas de su establecimiento que utilizaban como reclamo la imagen del nuevo Mesías. Camisetas, llaveros, pegatinas, encendedores..., alrededor del fallecido se generó toda una industria del recuerdo que llegó a convertir su tumba en lugar de peregrinación. Lo que muy pocos supieron fue que al tercer día la lápida apareció removida y vacío el nicho. El encargado del cementerio se apresuró a colocar todo en su sitio para evitarse problemas, creyendo a pies juntillas, eso sí, que Cristóbal Judea, antiguo envasador de pizzas, había ascendido en cuerpo y alma a los cielos. Con el tiempo se le olvidó que la tarde anterior un anciano extravagante de luengas barbas venido expresamente de Foncalent le había preguntado por su hijo, a quien buscaba con ahínco para comunicarle que el Espíritu Santo, en definitiva, no era ni una paloma ni un loro, sino más bien el ave fénix, la única capaz de resucitar de entre sus cenizas. “Sólo así –explicó al asombrado sepulturero- obtiene plausibilidad la aparición de llamas de fuego sobre la cabeza de los discípulos cuando se les confiere el Espíritu.” Y dicho aquello emprendió camino hacia poniente para  adentrarse en la eternidad.

HEMOS VUELTO

HEMOS  VUELTO

Al final Ailene no me hizo mucho caso y ha pasado de actualizar la página. Creo que está entrando en la crisis de la adolescencia y ya se va notando el conflicto generacional entre padre e hija. Le interesan mucho más las vacas azules que sus propios padres. Pero así es la vida. Como ella no lo ha hecho, aprovecho ahora para dar las gracias a todos cuantos se han interesado por mí en esta convalecencia y pido perdón por no haber podido atender  algunos compromisos. Hemos vuelto y es preciso indicar que se ha acabado la puja en la que subastaba personajes, que ha sido bastante fructífera (se ha recaudado mucho más dinero que si me hubiese empleado como gigoló) y que al final subasté dos novelas por falta de una. Con la primera se obtuvo la cantidad de tres mil euros que ofreció una sola persona, Arturo Íñiguez, y con la segunda obtuvimos dos mil cuatrocientos setenta euros, después de varias pujas y donaciones. El vencedor fue un "anónimo bienintencionado" que se llevó el gato al agua por mil doscientos euros. Gracias a todos. Parte del dinero se adelantó en su momento para el proyecto de Nigeria y lo que resta por mandar se hará antes de Navidades. La verdad es que el resultado ha superado con mucho las expectativas, gracias sobre todo a la publicidad que habéis hecho de la misma algunos de vosotros. El tema de los equinocciales veo que sigue generando comentarios. Habrá que actualizarlo porque desde que se publicó han sucedido muchos y sustanciales cambios que no hacen sino darles la razón. Y, de momento, nada más.

Gracias de nuevo a todos.