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Rincón de Ailene y Miguel Án

SEGUNDO AÑO TRIUNFAL

SEGUNDO AÑO TRIUNFAL

Hace un par de años publiqué este artículo como regalo de bodas. Como la  pareja se lo merece, lo coloco aquí y les felicito el segundo aniversario (11 de diciembre) con una canción de Carlos Goñi.

http://www.youtube.com/watch?v=ov5lu1Roy8A

CARTA A ANTONIO

Te envidio; sin apenas conocerte te envidio porque hace unos meses tu corazón se empeñó en alquilar de por vida y a renta antigua alguno de sus muchos recovecos -de los que no figuran en los libros de anatomía- a una persona maravillosa que cuenta tras de sí con el apoyo de una familia que no lo es menos. Personalmente opino que detrás de una gran persona hay siempre una gran familia, aunque no sea numerosa. Esa persona y esa familia necesitaron poco tiempo para inspeccionar el huequecico que se les brindaba para acomodarse en él con todas las de la ley. Y muy a gusto.

También te envidio porque los iguales se buscan, y algo extraordinario ha debido de ver Mariam en ti para querer coincidir contigo en este proyecto ilusionante que en noviembre comenzáis.

No voy a poder acompañaros en ese inicio porque vuelo a China para conocer y recoger a Ailene, la que ya es mi hija, pero a la vuelta tenemos que celebrar tantas buenas nuevas con una tarta que todavía anda pendiente y cuyas velas seguro que soplará la tía Leónides desde el cielo. Si es menester pondremos como música de fondo cualquier canción movida de Carlos Goñi para que no nos pueda del todo el sentimentalismo.

Sí he de advertirte algo que por pudor creo que nadie te ha revelado: Mariam, como la princesa Leticia, es divorciada. Siendo ella muy joven y a instancias de sus propios padres se divorció de la desesperanza, del conformismo, de la desilusión. Tuvo buena escuela, me consta. Mantener la sonrisa cuando todo va bien es fácil, pero no desdibujarla del rostro ni en los momentos más oscuros tiene un mérito que ni te cuento. Y cuando esos momentos se transforman en días, y en meses, y en años..., hazte tú mismo el cargo. Por eso la sonrisa de Mariam luce más que la de los anuncios de dentífricos, su fondo no es vano ni comercial.

Ya puestos, me voy a atrever a confiarte otro secreto: la tía de Mariam, Leónides, que vivió sus últimos años postrada en cama, aseguraba que veía ángeles en la habitación. No mentía ni sufría alucinaciones, decía eso porque le resultaría muy complicado distinguir el trato exquisito que le dispensaba  la familia de Mariam, su familia, del que se les supone a los ángeles. Y en el caso de que no se tratase de una confusión, bien podría ser que los ángeles del cielo (tronos, dominaciones, principados y potestades) bajaran a esa casa a aprender a comportarse con caridad y entrega total -modelos ahí no les faltarían- y en ésas anduvieran cuando los sorprendiera la tía Leónides.

Me alegra, por fin, Antonio, que le hayas plantado cara a la ficción. Te propongo un trato: si no dejas sola a tu mujer ni un solo momento el día siguiente al de vuestra boda -por favor, coged el taxi hacia la estación al mismo tiempo-, jamás le diré a ella qué tuvieron que ver contigo Sabina y Ailene.

FIESTA GORDA EN MI CASA

FIESTA GORDA EN MI CASA

A partir de hoy y durante un tiempo me voy a tener que ocupar yo de estas páginas. Y aviso que no seré tan blanducha como mi padre, al que escriba palabrotas en los comentarios, lo borro. Quizá la tarea me quede grande porque, pese a mi edad, ando estresada. Mis padres no me han apuntado a ninguna actividad extraescolar, sin embargo en el colegio llevamos un libro -el único libro-, que está en inglés: Treehouse, y nos hacen aprender canciones en ese idioma. Hello, hello, girls and boys, por ejemplo, que tiene su aquello. ¡Tengo un lío entre el español, el chino, el inglés y el idioma que habla mi padre, que es muy parecido al castellano pero ladrando las erres! Aparte del inglés tengo que recoger mi habitación todos los días, y practicar con los botones del babi, y dormir a la jirafa durante las siestas. ¡Ah!, y cuidar de los caracoles que cogí con mi padre hace unos días, cuando llovió y salió el sol. Cuidarlos significa vigilar que no se salgan del cacharro donde están. No se les echa comida durante unos días, sólo harina, y luego sal gorda y vinagre. Cuando están limpios ya se pueden cocinar. Los cocina y se los come mi padre, porque a mi madre y a mí nos dan asco y pena, respectivamente. Y me están enseñando a jugar al ajedrez. Ya sé el nombre de todas las piezas y cómo se mueven, en todas direcciones hasta chocar violentamente contra el techo o la pared. Estresada estoy.

Y ahora lo del blog. Mi madre se abstiene. Lo hace porque hubo fiesta gorda en mi casa. Os lo cuento en secreto, y si lo contáis a alguien, que también sea en secreto:A mi padre lo operan esta tarde de una tontería. Y para no preocupar a mi madre, no se lo dijo. Pensaba hacerlo el día de la fecha. Es de la opinión de que lo peor del lunes es la tarde del domingo y lo peor del dentista es la víspera. Pues eso. Pero llamó el cirujano, algo inaudito, para decir que el día señalado no podía ser porque le había surgido no sé qué, con la mala suerte de que mi madre contestó esa llamada. Dijo que no sabía nada de operaciones, y se descubrió el pastel. Lo peor fue que el cirujano luego le preguntó a mi padre que cómo es que no sabía nada de operaciones mi madre si tenía en su poder la autorización firmada por ella misma. Claro, mi padre no le iba a decir la verdad, que había falsificado la firma, así que se salió poco airoso por la tangente diciendo que mi madre es muy despistada. Conclusión: enfado del cirujano y enfado de mi madre, fiesta gorda en mi casa y ni un caracol asomando los cuernos.Mi padre siempre dice que los españoles tenemos la malsana costumbre gitana de agobiar a los convalecientes en el hospital con visitas y llamadas. También, quizá, por eso, quería discreción en el tema. Mi madre no comparte la opinión y, creo que, como venganza, ha contratado en la empresa “Viudas de compañía” a una docena de mujeres para que se turnen en la habitación.

Me encarga mi padre que si no sale de la operación o sale tonto (esto último, ¿cómo lo notaremos?) le diga a Seve que le regala los dos turnos de trabajo que le debe.

La del dibujo soy yo amenizando la fiesta gorda de mi casa.




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UN MAL DÍA

UN MAL DÍA

Una mala tarde la tiene cualquiera, y ayer yo fui cualquiera. Hice cuarenta mil cambios para poder asistir a un cara a cara entre Espido Freire y Lucía Etxebarría y ¿tú les escuchaste algo de literatura? Yo tampoco. Menos mal que coincidí con Faustino Lara, escritor y amigo, y su opinión fue idéntica a la mía, un fiasco. En honor a la verdad no puedo hurtar que Espido habla de miedo, quiero decir que su fluidez asombra porque lleva aparejada corrección, ausencia de muletillas, vocabulario rico sin ser pedante, y elegancia. Lucía habló de su hermano, de su padre, de su familia toda, de la FNAC, de Telefónica, de la SONY, de Pasión de Gavilanes, de la Pantoja, de la Belén Esteban y temas aledaños. De verdad que no es broma. Pero de literatura, que es el tema que me interesaba, no oí una sola palabra.

El encuentro estuvo bien, ameno, un lujo, comentaron algunos de los presentes. Pero todo cuanto allí se dijo se puede escuchar en la charcutería de la esquina -quizá con palabras no tan exactas en el caso de Espido, y con palabras más exactas en el caso de Lucía-, en cualquier tertulia radiofónica (en las televisivas no tanto), o en la cafetería del trabajo. Salí un poco mosqueado, máxime cuando me comentaron que la semana anterior, cuando Espido charló con Lorenzo Silva, se habló de literatura de la buena. Aunque he de reconocer que el enfado me venía de la mañana cuando recibí una carta de Hacienda en la que se me requería el pago de 154,70 euros como sanción. Corrí raudo a ingresar 54,70 euros a la caja más próxima, porque por pronto pago me perdonaban un buen pico. Ya no ejerzo el derecho al pataleo ni al recurso, que con Hacienda no se puede. Todos los años igual, me toca ir a explicar que no es que esté empleado en varios ayuntamientos, diputaciones o sociedades varias, sino que los ingresos que de ellas recibo obedecen a premios literarios, y que si los tesoreros en cuestión hacen mal los papeles no veo por qué me ha de tocar a mi año tras año desfacer los equívocos. El último año ya no pude desfacerlo, el secretario del ayuntamiento de Ciudad Real no me mandó a tiempo el papel correcto y me tocó pagar la sanción. Si a eso le sumas los gastos de teléfono la broma te sale por un ojo. Pero lo de este año ha sido el colmo. Voy con todos los papeles a Hacienda para que sean ellos los que me hagan la declaración y así, en teoría, dejar menos margen al error. Pues bien, la chica que me toca en suerte, graciosa y mona donde las haya, contratada al efecto durante sepa Dios si una quincena o un mes, y con menos idea que yo, que ya es decir, tiene que estar consultando al chico de la mesa contigua, igual de mono y de gracioso, extremo sí, extremo también. Después de media hora larga o una hora corta llegamos a un escollo insalvable: la Junta de Calamidades de Castilla La Mancha me ha dado una subvención e insisto en que hay que ponerla. Ella dice que no, que si es una ayuda que me dan, ¿cómo me van a exigir después que les devuelva parte de la ayuda? Le pido que le pregunte al compañero, total, una vez más, ¿qué importaba? El compañero dice que el tema de las subvenciones no estaba claro, que algunas sí se declaraban y otras no. Es decir, que me deja igual, pero con peor talante. Hace una llamada a la Central, que a mí me suena a FBI o instituciones parecidas. Allí le dicen que tendrían que ver los papeles, pero que en principio no hay que declarar. Bueno, pues no la metemos. Firmo con que estoy conforme con todo lo que me han hecho y al cabo de los meses me viene la sanción por no declarar la subvención. Me personé en Hacienda para protestar y me dijeron que le fuera con el cuento al lucero del alba, que mi firma figuraba allí y con ella aceptaba estar conforme con lo que habían puesto. 54,70 euros me ha costado la gracia. Antes la declaración me la hacía mi hermano, que al menos se preocupa de leerse las aburridas y cada vez más farragosas instrucciones para rellenar los impresos, y también había requerimientos por parte de Hacienda para explicar esto y aquello, pero sin consecuencias. Ahora me las hace personal que se supone que está entrenado para eso y ya van tres de tres que meten la pata. Y la que me espera este año es de órdago a la chica, también con el tema de otra subvención, en este caso por adopción. Una inspectora de Hacienda conocida de la familia nos aseguró que no había que ponerla en la declaración, el chico que nos la intentó hacer -al final no le hicimos ni caso y encima se enfadó- nos dijo que sí, que de todas todas; un gestor que se gana el sustento haciendo declaraciones entre otros oficios varios afirmó que había que declararla y, por último, el teléfono ése en el que se pueden consultar las dudas, tras un cuarto de hora de espera, setenció que había que declararlo a no ser que fuese uno de los casos excluidos en el apartado 5.4. Nunca encontramos el apartado 5.4 y pasamos de gastar otro cuarto de hora, si no más, inquiriendo dónde estaba el apartado 5.4.

Para colmo de males, tras el decepcionante encuentro con Espido y Lucía, llego a casa y Ailene dice que no es Ailene, sino Lucía Yumei, otra oriental compañera de colegio que tiene las coletas más largas. Y por si fuera poco, cuando enciendo la televisión para ver Documentos TV (grabado del día anterior) me entero de que estaban otra vez con la sandez de Gran Hermano, de Operación Triunfo y el cese no cese de Luis Aragonés.

 

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LOS EQUINOCCIALES

LOS  EQUINOCCIALES

 

Hace un año aproximadamente dos equinocciales que trabajaban desde hacía la tira de años -también aproximadamente- en el sindicato CSI-CSIF de Toledo, Manuel Gómez Calcerrada y José María Fernández, decidieron que ya era hora de que se les inflaran las narices y pusieron a bajar de un burro a los que en el mismo sindicato se dedicaban a beneficiarse a costa de los afiliados y a costa de las ventajas que sus cargos comportaban. Al mismo tiempo denunciaron las irregularidades que esos sujetos protagonizaban, pero como resulta que quienes por encima de ellos tenían que escuchar esas denuncias eran tan mafiosos como los denunciados, en lugar de llamar al orden a los gaznápiros amenazaron a Manolo y a José María con cortarle los vuelos (¡vuelos, Marisa, he escrito vuelos!) si no cejaban en su empeño. Y claro, como no desistieron, sino que fueron a más y comenzaron a sacar a la luz parte de las tropelías de sus compañeros y superiores a lo largo de años, pues terminaron destituyéndolos, desliberándolos y echándolos del sindicato. Denunciaron entre otras muchas cosas que una familia de mandamases de Ciudad Real (la familia Retamosa, para más señas) se dedicaban a crear puestos a medida dentro del sindicato para más familiares, pisando a quien tenía derecho a ellos legalmente. Denunciaron muchas cosas que no viene al caso citar porque llenaría toda la página y no habría empezado. Lo que sí viene al caso es decir que mucha verdad habría en esas denuncias cuando sindicalistas con más de quince años a sus espaldas apoyaron todas y cada una de sus reivindicaciones, y se solidarizaron con ellos hasta el punto de amenazar a Madrid con salir zumbando del sindicato si no se investigaba todo con detalle. En Madrid lo consideraron un farol y no hicieron ni caso, así que Teresa, Faustino, Marisa, Fernando, Eva y Pilar dijeron adiós muy buenas, ahí os quedáis con vuestro nepotismo, vuestra corrupción y desidia. Otros muchos los apoyaban, pero no dieron el paso de salir del sindicato porque les suponía un paso demasiado incómodo en demasiados sentidos. Estaban en su derecho, por supuesto. Pero como también José María, Manolo, Tere, Faustino, Marisa, Fernando, Eva y Pilar habrían estado en su derecho de seguir comulgando con ruedas de molino a cambio de un puesto de trabajo agradecido, de horario flexible, compatibilizable con facilidad con la vida familiar, sin tener que coger el coche ni buscar a quien se ocupase de los niños, etc., etc., etc., y no lo hicieron, hoy los traigo a este rincón, para agradecérselo.

Yo no entiendo de sindicatos; estoy afiliado porque en mi trabajo hay riesgo constante de necesitar asesoría jurídica y seguro, que si no ni eso, pero como lo que hicieron los equinocciales es un gesto al margen de sindicatos, un gesto que tiene que ver con la integridad y la dignidad en su estado puro, merece un reconocimiento, aunque sea tan modesto como estas líneas.

Si en el mundo sindical, político..., si en el mundo en general hubiera muchos equinocciales todo marcharía muchísimo mejor, seguro.

P.D.- Se llama equinoccial a quien se reúne con los similares de forma obligatoria en el tiempo cercano a los equinoccios, comulga o aborrece las doctrinas tántricas y del yoga, piratea en el Emule lo que no está en los escritos, compra espadas de La Guerra de las Galaxias para sus hijos, custodia sombras en el Museo Santa Cruz, prepara migas, pizzas y fresas con chocolate para morirse, envía correos electrónicos curiosos, se caga en los muertos de los jerifaltes de la Junta, tiene un archivo de millones de fotos digitales, en el pasado llevaba temas de salud laboral o está en espera de adoptar otra chinita. Sus parejas también lo somos, aunque hayamos tenido que pasar arduas pruebas para ser admitidos.

En la fotografía puede verse a parte de los equinocciales en una reunión de trabajo

CARTA AL CIELO

CARTA   AL  CIELO

Hace unos días un amigo, Gatopardo, me hizo recordar a un albaceteño imprescindible, Juan José García Carbonell. Como tardío homenaje coloco aquí una carta que le escribí hace seis años (con la excusa de un concurso literario sobre la navaja).

CARTA AL CIELO

"Que por mí vayan/ todos los que ya las olvidan, a las cosas;/ que por mí vayan/ todos los mismos que las aman, a las cosas".

Juan Ramón Jiménez

Albacete, verano de 2000

Poeta Juan José:

Se te extraña. Hay un hueco sombrío en nuestra Mancha de silbos enamorados que te nombran. Te requieren los olivos y majuelos, los oceános dorados de mieses cimbreantes, las moliendas y besanas, vilanos y septiembres, los barbechos en estío y cada crepúsculo primaveral. Te requieren para cuajar preciso el paisaje, el detalle sentido, el matiz adecuado. Necesitan tu figura y tu verbo, la palabra hecha gasón, gario, estabón, tría, navaja, tantas veces corazón; verso en la piel, cátedra en la voz. Albacete está sembrado de tu ausencia precisando atardeceres sin ocaso, resintiéndose de un adiós que no le supo a acabamiento (no hay muertes ni fronteras para amores verdaderos). Faltan palabras. Juan Ramón Jiménez las demandaba a la inteligencia: "Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas. Que mi palabra sea la cosa misma creada por mi alma nuevamente." García Lorca lo intuyó: "Ser poeta es haber nacido con el genio de llamar a cada cosa por su nombre." Poeta Juan José, por eso así te llamo y por eso mismo tus sonetos que nos faltan hacen huérfanos sentimientos y objetos, por eso mismo saben los molinos de nuestros llanos que con tu muerte sus muelas y soleras se acercan más al olvido -han perdido su penúltima batalla los gigantes de Merlín y las Quiterias redivivas-; y por eso mismo unas cachas de navaja fileteadas de ferias innúmeras echan en falta no tanto el tacto de la mano preñada de rimas y surcos trabajados, como a su voz. Poeta Juan José, manchego aedo de lo sencillo, juglar cabal de la navaja. "Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas", susurró Juan Ramón, y tú te adueñaste de tan noble empeño. Te diré que aún es temprano, que sólo el tiempo envejecido mostrará cuán grande fue tu labor al descubrirnos las excelencias de esa maravilla que con tan poca poesía los diccionarios definen como cuchillo cuya hoja puede doblarse sobre el mango para que el filo quede guardado entre las dos cachas o en una hendedura a propósito. Tu verso enamorado descubrió a muchos manchegos que la faca de nuestros abuelos era motivo de serio orgullo, no un estigma que humillaba nuestra tierra allende sus límites. Con tu mismo agrado te escribo que el cronista de la ciudad de Jerez de la Frontera se ha maravillado al comprobar que las típicas navajas jerezanas, reclamo de turistas malamente bronceados por los soles andaluces de abril, llevan en su hoja el nombre de Albacete. La curiosidad nos llevó a comprobar que la capaora que hoy se exhibe en el Museo Taurino de su ciudad, obsequiada por el malogrado diestro Chicuelo II a un subalterno jerezano poco antes del viaje de regreso de América en el que perdería la vida, se fraguó en las albaceteñas y artesanales manos de Martínez. Te diré que en Toledo, en los comercios que adornan y colman las empedradas calles que parten de Zocodover hacia el centro, los clónicos orientales creen estar comprando unas pequeñas muestras del afamado acero toledano y lo que incluyen en sus maletas son navajas de Albacete (los escaparates de la vetusta calle Comercio y de los alrededores de la catedral primada de España cabalmente dan fe de lo que cuento); que la paradoja se recrea y actualiza en los singulares y autóctonos cuchillos canarios, patrimonio exclusivo del archipiélago, que llevan tiempo siendo fabricados por cuchilleros albacetenses en cantidades cada vez mayores para ser enviados a las islas. Extraño ha sido el lugar visitado con cierto detenimiento en que no me haya tropezado con la enseña de nuestra ciudad: en la cubana Camagüey se conserva el uniforme y equipamiento completo de uno de los soldados españoles que rindió la isla a sus moradores; junto al mosquetón reglamentario, se alinean un machete y una herrumbrosa navaja de filo desdentado, debajo de la cual puede leerse: "Navaja de Albazete (sic), arma traicionera muy del gusto de los sediciosos". Más al sur de la isla, en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en los camarines destinados a recoger exvotos, entre una Biblia inmensa ofrecida por el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, y unas fotografías de balseros de Santa Clara que arribaron sobre neumáticos de camión a la base naval estadounidense de Guantánamo huyendo de la dictadura y penuria castrista, se encuentra una pequeña bolsa con billetes de la República Española, una insignia militar y una navaja albaceteña de cachas rotas entregadas a la Virgen por Domingo Mestre, militar exiliado junto a brigadistas internacionales desde nuestra pedanía de Santa Ana al término de la Guerra Civil. En los puestos de antigüedades de Punta Arabí, en la ibicenca Santa Eulalia, un estrambótico mercachifle ofrecía tres piezas artesanas, una de las cuales, navaja de factura muy semejante a las de estilete, perteneció, según él, a un curial que habitó en 1.754 el bastión de Santa Tecla, junto a la catedral, en lo que hoy es parte del Museo Arqueológico de D'Alt Vila. El clérigo murió confinado en esa torre por haberse opuesto a la disolución de la Universidad, nombre dado al gobierno local que durante seis siglos rigió los destinos de Ibiza y Formentera, cuando las tropas castellanas entraron en el casco histórico. Verdad o embuste de charlatán de feria lo cierto es que en la base de la hoja de la navaja podía verse, junto a una estrella ruginosa de tres puntas, el nombre de Albacete.

Abderraim Jaqued conserva en su comercio aledaño al zoco principal de Tánger una navaja diminuta cuya hoja se esconde en una original cruz de nácar, y aunque sin inscripción, no puede negar su nacencia manchega. Un legionario se la cambió a su padre por tabaco picado a mediados de siglo. Me explica Abderraim que el desconchado de la cachas se debe a que el Cristo que sobre ellas descansaba tuvo que ser arrancado para evitarse problemas cuando las autoridades del país endurecieron las leyes en contra de cualquier religión que no fuera la islámica.

Años atrás, visitando lo que fuera el campo de concentración de Dachau, en Alemania, en los paneles fotográficos inmensos que recubren las galerías, el que exhibía los objetos peligrosos requisados a los presos contenía la imagen inconfundible de una navaja tranchete. Su silueta destacaba por encima de barrotes afilados, bayonetas partidas, latas puntiagudas... En las listas de personas que murieron en el campo de exterminio -interminable elenco conservado en mármol- menudean apellidos españoles, por lo que no es descabellado aventurar el origen de esa navaja.

Juan José, poeta, ya ves qué extensa es la geografía de nuestra navaja, la que tan buen valedor encontró en ti. Acaso se deba a que las gentes de este trozo de sierra y Mancha hayan tenido que conquistar tierras lejanas por derrotar el hambre llevando consigo uno de sus útiles más modestos y preciados. Tú lo dijiste bien, hoy podemos adornar los filos con poesía y bonitas tradiciones (recibir una peseta al regalar una navaja, cortar con grandes navajas el pastel nupcial, por ejemplo), pero hubo un tiempo en el que poca literatura cabía entre las dos cachas: las épocas de trenes atestados de hambreados campesinos rumbo a larguísimas campañas en la vendimia francesa, la de los éxodos a Alemania u Holanda buscando qué rebanar con la faca para llevarse a la boca -no era entonces ociosa la expresión de comer a navaja, no daban los jornales para comer de cubierto ni de ningún otro modo-; los años en los que una buena navaja no servía tanto para ser admirada en un lugar preferente del salón como para podar las ganchas de los olivos jóvenes, vendimiar las rojales de los majuelos de rastras, cortar la goma o el caucho con el que remendar la suela de las abarcas feriadas por necesidad en septiembre, apañar el pan del avío del almuerzo intentando estirar la miga hasta lo indecible, sajar las telas de costura (las tijeras fueron hasta no hace mucho lujo de pudientes)

"Que por mí vayan todos los que ya las olvidan, a las cosas; que por mí vayan todos los mismos que las aman, a las cosas", siguió diciendo Juan Ramón Jiménez. Y al tanto tú lo secundabas. ¿Quién diría hace veinte, quince años que en los umbrales del nuevo milenio la navaja no sólo aguantaría el tirón de un progreso cada vez más vertiginoso, sino que resurgiría de incomprensibles olvidos? Lo defendiste con voz valientemente emocionada, clarividente, rodeado de amigos, delante de cuchilleros y algún político: "No se merece la navaja que la mezclemos en política." Tu verbo se hizo navaja y acampó por Albacete, en la sierra y en los llanos, en secanos y regadíos. Como siempre, porque tu aprecio hacia lo sencillo, hacia lo albaceteño, no supo de modas. Por ti fuimos a nuestras cosas los que ya las olvidábamos, y también por ti las aprendimos a amar. Lo triste es no contar con quien quisiera dedicarse a rastrear con el método y el rigor que a los aficionados nos falta las huellas de nuestras navajas por todo el planeta; ¡qué bonito y necesario sería respaldar con ensayos o tesis lo que conoce nuestro corazón y nuestra modesta experiencia, pero ignoran los escritos! Recitaste un día: "Mi fe redobla a tambor;/ cuando paso por Tobarra/ huelo a palillos en flor." Pregonaste a los tobarreños la necesidad de cuidar sus tesoros, y te hicieron caso, hoy ya tienen el Museo del Tambor (peor suerte corrieron en Madrigueras, que han dejado caer en el olvido lo más preciado de su local herencia, las romanas. Curiosamente éstas son más conocidas y apreciadas en el extranjero que en el propio pueblo). Tantas veces nos hablaste de la navaja en tal sentido y con la autoridad de la experiencia y el cariño que no entiendo, Juan José, por qué aún no dispone de su propio museo. Cada año que pasa es una ocasión que se pierde: los viejos cuchilleros, los vendedores de navajas de la estación, los más entendidos por edad, que no, tal vez, por ciencia, no son eternos; con sus muertes se le hurtan pedazos irrecuperables a la historia. A muchos como tú se debe que la idea no descanse en vía muerta.

Te diré que el monumento al cuchillero del Altozano parece que sonriera algo menos que otrora, también siente tu partida. Una vez más el tiempo te ha dado la razón: monumento al cuchillero, no al cuchillo. Porque es la persona la que da vida al objeto, la que lo desgracia utilizándolo para segar vidas humanas, para perpetrar atracos, para atemorizar a inmigrantes, y quien lo enaltece y dignifica afanándose en su cuidadosa elaboración, en su recto uso en el hogar y en el trabajo, en nuestra artesanía.

Te gustará saber que a miles de kilómetros de nuestras planicies Antonio Banderas regaló a Woddy Allen una soberbia navaja bandolera facturada en Albacete; que Phill Collins y Blondie Moore se llevaron como recuerdo de su estancia en España un mantón de Manila y una navaja albaceteña; que el acero que don Juan Carlos I sigue llevando en sus cacerías es el nacido de las manos del paisano Expósito años ha; que César Pérez de Tudela grabó su nombre en un milenario tronco de la Amazonia sirviéndose de un curioso machete con detalles de navaja de espejillos que un servidor tuvo el honor de regalarle. Pero más aún te agradará conocer que hay un anciano matarife en Alcaraz que compró una nueva cabritera en tu última Feria para aviar gorrinos en las matanzas de San Martín, legándole la vieja a su nieto; que en las senochadas junto al Molino de la Bella Quiteria al amor de una buena lumbre y de unas respetables viandas las navajas de nuestros artesanos siguen reflejando brillos al pescar en las sartenes delicias de gorrino; que Prieto, el de la Roda, no ha perdido la buena costumbre de podar con su navaja tranchete; ni Menudo, el carpintero almanseño, de rematar sus mejores facturas con la vieja navaja familiar.

Poeta Juan José, se te extraña. Y por mucho que sea el tiempo transcurrido los paseos de los redondeles de la Feria seguirán echando de menos tu camino cada vez más cansado y cada vez más apasionado en busca de ese puesto con piezas extraordinarias con que asombrar a tus nietos (aún quedan párvulos, gracias a Dios, que prefieren el prodigio de unos muelles de navaja desperezando su canción antigua antes que el soniquete de los teléfonos móviles o las melodías alienantes de los videojuegos). Este septiembre, en la exposición, dejaremos hueco para la mejor navaja, la que a buen seguro estás trabajando con los materiales que más amaste: el metal de la corona de la Virgen de los Llanos y de Nuestra Señora de los Remedios, el marfil de sus tronos como cachas y el brillo azul de nuestros atardeceres infinitos como destello -nadie te reprochará que su estuche esté acolchado con el algodón de las nubes o la escarcha de las alas de los ángeles de la guarda de todos los cuchilleros albaceteños-.

En tu tierra y entre tu gente.

(Para Juan José García Carbonell. In memoriam)

Nota a día de hoy, agosto del 2006.- Por fin se hizo el Museo de la Cuchillería, y merece la pena visitarlo.

 

 

BASURAS SOLIDARIAS

BASURAS SOLIDARIAS

A mi amigo Jose Manuel lo echaron de dos Seminarios, el de Toledo y el de Albacete. Del primero porque sin importarle a quien tuviera delante llamaba a las cosas por su nombre, y del segundo porque por su nombre llamaba a las cosas sin importarle a quien tuviera delante. Camuflaron la verdad con los circunloquios típicos para atontar al que escucha. Hoy es policía nacional, pero hasta llegar ahí pasó por varios empleos, desde encargado en un bingo hasta reponedor en Eroski. Del bingo lo echaron porque aconsejaba a pobres ancianos y marujas no muy ricas habituales de ese local que volvieran a sus casas y se dejaran de idioteces. De Eroski también fue despedido porque, sin esconderse, recogía de la basura los productos todavía útiles. Se lo advirtieron varias veces, pero él se negaba a comprender qué mal hacía a nadie llevándose para su casa lo que estaba destinado a la basura. De eso hace ya muchos años, pero parece ser que tal política no ha variado mucho en algunos establecimientos.

Me ha venido esta historia a la cabeza viendo cómo cerca de mi casa, en Toledo, a diario, un grupo de personas hacen cola con sus bolsas esperando que saquen la basura de Supercor. Y no todos tienen pinta de indigentes, ni mucho menos. En un Lidl de Castellón también asistía maravillado con frecuencia a idéntica escena, con el adelanto de que allí había un rumano que se encargaba de repartir el turno, logrando así que no se formaran colas, que era lo que molestaba a los responsables del establecimiento, por aquello de guardar las apariencias. Alguien me dijo, conociendo mi crónico desacuerdo con las multinacionales que han perjudicado o perjudican todavía a países empobrecidos, que no sabía por qué estaba siempre arremetiendo contra Mac Donalds, siendo como era una firma que repartía la comida sobrante entre pobres de solemnidad. Hice varias averiguaciones y descubrí que eso era más falso que el pelo del Dioni, y de paso me enteré de que Rodilla, la famosa franquicia de sandwichs, sí que lo estuvo haciendo durante un tiempo. La comida que sobraba se la entregaba diariamente a una ONG que la repartía por las noches a los sin techo de Madrid. En cuanto esto se supo decreció la popularidad de Rodilla hasta tal punto que cesó en ese empeño. A la gente no le parecía bien ir a un sitio donde daban de comer con sus sobras a pobres, eso le restaba caché al establecimiento. Así somos de idiotas. También me enteré de que hay centros comerciales que sellan sus basuras para evitar que nadie se aproveche de ellas, o que obligan a sus vigilantes de seguridad a custodiarlas hasta que se las lleva el camión, o que contratan sus propios camiones para llevarlas directamente a los vertederos. En el colmo de la mala uva, las cadenas con menos recursos o más cutres lo que han hecho a veces ha sido rociar con insecticidas caducados el pescado y la carne que ya no se podía vender, pero todavía comestible, para disuadir la formación de colas. Esto no es ninguna leyenda urbana, no voy a poner el nombre porque no lo recuerdo, pero en un programa televisivo de investigación (Línea 900), vimos al gerente de un supermercado gallego donde esto era práctica habitual defendiendo que no estaban haciendo nada ilegal.

Me cuenta otro amigo que en Bélgica hay ciertas pastelerías donde antes de cerrar dejan que la gente se lleve gratis los productos que no se han podido vender y que están próximos a caducar. Es un dato y una diferencia. Si yo viviera en Bélgica me subiría el azúcar en dos semanas.

Desde mi ventana se ve el muelle de descarga de Supermercados El Día, que es el mismo sitio donde dejan la basura (atención al dato), pero nadie hace cola ahí porque saben que lo único que podrían conseguir sería una enfermedad. Me consta que gracias al madrileño Corte Inglés de Quevedo a varias familias inmigrantes le resulta menos gravoso medio llegar a fin de mes.

Aplaudo la decisión de El Corte Inglés, de Supercor, de Lidl, pero a este paso va a resultar que una empresa es solidaria si deja que la gente rebusque entre sus sobras.

 

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RECTIFICAR ES DE SABIOS

 

Hace años Alfonso Ruiz de Aguirre, amigo y escritor, me entrevistó para Literaturas.com. Fue muy benévolo conmigo.

Acabo de recibir un correo de alguien que ha sufrido otra espantada de Alberto Vázquez Figueroa recriminándome que lo tuviera por escritor comprometido.

Tiene razón; según releo aquella entrevista me desdigo de lo afirmado sobre el mismo. Todo lo demás lo mantengo.

Sólo eso.

 

 

 

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MIS AMIGAS AMERICANAS

MIS AMIGAS AMERICANAS

Pues ya se han ido y yo he vuelto a mi habitación. Se la he dejado durante un mes, el tiempo que han estado en España perfeccionando el idioma. con Cristina y Cindy (aunque yo las llamo Ina y Tilti) son seis las amigas extranjeras con las que he compartido mi habitación: primero fueron Lindsie y Katy, de Houston, luego vino Nayat, de El Sahara, y por último Gauri, una hindú con la que las sisestas tienen un preámbulo de saltos de cuna y risas bastante extenso. Ahora su abuela está en el hospital y por eso paso más tiempo con ella. No está mal la lista de amigas curiosas que tengo para el poco tiempo que llevo en España, un año y medio. Porque yo vine de China, de Nanning, aunque a fuerza de comer cocido y paella mis rasgos se vayan haciendo poco a poco logroñeses. Otro día escribiré la peripecia de mi adopción, de momento no porque como nis padres están empeñados en traerme una hermanita con la que tendré que compartir a Lucho, a Lulila, a Lublú y a la jirafa de dormir, no quiero que quienes no ayudaron mucho a que yo es´te hoy aquí se molesten y digan: "No queríais caldo, pues tomad dos tazas". Otro día hablaré también de lo que me está empezando a pesar la responsabilidad de ser futura hermana mayor, supongo que deberé enseñarle a cantar algunas canciones de las que se me han olvidado estrofas, y a contar del uno al diez (a veces del cuatro paso al siete), y a decirle que tiene que comer fruta cuando yo tardo siglo y medio en masticar medio bocado de sandía.

Pero a lo que voy. Cindy y Cristina, de Whitehouse y San Antonio, ambas de Texas, se han ido sabiendo decir relámpago, libélula, sándalo y "De grandes cenas están las sepulturas llenas". Han visitado muchas ciudades españolas y alguna italiana; les ha gustado mucho nuestro país o conjunto de naciones o nacionalidades históricas o realidades imperiales, y quieren volver. Cindy estudia Veterinaria y Cristina Antropología, en ambos campos tienen mucha materia que trabajar en España. Tienen veintiún años y un respeto y un cariño impresionante por su tierra. Han echado de menos la carne en barbacoa y la crema de cacahuetes, pero han pedido a mis padres que les envíen la receta del bizcocho, de las judías con jamón y de la tortilla de patatas. Ellas nos hicieron una tarta de manzana al estilo Tejas que estuvo bien buena, y nos enseñaron a cocinar patatas machacadas, todo un invento. Lo que más les ha gustado de España es lo que menos me gusta a mí, la siesta; y Amaral, Estopa, La oreja de Van Gogh y el sol que no quema tanto como el de su tierra. ¡Ah!, y las playas. Pero hay algo que les ha llamado la atención sobremanera, la obsesión por la homosexualidad. Decían que en las clases que recibíanen la Universidad de Toledo raro era el día en el que no aparecía el tema como si de una materia transversal se tratara, y las continuas referencias en la prensa que con cierta dificultad leían, y los alardes constantes en televisión. Preguntaban que si de verdad se quería integrar la homosexualidad en la sociedad como algo normal por qué se permitían esas parodias que sobre sí mismos hacían tantos homosexuales en les medios de comunicación? Y mi padre no sabía qué contestarles, y les sacaba aceitunas con sabor a anchoa diciendo que eran muy típicas de Albacete y que en España es costumbre robar ceniceros de barro en los bares en los que los hay.

 

 

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EL OTRO PERIODISMO

EL OTRO PERIODISMO

Me acaba de enviar un amigo unos enlaces interesantes, unos vídeos en los que se denuncian situaciones y mecanismos que difícilmente se encontrarán en las páginas de los diarios al uso. Los he puesto en la sección correspondiente, pero aquí incluyo la dirección: http://www.salonchingon.com

 

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¿POR QUÉ YO NO TE ESPERO, BENEDICTO XVI?

¿POR QUÉ YO NO TE ESPERO, BENEDICTO XVI?

En esta última semana catorce personas me han enviado esta misma carta, la última de ellas mi hermano Marino, así que no me queda más remedio que colocarla en la página. No se puede decir que quien la escribe se esconda, al final de la misma sólo falta el número de zapatos que calza el autor. Si quieres más información de este estilo sobre éste o sobre temas parecidos visita estas dos direcciones: http://www.redescristianas.net/2006/07/04/carta-al-papa-comunidades-cemi/ y http://www.atrio.org/

1- Porque atacas la eutanasia y defiendes el valor del sufrimiento.

2- Por considerar el aborto como homicidio en todos los casos.

3- Porque haces el divorcio muy difícil y conviertes la vida de "pareja" en un infierno para ellos y sus hijos, provocando la violencia doméstica.

4- Por impedir otros tipos de matrimonio o uniones, que en nada perjudican ni atacan al matrimonio convencional. Es falso que la familia en España esté sufriendo ningún tipo de ataque, como dicen tus obispos.

5- Porque tienes homofobia a los homosexuales, al considerarlos una desviación moral, una enfermedad o un pecado.

6- Por querer enseñar la religión de modo obligatorio a todos, en lugar de reservarla al ámbito familiar o de la comunidad creyente.

7- Porque no respetas el laicismo, que es el estado primitivo del individuo.

8- Por oponerte a la utilización de células-madre, que Tantas vidas podrían salvar.

9- Porque sigues bautizando a los niños, seres Inconscientes del acto que reciben.

10- Por convertir la comunión de los niños y niñas en un acto de ostentación y riqueza, contraviniendo la vida de Jesús-Pobre.

11- Por callar tus obispos y sacerdotes, en las fiestas de los pueblos, con motivo de honrar a santos y a vírgenes, cuando se tortura y mata a animales indefensos e inocentes.

12- Porque rechazas el preservativo, elemento indispensable para regular el número de hijos y evitar el Sida.

13- Por acumular riquezas en el Vaticano y en todos los templos De Tu Iglesia, habiendo dicho Jesús que Él no tenía dónde reclinar la cabeza.

14- Porque tú y la jerarquía que diriges deseáis el poder, cuando el Maestro vino a servir y no a ser servido.

15- Por rechazar la píldora, medio eficaz para ejercer una paternidad responsable.

16- Porque sois "repartidores de sacramentos" en lugar de transmisores de la Buena Nueva.

17- Por imponer el celibato a todos los sacerdotes, sabiendo que no fue así en la Iglesia Primitiva.

18- Porque habéis convertido la Iglesia en una burocracia descomunal, alejándoos de la simplicidad de los primeros cristianos.

19- Porque gran parte del clero se empeña en vivir "del altar", en lugar de ganar el pan con el sudor de vuestra frente y repartir gratis los que gratis se os dio.

20- Porque os falta contundencia en rechazar las guerras y condenar a quienes las inician.

21- Por no oponeros frontalmente a los estados que aplican la pena de muerte: China, Irán, USA, etc

22- Porque dais un mensaje de la Navidad equivocado. Cristo no vuelve a nacer. Y si está en algún lugar, está en los pobres, emigrantes, desheredados, etc.

23- Por transmitir durante la Semana Santa un mensaje que es ajeno al Evangelio. El sufrir por los demás es heróico; pero esto no trasciende. Dar la vida por los otros sí que encaja con la Pasión

24- Porque vas a provocar un gasto público (del dinero de creyentes y no creyentes) que es escandaloso: adorno floral (46.000 ?), bandas de música cada "x" metros, escenario descomunal (600.000?), alojamientos de miles de curas y obispos, pintado de 80 km. de vallas de blanco y amarillo, etc.

25- Por no colocar a la mujer en el lugar que le corresponde en la Iglesia que diriges.

26- Porque no pediste perdón cuando fuiste a Auschwitz, ya que el Vaticano y la Iglesia contribuyeron a que murieran muchos judíos en los campos de concentración.

27- Por haber perseguido y condenado la Teología de la Liberación, la Teología de los Pobres. cuando dirigías la Congregación del "Santo" (¿?) Oficio.

28- Porque tu venida se va a convertir en un espectáculo de masas, en un gran circo, donde se podrán comprar y vender todo tipo de "recuerdos", pero que quedará un gran vacio. (Recuerda la expulsión de los mercaderes del Templo).

29- Por haber puesto una condición para tu venida (tú o tus enviados): un micro-clima para ti. Unos cuantos "puentes" más allá, en el de Ademuz, hay centenares de subsaharianos que no tienen ni lo más elemental para tener una vida digna.

30- Porque el Altar donde vas a celebrar la Misa es un ejemplo de derroche suntuoso. Existen en nuestra Comunidad barracones en lugar de aulas, listas muy largas de espera para pacientes, suciedad y ratas en los barrios de Valencia, etc.

31- Por tu intromisión en los asuntos internos del gobierno de España (Recuerda tu última entrevista con el Embajador Español).

32- Porque tus obispos se meten en asuntos políticos, siempre decantados a favor de la derecha más reaccionaria.

33- Porque el Congreso Teológico que se celebrará días antes de tu venida, estará manipulado por las personas más integristas, como son el Opus Dei, los Legionarios o los "kikos".

34- Por haber manipulado, los que han preparado tu venida, a familias pobres del Tercer Mundo, que van a vender granjas, animales y terrenos para venir a verte.

35- Porque creo que es incompatible el ser la Cabeza Visible de los creyentes y Jefe del Estado Vaticano. "Mi reino no es de este mundo", dijo Jesús ante Pilatos (Juan 18,36).

36- Porque la mayoría de obispos y sacerdotes no denunciáis la tortura en los países donde se practica (se os va el tiempo hablando de sexo y temas relacionados con el sexo).

37- Por no denunciar las agresiones a nuestro Planeta, que salió de las manos del Creador mucho más hermoso de lo que está hoy.

38- Porque no os preocupáis, con atención prioritaria, de la gente que pasa hambre y de las miserias del Tercer Mundo, cosa que sí hizo Juan Pablo I, pero que le fue imposible realizar por su cortísimo pontificado y su misteriosa muerte.



Carlos Pinazo Calatrava.- Sacerdote.- Bernat Descoll, 63-5ª.-
VALENCIA-46026.- Tel. 96.333.76.75 y 96.262.85.24.- DNI nº 19.347.516
E-Mail: solidari@ono.com



MI GRADUACIÓN

MI  GRADUACIÓN

              Hoy me he graduado, en la Guarde. Mi prima Laura también se gradúa esta semana, en la Escuela de Enfermería. Mi padre también se graduó ayer, la vista.

               Yo he sido la primera en recibir el pergamino que me acredita como capaz de enfrentarme al mundo con recursos suficientes como para no dejar en mal lugar a la Seño María Luisa, que me ha enseñado los colores, a contar del uno al diez, las formas, un montón de canciones y bailes, a comer cocido (cuando no me veía volvía a echar algunos bocados al plato). Me ha hecho ilusión porque hasta hace una semana no sabía si iba a poder graduarme o no, ya que todavía no sabía hacer pis en el orinal. Pero, oye, de la noche a la mañana, he aprendido hasta a hacer caca. Por eso me han dado también la orla de mi promoción y un sombrero de cartulina negra y una medalla del CAI El Olivo y una banda verde. Luego hemos comido paella y gazpacho en el salón de la Guarde (que es lo mismo que el CAI, pero en menos fino) y Bruno ha aprovechado para darme el último empujón del curso y yo le he arañado, por aquello de la igualdad de oportunidades. Y entonces es cuando ha venido la Seño y le ha dicho a mis papás que vigilasen unos granitos que tengo porque había casos recientes de varicela. ¡Con lo contentos que estábamos todos pensando que se debían a los mosquitos! Mi prima Carlota, que ha venido a aplaudirme aunque luego se ha hecho la sueca, se ha dormido en mi carricoche y yo he pensado que si tengo que compartir con ella mis juguetes, el asiento adaptado del coche, los mimos de los parientes, no podía por menos que compartir con ella la viruela, así que me he arrimado bien a ella y la he sobado todo lo que he podido y más hasta que se ha dado cuenta mi padre, que no se le escapa una porque ayer se graduó la vista. Y me ha cogido por banda y me ha dicho lo de siempre: “Ailene, escúchame, deja a la prima dormir.”

        Paga conmigo sus frustraciones, está claro. La última se la debe al Ayuntamiento de Ciudad Real, que le ha editado una novela, Grillos de septiembre, y él sugirió que en la portada apareciese el logotipo de la compañía petrolífera Shell bañado en sangre porque cuadra muy bien con el contenido del libro, y no han tenido a bien hacerlo. En la primera prueba le enviaron la portada con el logotipo de la Shell, pero sin sangre, con lo cual aquello se parecía mucho al tío de Graná, pero en la definitiva no hay concha amarilla que valga. Le han comentado que es mejor así, que para qué buscarse complicaciones. Y él ha dicho que si lo llega a saber en lugar de escribir una novela de denuncia sobre el exterminio de la tribu nigeriana ogoni por parte de los intereses económicos de la petrolera Shell la habría escrito sobre la sonrisa etérea de la princesita doña Leonor o sobre cómo aprendí a pronunciar libélula, que también tuvo su aquello.

DE ORINES, ANÓNIMOS Y TUAREGS

DE ORINES, ANÓNIMOS Y TUAREGS

Hoy mi padre está que echa las muelas. Se ha empeñado en que tengo que hacer el pis en el orinal y no hay manera. En cuanto me siento en el trono rojo de plástico de la tienda de los veinte duros se me van las ganas. Y así pasa, que ya me he meado tres veces encima por no quererme poner el pañal, y está la casa que da asco verla, con huellas de pisadas diminutas y no tan diminutas indicando quién fue el último incauto que no vio el charquito color cerveza. Entre eso y los anónimos de internet y la jugada trece-catorce que le ha hecho Vázquez Figueroa se le ha mudado la color del rostro.

Me da un beso y dice que no pasa nada, pero no lo parece por la cara que pone cuando tiene que ir a por la fregona una y otra vez.

Me da un beso y dice que lo de los anónimos es una tontería, pero no lo parece por la cara que pone cuando tiene que pasarse un cuarto de hora limpiando la bandeja de entrada y revisando si se le ha metido algún indeseable en el disco duro.

Me da un beso y dice que más pierde Vázquez Figueroa, pero no lo parece por la cara que pone cuando tiene que dar explicaciones a Ana, la bibliotecaria de Tarazona de la Mancha.

El caso es que en enero mi padre, que siempre ha hablado maravillas de Vázquez Figueroa, tanto como escritor -cuando era escritor- como persona, que ha presumido de cierta amistad con él por haber compartido alguna tarde en su casa escuchando, embobado, sus proyectos, su pasado, sus futuros, que tuvo el honor de que le prologase un libro, y del que guarda todas las cartas que se han intercambiado..., en enero mi padre, digo -que se me va el hilo-, después de haber estado por segunda vez en la Biblioteca de Tarazona de la Mancha disfrutando del encuentro con los clubes de lectura, gente agradecida y acogedora donde la haya, le propuso a Alberto Vázquez Figueroa, dado el interés manifestado por estos clubes, que, si su caché no era muy elevado, podría acercarse alguna tarde para hablar de sus libros y de su vida con estos buenos lectores. Desde el primer momento dijo que sí, que sin problemas, es más, que él no cobraba por este tipo de actividades. Estupendo. Mi padre, más contento que un tonto con una pita, así se lo comunicó a Ana. Al querer concretar la fecha, Vázquez Figueroa lo pospuso para más adelante. En principio iba a ser para junio; tiempo habría. De vez en cuando mi padre se comunicaba con el escritor renombrado para ver si todo seguía adelante, y el escritor renombrado confirmaba y confirmaba, pero sin dar fecha. A un mes vista del encuentro Vázquez Figueroa seguía dando largas, aunque sin bajarse de la burra de que ir, iría a Tarazona. A dos semanas vista mi padre, algo mosca, le propuso dejarlo para el curso próximo, si no encontraba fecha libre en éste, pero Vázquez Figueroa (le voy a borrar el nombre) dijo que no, que no había ningún problema, que había dicho que iría e iría. Ese mismo día mi padre, esperanzado y sufriendo por Ana, que había anunciado la visita del escritor sin poner fecha, le ofrece al buen hombre la primera semana de junio, para que elija el día. Contesta que se encuentra en el Festival de cine de Cannes (como dato irrelevante pero bien aparente), que le va bien esa semana, por lo que acto seguido mi padre acuerda con él que el día 5 de junio, a las cinco y media, tendría lugar el encuentro. Sin problemas. Se le dice a Ana y ésta lo anuncia como se merece, no todos los días va un escritor de la talla del autor de Tuareg a Tarazona de la Mancha. Pues bien, al día siguiente ese autor le escribe a mi padre un correo que no tiene desperdicio, en el que, en resumen, viene a decir que la agencia que le lleva la agenda se ha enterado de que va a ir a Tarazona a dar una charla y que esa agencia siempre cobra un veinte por ciento de sus honorarios, que son un mínimo de seis mil euros, y que esa agencia no entiende que lo haga gratis, por lo cual no va a ir a dar la charla y encima perder dinero. Lo siento mucho, perdón por el perjuicio, pero eso me pasa por ser tan bueno, le dice a mi padre, que leía con ojos como platos el correo. Mi padre no es tonto, pero a veces lo parece y a veces se lo hace, así que, sin saber en qué estado de ellos se encontraba le contesta inmediatamente que no se preocupe por el dinero, que es una guarrada pero que como él ya había dado su palabra de que Vázquez Figueroa iría a Tarazona y lo haría sin cobrar, él mismo pondría los mil doscientos euros aproximadamente con los que tendría que contentar a la agencia en cuestión. Alberto Vázquez Figueroa contesta que no puede permitirlo, que lo intentaría arreglar cuanto antes. Mi padre le ruega que le conteste de inmediato si no va a poder ir, pese a la oferta del dinero, él insiste en que lo arreglará, que ha dicho que iría, e iría. Por eso traslada ya el asunto a Ana, de quien le da el correo electrónico y el teléfono a Alberto para que le diga si va pernoctar en Tarazona y ultimen algunos detalles del acto. Un día antes del acto mi padre recibe un correo del escritor diciendo que se encuentra en Lanzarote y que no regresará hasta el jueves o el viernes. Ya no tiene remedio. Así se le hace saber a Ana, que supongo que se acordaría del escritor, del intermediario y de las madres que apadrinaron semejantes partos. En Tarazona se habían vendido muchos libros de él porque la gente quería que se lo firmase, se había levantado mucha expectación, y Ana tuvo que tragar lo indecible al anunciar la cancelación del acto. Ella, prudente, dio como explicación que al escritor le habían surgido cuestiones personales. Mi padre, seguro, habría dicho otra cosa, pero así le va en la vida. Se limitó a enviarle un mensaje al admirado narrador en el que le agradecía los favores prestados y le prometía no volver a molestarlo jamás, más que nada para que nadie, por muy famoso que fuera, lo volviese a dejar con el culo al aire, que para eso ya se bastaba muy bien él solico. El admirado narrador contesta muy ofendido diciendo que esas cosas le pasan por intentar hacer el bien y gratis, que había tenido que hipotecar su casa y la barca porque tenía que hacer frente a una demanda de dos mil euros por la cuestión de las plantas desaladoras, y que siente haber fastidiado a quien pensaba sacar dinero con su ida a Tarazona. Pues muy bien. Añade que el día que vaya a Tarazona lo hará sin cobrar ni un duro, y mi padre piensa que el problema ya no está ni ha estado nunca en el verbo cobrar, sino en el verbo ir. Mi padre encima tiene que aguantar que se insinúe que se iba a lucrar por ser el intermediario, cuando a punto estuvo de costarle la fiesta la tontería de mil doscientos euros, calderilla para algunos, pero un pico muy grande para el que hoy a adoptado a la fregona.

Ana, bibliotecaria sufrida, también le escribe un correo mesurado indicándole, creo, que así no se hacen las cosas. Recibe una contestación de persona ofendida, en el que se dice que si no ha tenido paciencia para posponer unos días el encuentro ya no es problema suyo. Los correos que mi padre conserva (es un sentimental para estas cosas) indican que esa paciencia ha durado cinco meses y veinticuatro días, que ya está bien. Y dice la muchacha que dónde están los valores que el escritor pregona en sus libros y por los que un día quisieron que fuera a hablar a los lectores del club. Mi padre dice que les debe una disculpa pública a los clubes de lectura de Tarazona y, en especial, a Ana, por lo que anda tecleando no sé qué en el ordenador.

Lo peor va a ser cuando acabe y se dé cuenta de que, no sé cómo, hay otro charco alrededor de mis pies.


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DECÁLOGO DEL LUNES

 

 

 

 

1. Durante esta semana huiré de la avaricia para que nadie me compare con las hormigas, que trabajan con tal denuedo que pareciera que fueran a vivir eternamente. Le haré caso a san Bernardo cuando decía que la peor avaricia es vivir en la pobreza por miedo a la pobreza. Me haré caso a mí mismo cuando digo que en el pensamiento del avariento nunca falta la tristeza.
2. Durante esta semana evitaré comprar todo lo que no sea esencial, y lo haré por dos motivos: porque lo superfluo, aunque esté de rebajas, es muy caro, y porque así no terminaré teniendo que vender lo necesario.
3. Durante esta semana aprenderé que la mejor manera de ganar mucho es no pretender jamás conseguir demasiado; que no es más rico quien más tiene, sino quien con menos se conforma; que son infinitamente más los que han llorado por tener mucho dinero que los que lo hicieron por tener lo suficiente; que la abundancia es como una araña incansable en cuyas telas nuestros corazones se enredan con facilidad pasmosa.
4. Durante esta semana procuraré por todos los medios no tener que decir “lo siento”, y sí muchas veces “gracias”. También gastaré algún que otro “¿puedo ayudarte en algo?”
5. Durante esta semana llamaré, hablaré o escribiré a al menos dos personas: a aquella que me aumente las ganas de vivir y a aquella que necesite de mí para verlas aumentadas.
6. Durante esta semana, siguiendo el consejo de Quevedo, seré para con mis amigos igual que la sangre, que acude a la herida sin esperar a que la llamen. Me meteré en la cabeza que sólo seré capaz de ganar la confianza de aquella persona en quien haya puesto la mía.
7. Durante esta semana no seré roñoso con mis sonrisas y sí con mis frases de doble sentido, con mis críticas malintencionadas y con mis quejas. Antes de quejarme sin motivo contaré hasta diez, y seguiré haciéndolo hasta diez veces más si no se me pasaran las ganas de despotricar contra todo. Si aún así persisto en mi empeño meteré la cabeza en el retrete por tiempo indefinido.
8. Durante esta semana pasaré un poquito de frío (o de calor), un poquito de hambre y un poquito de vergüenza para que no se me olvide valorar lo que tengo. Valoraré cuanto tengo aunque eso no despierte envidia en los demás. No juzgaré a las personas por lo que tienen, sino por su interior. Me pegaré dos cabezazos contra la pared si se me ocurre compararme con nadie.
9. Durante esta semana me esforzaré en dar mucho y no volver a acordarme, al tiempo que si recibo algo pondré empeño en no olvidarlo.
10. Durante esta semana dormiré tranquilo si a lo largo de cada día mi objetivo prioritario ha sido ser feliz y hacer felices a los demás, aunque no lo haya conseguido.

 

 


ACCIÓN DE RISAS (PERDÓN, ACCIÓN DE GRACIAS)

ACCIÓN DE RISAS (PERDÓN, ACCIÓN DE GRACIAS)

El 20 de mayo se casaron Fran y Aurora y viceversa. No los pudimos acompañar por circunstancias diversas que nada tienen que ver con la celebración del Festival de Eurovisión en la misma fecha, pero los tuvimos muy presentes. Ésto es lo que me habría gustado leerles en la ceremonia:

Cierto día Francisco, el de Asís, tras hacer tablas con Moisés en su habitual partida vespertina, se decidió a visitar a Dios para presentarle una petición que llevaba tiempo rondándole la cabeza:

Loado mi Señor -comenzó diciendo-, loado mi Señor por todas tus criaturas, pero en especial por una.

Miedo me das -le contestó Dios, quien a pesar de ser omnisciente tenía gran dificultad en preveer las curiosas salidas del santo-. A ver, ¿de quién se trata?

Pues nada más y nada menos que de una persona que desde pequeño ha sido más franciscano que yo mismo.

Dios se mesó las barbas (aunque le molestaba parecerse a Papá Noel se las había dejado crecer para no desentonar con la idea que de él se tenía en la tierra), arqueó las cejas e intentó imaginar de quién le estaba hablando el pobrecillo de Asís.

Es alguien -continuó Francisco- que siempre ha respetado la naturaleza, que se ha embelesado contemplando puestas de sol y amaneceres, que ha pasado frío y calor anillando pájaros, que ha plantado más árboles que años tendría Matusalén, que ha cuidado de los campos como si en herencia exclusiva tuviera que dejarlos a sus hijos, que ha denunciado a quienes esquilman los recursos naturales de forma ilegal, que ha sabido transmitir a cuantos le rodeaban ese cariño hacia toda tu creación, que ha acompañado a cientos de niños en su descubrimiento de las maravillas de los bosques, que ha colaborado de forma incondicional con quienes se empeñan en hacer un mundo más habitable. No dudó en disfrazarse de payaso por una buena causa, no dudó en perder tiempo, dinero, sueño para invertirlo en los más empobrecidos; no dudó en ceder sus fotografías para fines solidarios sin ganar ni un céntimo. Ha ayudado en todo momento a quien se ha puesto a tiro, fuesen familiares, amigos o desconocidos, lo mismo le sacaba las castañas del fuego a alguien con las mates, con el diédrico o el latín, que le conseguía a otros una información valiosa sobre tal o cual tema. Y lo más importante: ha visitado Roma varias veces y sigue creyendo en ti.

¡No fastidies! -exclamó Dios.

Como lo oyes. Así que vengo a pedirte una pequeña recompensa para él.

Lo que quieras. Ese último dato me ha llegado al alma -seguía asombrado el Todopoderoso.

Había pensado que estaría bien que le concedieses poder entender el lenguaje de los animales, o el lenguaje de los políticos, que no sería pequeño milagro, y no quieras ver, mi Señor, ninguna relación maliciosa entre ambas peticiones.

El Señor se quedó pensativo un instante para responder con sabiduría:

Lo primero no le hace falta, porque intuyendo ya que se trata de Fran, él entiende sin necesidad de palabras a los animales. Y lo segundo no le conviene, so pena de que quede mermada su higiene mental. Te propongo algo mejor: ¿qué tal si como premio a Fran el buenagente consigo que encuentre a su alma gemela y se una a ella para los restos?

¿Sería posible? -se entusiasmó el franciscano.

Para mí todo lo es (salvo saber la edad exacta de Sara Montiel). Tengo en mente a Aurora, una chica gallega que también se merece una recompensa por ser igual de buenagente. De este modo uniríamos dos medias naranjas-. ¿Te convence?

De todo punto -asintió san Francisco, que si hubiese tenido a mano un rosal se habría revolcado entre sus espinas de puro contento.

Pues ahora mismo se lo concedo a ambos. Sea.

Cuentan las crónicas que, si bien en el cielo rige la intemporalidad, en la tierra, por latitudes gallegas, corría el día de gracia de veinte de mayo de dos mil seis.

 

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GRACIAS, ROSA MARI

GRACIAS, ROSA MARI

Ésta es la parte buena del comienzo de la página, que me puedo servir de ella para darte las gracias en tamaño familiar. GRACIAS. Gracias por cuarenta y cuatro razones que se concentran en una: ser como eres. Quizá estés equivocada, como yo; tal vez nos picó de críos algún bicho que nos hace creernos víctimas y mártires de las más variopintas causas siendo apenas unos desgraciados; acaso elegimos mal el sitio en el que nos nacieron o la educación que recibimos. Gracias por pretender crear una sociedad mejor sin ponerle lacitos amarillos y de encaje a las palabras con las que intentas hacerlo. Gracias por llorar con los que sufren aunque no sea en la Iglesia o aunque sea en Cáritas; gracias por tener en el horizonte Honduras, Guatemala, Nicaragua, lo que se tercie; por la cesta solidaria que me endulzó la tarde y la vida; por la velada dominical que me despertó muchos recuerdos (Ailene dormía y Pilar casi, porque a Dios gracias, aunque ella también sabe lo suyo de hipocresías eclesiales o precisamente por eso, prefiere centrarse en lo importante); gracias por el poema, por encontrarme en la ciudad susurrando sonrisas, por querer a tu pueblo, por amar y sufrir (¿quién dijo que es lo mismo?, ¿quién dijo lo contrario?), de amor nadie se muere ni se cura, digo yo, lo que invalida la frase.

A alguien como tú le sobran sitios donde hacerse valer, así que sacúdete el polvo de las sandalias -con mayor motivo si son de esparto y de la Sierra- y a otra cosa, que la vida corre demasiado deprisa como para ir deteniéndose en mesas camillas donde un día nos miramos el ombligo y al día siguiente nos lo volvemos a mirar.

Me siento orgulloso de haberte conocido (Ailene también, lo que pasa es que su edad no le permite verbalizarlo empleando subjuntivos), doy por muy bien recibidas todas las llamadas telefónicas que tuve que aguantar por haber salido a relucir mi nombre en el sitio equivocado, voy a conservar los correos electrónicos donde se me dice de todo y nada bueno por el mismo motivo, y lo voy a hacer porque no quiero que se me olvide que detrás de todo eso estuvo una albaceteña que le plantó cara a un “cura todopoderoso en sus dominios” sabiendo o sin saber que la cosa no terminaría ahí. Quizás estemos equivocados, Rosa; lo mismo tienen razón los que dicen que la opinión de la mayoría es la válida. Tú me defendiste y ya veo que te toca pasar por mentirosa, fantasiosa o fantástica. ¡Bienvenida al club de los esquizofrénicos victimistas! Me decías que no entendías qué clase de poder siguen ejerciendo ciertos curas sobre otras personas, supongo que a estas alturas ya lo habrás descubierto. A mí también me costó entenderlo, no concebía que alguien con el que había compartido dos años de experiencias fuertes en contacto con el mundo de la marginación me negara de la noche a la mañana (su nómina mensual la pagaba la Iglesia); no concebía que alguien me pudiera tachar de su lista de personas recomendables después de varios años de amistad cuando unos meses antes me había pedido que fuese yo quien lo casase (le salió un contrato de profesor en un colegio religioso, ¡mecachis!); me negaba a creer que un compañero sin pelos en la lengua me echase el freno cuando me sumé a su causa (acababan de contratar a un familiar en un organismo dependiente del obispado). El miedo al futuro, llámalo dinero si te place, hace emigrar a la dignidad. Con su pan se lo coman, que bastante lástima me dan. Es lo habitual. Lo extraordinario es que alguien como tú se plante y diga lo que piensa, por eso: GRACIAS.

Carcelén, tu seguro servidor, además de tener la nariz torcida y judía, incapacidad crónica para pronunciar la erre, miopía leve y bandadas de pájaros en la cabeza, tiene a gala firmar y mantener cuanto escribe y huir de los anónimos, por tal motivo no me escondo para darte las gracias. Si esto es un perjuicio para ti, que no lo creo (quienes bajen su consideración hacia ti sólo por haberme defendido ya se están retratando lo suficiente), te lo compenso con sonrisas libertarias -alguna que otra libertina, que de todo ha de haber en la viña del Señor-, con la promesa de la dedicatoria de mi próximo libro y con esta fotografía de mi hija Ailene, a la que además de enseñarle a jugar al ajedrez, voy a intentar inculcarle que es el tiempo y sólo el tiempo el que pone a cada uno en su sitio y que por encima de la dignidad de la persona no hay nada.

Un besazo sin susurros.

 


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