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Rincón de Ailene y Miguel Án

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LA LEY DE DEPENDENCIA

LA  LEY  DE  DEPENDENCIA

Me permito robarle a Alfonso Ruiz la opinión sobre la Ley de Dependencia. Creo que no se puede explicar con menos palabras y más acierto lo que supone esa patraña. 

Creo que fue durante el Consejo de Política Fiscal y Financiera cuando el ínclito Pedro Solbes nos explicó cómo funcionaba el truco del almendruco y el timo de la estampita, esto es, los misterios de la Ley de Dependencia, enigmas sólo para los iniciados que chanelan la jerga leguleya. Resulta que la ley habla del derecho de todos los españoles a acceder al sistema de dependencia pero "no establece el derecho subjetivo en el sentido de una obligatoriedad de prestación de servicios. Lo que sí damos es una financiación para la prestación de ciertos servicios mínimos". Ojo, que el juego de manos tiene aún más flores y resabios de tahúr: resulta que el preámbulo de la Ley sí reconoce dichas prestaciones como un derecho subjetivo, pero no así el articulado. Para quien, como yo, se maneje con harta dificultad en los vericuetos de los alquimistas que levantan los laberintos legales, será preciso aclarar el significado de la adivinanza, y su verdadero alcance: la Ley de Dependencia es un fraude. La prestación de una serie de servicios básicos para la supervivencia digna de muchas personas queda al albur de la misericordia del gran Padre Estado, que garantiza su asistencia con la misma firmeza que el derecho de todos los españoles a tener una vivienda digna o un trabajo.

Había puesto muchas esperanzas en esta Ley. Me parecía que con ella se reconocían los derechos de los más vulnerables y el esfuerzo de las familias que levantan murallas con las manos para proteger a los más desprotegidos cuando sopla el viento de la insolidaridad. Entendía que sus principales carencias se referían a los plazos de ejecución (muchos afectados tardarían años en percibir las primeras ayudas) y a la marginación, ya habitual, de los niños más pequeños. Porque ya se sabe lo que ocurre con los peques, como todos ellos dependen de sus padres, la Autoridad no los reconoce como dependientes. Mire usted, señora Autoridad, es cierto que mi hijo Alfonso, tan sano como se pueda estar, depende mucho de mí. Pero respira solo. Sin respirador, ni cánulas, ni oxígeno. Y no todos los niños disfrutan de ese maravilloso privilegio.

Ahora los afectados tendrán que rezarle al munificente gobierno para que tenga a bien obrar el prodigio de la limosna y les reparta unos eurillos de caridad, que algunos votos les harán ganar de añadido.

Con este mismo salero, nos podían haber reconocido a todos el derecho a ser millonarios, o a gozar en vida del paraíso terrenal.

No era esto. La Ley de Dependencia no era esto.

COMPLETA LA SERIE

COMPLETA  LA  SERIE Me han enviado esto y se me ocurren cientos de continuaciones, pero como me faltan elementos de juicio prefiero escuchar vuestra opinión.



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INCONSECUENCIA SUMA

INCONSECUENCIA   SUMA

Dos de mayo y hay edificios públicos y domicilios particulares que han encendido la calefacción. Como ya había venido el tiempo de la manga corta y nos toca volver a sacar los abrigos la gente no repara en gastos y, ¡hala!, a darle caña a los radiadores. Frío, lo que se dice frío, en las casas no hace, pero hemos aburguesado el cuerpo de tal forma que ya no podemos vivir sin aire acondicionado ni calefacción. Se pasa de la mierda a la bicicleta, hoy con calefacción y la semana próxima con aire acondicionado. En invierno ponemos la calefacción a 23 grados para no pasar frío y cuando en verano tenemos esa temperatura programamos el aire a 18 grados para no pasar calor. Es verdad que con esto del cambio climático el tiempo está medio trastornado, pero nosotros estamos trastornados del todo sin poder achacárselo al cambio climático.

JORNADAS SOLIDARIAS

JORNADAS  SOLIDARIAS

Como no me da tiempo a contestar todos los mensajes pendientes me disculpo aprovechando el blog. Mari Carmen Ramírez, de la Facultad de Medicina de Albacete, ha osado invitarme a la charla inaugural bajo promesa de seguir manteniendo su amistad tras la misma. El tema es: ¿Qué es una ONG?, su necesidad y revisión crítica del actual sistema de funcionamiento de la misma. Me pareció una muy buena idea y como todo va a salir bien el año próximo seguro que repiten y pueden disfrutar de un primer espada como Javier Panadero, que además de implicado en el tema de la solidaridad es médico.

Lo dicho, a partir del lunes contesto todo lo pendiente.

UN DÍA EN EL TORRICO

UN  DÍA  EN  EL  TORRICO

         Hace unos días nos fuimos a El Torrico, un pueblo toledano de la comarca de la Campana de Oropesa, cuyo ayuntamiento había tenido el acierto de convocar un concurso literario que se me concedió (esto último ya no sé si fue un acierto, aunque espero que sí). El premio fue importante y el motivo del viaje, pero reconozco que casi ocupó un cuarto lugar una vez que pisamos tierra torriqueña, si es que el toponímico acertado es este.

Se celebraban unas jornadas de los pueblos ribereños –bañados por el Tajo- y con esa excusa se montó un mercado medieval, una carpa con información de cada uno de los pueblos que integran la comarca, muestras de folclore y actividades varias. Lo que más me llamó la atención fue que toda la gente del pueblo se volcó en la preparación de esa jornadas. Tras la entrega de los premios literarios –en la que coincidí después de mucho tiempo con el prolífico Terrín Benavides- se sirvió agua de limón y dulces típicos de la zona a todos los asistentes, que no éramos pocos. Fueron los vecinos quienes prepararon la bebida y esas delicias (yo, en un primer ataque acabé con cuatro rosas –una especie de hojuelas con limón-, tres rolletes de sartén y dos pestiños, y dos vasos de agua de limón y uno de sangría), y ellos mismos las servían en grandes bandejas que parecían no tener fin. Fue el inicio de un día soleado en el que con la compañía de Rosi, Manuel y Ramón pudimos conocer un pueblo de gentes inusuales por su amabilidad y sencillez. Ramón ya nos había hablado antes de las excelencias de este pueblo, pero hasta que no lo vives no te das cuenta de que no exagera.  Ailene se lo pasó en grande montando en las colchonetas y limpiando, con la ayuda de Manuel y su vestido, el suelo de la Plaza Mayor. No le gustó tanto la visita a las caballerizas, a pesar de que los dos borriquillos que allí había parecían sacados de una estampa de los años cuarenta. Lo único que no pudo ser fue conocer a la novia de Luis Ávila, el teniente de alcalde, un personaje singular del que tengo que hablar más extensamente en otro momento. Ni eso ni acercarnos a las ruinas de la ciudad hispano musulmana de Vascos, a un tiro de piedra. En otra ocasión. Pues eso, que si tenéis ocasión, pasaos por El Torrico, que está lleno de buena gente.

SIMPLEMENTE UNA INFAMIA

SIMPLEMENTE  UNA  INFAMIA

Conozco personalmente a De Juana Chaos, y no es ningún placer. Conozco personalmente a todos los que han votado, a favor y en contra, de su paso a prisión atenuada. Y no deja de ser un placer, pero nunca, jamás, habría supuesto ese resultado. Evidentemente la decisión ha sido ajustada a Derecho. Evidentemente en el 98% de casos más o menos asimilables (por no decir el 99) la decisión habría sido -porque siempre lo ha sido- la contraria. Quien no quiera interpretar esto como una maniobra política es porque anda ciego. Y quien no quiera interpretarla como una infamia es porque le sobra misericordia.

 

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OTRO HORNAZO

OTRO  HORNAZO

A mi madre, celosilla ella sin reconocerlo, le han hecho saber que hago propaganda de hornazos ajenos a la patria chica, que viene a ser Albacete, y que incluso los coloco en esta página. Por eso, ni corta ni perezosa, me ha regalado el que veis en la foto, que no desmerece en absoluto del que me regaló Mariché como tributo del pueblo lagarterano. Y no está malo, en absoluto, y Albacete me tira mucho, pero como la bollería gruesa de Lagartera, nada de nada...

 

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PROFESIONES DE RIESGO: DOCENCIA

PROFESIONES DE RIESGO: DOCENCIA

    Casi al pie de la letra. Llega Pilar del trabajo, alborotada, indignada, y me dice que unos padres han amenazado de muerte a una profesora. Maria del Mar creo que es su nombre. La profe lleva días intentando que la madre de una de sus alumnas se acerque a hablar con ella, y no hay manera. Por eso recurre a la hermana mayor para mandarle el recado: “Dile a tu madre que tu hermana tiene piojos, que le eche el champú”. Más o menos es lo que le dice. A la hora no sólo está la madre en el colegio, sino el padre apestando a alcohol pidiendo ver a la puta de la maestra porque le van a dar una paliza que la van a matar, que quién es ella para ir diciendo mentiras por ahí. La profesora se esconde, claro. Y entre el jefe de estudios y la directora intentan calmar al padre. Mientras tanto, fuera, la madre, delante de todo el mundo y hablando con el móvil no para de vocear que ya pillará por la calle a esa puta, que antes o después se la va a encontrar. Algunos profesores le piden a la directora que denuncie a la pareja, y ella dice que nones, que si se llega a ese extremo presenta la dimisión. Esto no lo entiendo muy bien, pero es lo que me cuenta Pilar. María del Mar, que ni siquiera es del pueblo y a nadie tiene ahí, se va a su casa con más miedo en el cuerpo que Carrillo el 23-F.

Esto ocurrió ayer, hoy la madre se ha presentado con un justificante médico en el que se certifica que su hija no tiene piojos, y por eso persiste en su empeño de matar a la puta de la maestra. Cuando la amenazan con denunciarla dice que le da igual, que por otra más no le importa.

Cuando sepa en qué acaba esto os lo cuento. De momento sólo puedo recordar que cuando yo iba a la escuela y el maestro me calentaba con o sin razón, lo último que se me pasaba por la cabeza era contárselo a mis padres, porque entonces recibía ración doble. En cuarto de EGB me cargué haciendo el tonto un pequeño mapa de escayola en relieve que había colgado en la clase, lo partí justo por el Sistema Ibérico. Don Juan Luis, que en paz descanse, me quitó las gafas con cuidado y, sin cuidado alguno, me infló a tortas, me pegó más de diez y con ganas. Mi padre, días más tarde (menos mal que se enteró en frío) le dijo que pocas me había dado. Y no quedé traumatizado por aquello, lo que son las cosas, más bien aprendí que no se destroza ni lo propio ni lo ajeno sin razón. Si María del Mar le hubiera dado un pescozón a la alumna de marras hoy ya le estaban cantando el gorigori.

BUENAS NOTICIAS

BUENAS  NOTICIAS

Hace una semana estábamos en el hospital porque la operación de Ailene se complicó y nos dio un susto importante, pero ya hemos vuelto a casa y la enana se ha convertido en hada, sin vegetaciones, sin infección de oído y sin anginas, pero hada. Y ésta no es la única buena noticia, hay muchas más, a saber: Mariam y Antonio están embarazados (ella un poco más que él); los papeles para nuestra siguiente adopción han entrado a tiempo y quizá podamos emparejar a la próxima chinita (Ailene ahora dice que se va a llamar Bea) con el primogénito de Mariam y Antonio; otro Antonio, tobarreño, ha acabado los exámenes con bien y ya va viendo luz al final del túnel; mi sobrina Pati se ha metido a empresaria cibernáutica y diseña parches de dibujos animados con fieltro; otros sobrinos, Luis Ángel y la Santa Compaña, ganaron ayer un premio de disfraces vestidos de vampiros; Ramón Campayo nos ha hecho llegar su último libro, Aprenda un idioma en quince días, para que a Ailene no se le olvide el chino; Llanos ha empezado a trabajar en un hospital con ardillas; Marta sigue más contenta que unas pascuas con su trabajo de bedela y Fernando engordando por verla feliz; Joe ya es policía jubilado e Ibrahim inicia las prácticas en el mismo cuerpo; Rosa Mari me escribe desde Bolivia y la noto igual que a una guacha con zapatos nuevos; hablo después de muchos años con Emilieta, vuelta de República Dominicana por cuestiones familiares, y Pili, madre de dos enanos, y maestra en una zona marginal de Hospitalet, ambas rebosan alegría. David Arcas se casa en junio en Úbeda, ahí es nada, e Inma algo más tarde con Jose, no sé si en Jerez o en Albacete. A Toñi, me dicen, le va muy bien por Bilbao. A Pilar, la mía, ya se le han pasado los nervios por el susto y, aunque ahora tiene ciática, disfruta oyendo respirar sin sobresaltos a Ailene por las noches. Marta está casi terminando las obras en su casa y es casi seguro que junto a Gema aproveche este verano para visitar el Hogar Niña María de Mariquita-Tolima, en Colombia, y hacer por aquella buena gente lo que pueda. Ramón de Aguilar va a presentar la tercera edición de su libro Historias de gente sin historia el día veintitrés de marzo en Requena. En un correo me manda las últimas cuentas del proyecto, al final se han enviado 15.863,64 euros a Colombia, dinero que allí están empleando con provecho (http://www.publicacionesacuman.unlugar.com/tolima.html). Ricardo Fernández ha presentado ya su libro en Zaragoza y proyecta hacerlo en Albacete, Madrid, Barcelona y Valencia. Luis Pliego lo hará en Cazorla el dieciséis de marzo acompañado de Alfonso Ruiz de Aguirre, quien también irá a Cuenca a dar un taller a padres sobre animación a la lectura organizado por María Parreño, que se va mejorando poco a poco de sus dolencias (es el inconveniente de tener un corazón tan grande, que la gente abusa de él, se le va metiendo en las aurículas y los ventrículos y al final tiene que quejarse de algún modo). Antonio, su marido, nos trajo un cargamento de peluches y material escolar recolectado en el colegio durante las pasadas Navidades. Y yo, aunque estoy pendiente de una nueva operación –le he cogido el gusto al quirófano, te duermen y no sueñas-, ya hago vida casi normal, esta semana tengo tres encuentros con clubes de lectura para hablar de Las Verdaderas Mentiras en Cenizate (creo que por eso me voy a perder el próximo encuentro de los Equinocciales, en el que se pretende disfrazar a Jose de Piolín), y de Grillos de Setiembre en Madrid.

Y ya corto, que me estoy dando cuenta de que esto parece el libro de los Números o el listín telefónico, y encima se me han quedado muchas buenas noticias por dar.

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CUENTO DE NAVIDAD CON RETRASO

 

El veintitrés de diciembre llamaba yo desde una cabina de Zocodover a Puri, de Alcaraz, para felicitarle las Pascuas, cuando vino una muchacha a hacerme señas y enseñarme un papel. Le dije que esperara un poco y terminé la conversación en tres minutos. Leí el papel y se trataba de una cuestación a favor de una asociación de sordomudos. Había que poner el nombre, el DNI, la firma y la cantidad que se deseaba donar. El objetivo era doble, conseguir dinero para la asociación y firmas para que el Gobierno se interesase por una nueva ley de integración de los minusválidos. Yo no soy nada amigo de este tipo de solidaridad callejera, pero había hecho esperar a la muchacha y me sentía comprometido, así que rellené el papel y le di cinco euros. Por encima de mi firma había bastantes de extranjeros con cantidades de dinero mayores, llegué a ver cincuenta euros. Pues nada. Era Navidad y la gente está más sensible. La chica me sonríe y se despide. Luego aprovecho que está abierto el banco –era sábado, cosa curiosa- y voy a hacer una gestión. A la salida, en los soportales de la plaza veo a la chica sordomuda hablando alegremente con otro cuestador e intercambiando dinero con él. Indico que no parecían extranjeros, que iban decentemente vestidos y que el papel que alcancé a ver tenía su sello y todo. Me acerco, pero ellos han empezado a caminar y se meten por la calle estrecha que va a dar a la no menos estrecha plaza donde Bahamontes tenía su tienda. El chico se despide y ya sólo alcanzo a la chica. Nada más verme quiere echar a correr, pero la agarro del brazo. Y empieza a llorar y a decir con claro acento extranjero: “Pur favor, pur favor, navidá, déjame, navidá, no más, pirdona, pur favor...”. Ni sordomuda ni nada. Se lleva la mano libre al pecho y saca de debajo del jersey un puñado arrugado de billetes que me mete en el bolsillo. La gente que pasaba miraba raro, claro, y ella: “Mi voy Madrí hora, pirdona, no más, navidá...”. Le pregunto que cuántos años tiene y que de dónde ha sacado los papeles de esa asociación. Hace ademán de enseñármelos (los sujeta con la mano aprisionada), la suelto, me los tira y sale corriendo. Y la gente que me mira y se aparta un poco al pasar a mi lado. Normal. Pues vuelvo a la plaza de Zocodover y me dirijo al coche de la policía que hay aparcado al inicio de la calle Comercio. A todo esto veo al otro cuestador engatusando a dos que parecen turistas. Le cuento al policía lo que había pasado, le enseño los papeles y el puñado de billetes y me dice que vaya a la calle de la Plata a poner la denuncia. Sí, pero aquel que está allí es también de los que estafan, le digo. Se encoge de hombros, que vaya a la calle de la Plata. Y pienso que no me cuesta nada ir a la comisaría de la calle de la Plata a poner la denuncia aunque son casi las dos y hemos quedado a comer con María José y José Augusto a en punto y en la comisaría como me atienda el que escribe con dos dedos y no sabe cómo se enciende la impresora me va a tener tres cuartos de hora como mínimo, y luego va a poner pegas al darme un recibí del dinero que le entrego, y no es mucho aventurar que si tiene el día cruzado me va a pedir explicaciones de por qué retuve a una menor sin ser yo autoridad y aún me la puedo buscar. Pero es mi obligación, y no me costaría nada hacerlo si como contraprestación el policía que no me hace ni caso y repite como un loro que vaya a la calle de la Plata a poner la denuncia hiciese amago de salir del coche e ir hacia el falso sordomudo a verificar que esa asociación existe y que el angelito no habla. Pero el poli no se levanta y decido hacerle un favor al mundo: vamos a ahorrarnos el papel y la tinta de la denuncia, supuesto que en el mejor de los casos, aunque localizasen a la chica, descubrirían que es menor de edad y no estaría en comisaría ni media hora, menos que yo poniendo la denuncia. E insisto en que me podría denunciar perfectamente diciendo que la he atracado, que no sería la primera vez que esto sucede, según me han dicho se denunció en el programa Callejeros del canal Cuatro.

Así que el final del cuento os toca escribirlo a vosotros: tengo casi doscientos euros con los que no sé qué hacer. Si los llevo a comisaría puede suceder lo que he dicho agravado por la demora en la denuncia. Si me los quedo y me los gasto en leche y pan o gasoil soy un miserable. Y si los dono a Ayuda en Acción, pongo por caso, más de cuatro me dirán que es dinero sucio, así que...

¿Qué haríais vosotros?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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NO TODO VA A SER LIGHT

Me he quedado finalista de un premio literario bastante enjundioso. Un conocido del jurado me ha chivado que al abrir la plica de los cuatro finalistas y ver mi nombre se ha llevado una alegría, pero que se ha quedado de piedra cuando otro miembro ha dicho: "Para Carcelén no va a ser, que ése está ganando muchos últimamente." No puedo decir el premio para no poner en un compromiso al que me ha dado el soplo, que agradezco profundamente, pero si lo llego a saber no me paso tres meses escribiendo una novela y no me gasto sesenta euros en fotocopias, encuadernaciones y correos. Los que andan en este mundillo de mercenarios literarios no tendrán mucha dificultad en averiguar de qué convocatoria estoy hablando. Y escribo esto porque ahora parece ser que para ser escritor no vale ganar premios, es mejor ser escritor de los que se pasan media vida de despacho en despacho, de ayuntamiento en diputación, de fundación en asociación, de concejalía en consejería, de presentación en tertulia, sobando chepas y elogiando al tonto de turno para que suelte la subvención con la que se publicará su próximo libro o incluya su nombre entre los candidatos a ser editados en la próxima colección. Un editor importante -quien, por cierto, me engañó a la hora de firmar un contrato editorial- me dijo hace tres años que como no me dejara ver me auguraba un futuro exiguo. La frase estaba bien construida, no digáis que no, y sonaba bonita. A continuación me invitó a ser parte de un jurado literario y a una tertulia con dos vacas sagradas de las letras españolas de protagonistas. Dije que no a ambas cosas, a la primera porque me había presentado a dicho premio, y ya vi que no lo iba a ganar, porque se fallaba en apenas una semana, era de novela, y el jurado ni estaba formado; a la segunda porque la literatura la disfruto en casa, en zapatillas, no haciendo vida social. Así que no me dejé ver.

Quien tampoco se ha dejado ver ha sido Manolo Calcerrada ni la recua de equinocciales. Al final no los quieren en ningún sitio, las cosas como son, ni en USO, ni en STES. Mejor dicho, los quieren con la condición de que sean dóciles, o sea, que sean sindicalistas pero que no critiquen a la Administración ni a la patronal ni a nadie que pueda ofenderse. Eso sí que es sindicalismo bien entendido. Si tenía poca fe en los sindicatos, ahora ya no tengo ninguna. Esta mañana he ido a devolver el recibo de la cuota del último trimestre. Saco en conclusión apresurada que si quiero echarme a la cara a un sindicalista que no prostituya el término he de buscar bien lejos de los sindicatos. Otra prueba más de que mi apoyo incondicional a los equinocciales se asienta en creencias firmes y que tanto como personas como trabajadores son un ejemplo a seguir.

Otro que sí se ha dejado ver pero en lugares equivocados ha sido el periodista Martín Serrano Herrera, del Diario Tribuna de Méjico, quien se está jugando el tipo por decir verdades como puños. Yo no quiero estropear su historia resumiéndola porque merece la pena ser leída y seguida con detalle. En el blog de Gatopardo tenéis los pormenores; y pinchando en este enlace:

Tribuna de México

Para ser escritor, o sindicalista o periodista es necesario no ejercer, so pena de que no te tomen como a tal. Mi amigo Alfonso, por ejemplo, en lugar de dedicarse a tertuliar para dejarse ver, va y se pone a firmar libros a beneficio de los niños afectados por el Síndrome de Angelman:

Y David Melar, en lugar de ponerse a cantar de puerta en puerta para pedir el aguinaldo lanza una campaña cibernética para seguir recaudando fondos con destino a Mozambique:

Proyecto de Mozambique

Ramón de Aguilar, para no ser menos, nos felicita las Pascuas con un precioso texto

Niñas del Hogar Niña María

Bastante menos tradicional que la foto que se ha dejado hacer Ailene con el portal de Belén de fondo. Como ella es budista ha introducido alguna novedad, por ejemplo, el pesebre es una casa de Playmobil y en lugar de burra y buey, hay una jirafa.

No, si al final va a ser verdad que no todo es light.

 

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OS REGALO UN CUENTO

OS  REGALO  UN  CUENTO

CRISTÓBAL JUDEA PALAZÓN (o la incompleta Trinidad)

“Dios no está muerto, está vivo y trabajando en un proyecto menos ambicioso”   Pintada callejera 

Nadie supo jamás a ciencia cierta qué extraño desvarío llevó a Cristóbal Judea a abandonar su prometedor puesto de trabajo como envasador de pizzas en un conocido local de reparto a domicilio del madrileño barrio de Aluche. Nadie supo jamás por qué el dieciséis de febrero de mil novecientos noventa y nueve, a las doce menos cuarto de la mañana (“Hora taurina donde las haya”, según él mismo sentenció, o, al menos, así lo aseguran algunos testigos que presenciaron su espectacular despedida) Cristo –como era conocido en la zona desde pequeño- hizo trizas la gorra plagada de ositos panzones que la empresa obligaba a llevar a sus empleados, padeciesen o no de alopecia, para acto seguido desnudarse hasta quedarse en traje de Adán y proferir alabanzas sin fin al Santísimo Sacramento del Altar y consignas libertarias que relación decían con la II República, la Revolución Castrista y los postulados dignamente ecológicos de Greenpeace. Cuando el encargado del establecimiento pudo o supo reaccionar, las comerciales lunas que invitaban con su transparencia a los transeúntes a degustar la más fabulosa y variada colección de pizzas imaginables (“Especial atención a la Superminiwonderwhooperboom, regalo de un Happy Happy, oferta de la semana”), lucían coloreadas estampaciones que los menos avispados confundieron con novedosos adhesivos publicitarios y los más cercanos identificaron como hojaldres de pizzas moteados de salsas especiales de la casa. Cristo consiguió estrellar los últimos pedidos contra los cristales antes de que el guardia de seguridad lo redujese (no de tamaño, se entiende) y lo esposara al grifo del servicio de señoras, no habiendo encontrado sitio más adecuado con las prisas del momento. Por más que el encargado se empeñase en cerrar la puerta para no ahuyentar a los pocos clientes que todavía quedaban, los gritos de Cristo resonaban de esquina a esquina: “Yo no he venido a traer la paz al mundo, sino fuego...; mi reino no es de este mundo...; he venido a los hombres y los hombres no me han conocido...; abajo el dominio explotador de las multinacionales...”

Nadie acertó nunca a explicarse cómo un chico formal de no más de treinta años, con estudios universitarios reglados, inmerso en una cuenta de ahorro vivienda, de comunión diaria (aún escribiré más, miembro de mayor antigüedad de la sección juvenil de la Adoración Nocturna), sano y deportista, internauta aficionado, con novia desde el vientre de su madre y con el único vicio conocido de asistir a los mítines políticos de campaña electoral para aprovecharse de los bocadillos y refrescos que se obsequiaban al final -y sólo al final- del acto, decidió de la noche a la mañana adentrarse en los vericuetos de la esquizofrenia. Su novia, vocal de las Marías de los Sagrarios y cordimariana ejemplar, atribuyó, en un primer momento, el cambio de Cristo a un afán de notoriedad provocado por el visionado excesivo de programas telebasura y a su deseo de protagonizar alguno de ellos para incrementar el líquido de sus ahorros bancarios. Eso fue al principio. Cuando Cristo, en el segundo día de su nueva vida, le confesó  sin inmutarse que una prostituta de la Casa de Campo se había enamorado de él y que se sentía en la obligación de corresponderla, varió su impresión primera para volver a variarla al día siguiente tras escuchar otra aterradora revelación: “Magdalena –le dijo, equivocando su nombre-, he de reconocerte que soy un poquito mariquita, por no decir homosexual, que es vocablo bíblico”. Horas después los que estaban llamados a ser sus suegros la telefoneaban para comunicarle que Cristo, sirviéndose de una soga, había expulsado del templo de Los Jerónimos a los invitados a una boda fastuosa llamándolos mercaderes, raza de víboras, sepulcros blanqueados, políticos y lindezas por el estilo. Había sido arrestado.Se convirtió en rutina recibir llamadas de comisaría anunciando un nuevo alboroto de Cristo. La gota que colmó el vaso fue el apaleamiento de un cojo que se negó a tirar por uno de los puentes de la M-30 sus muletas a requerimiento de Cristo: “En el nombre del Dios vivo, ¡levántate y anda!”, le gritaba al asustado impedido. Por una falta de amenazas y lesiones leves que luego se convirtió en delito al acumularse el desacato ingresó en la prisión Madrid VI, vulgo Aranjuez. “¿Que si se declara culpable o inocente?”, insistía el juez; y él, con la misma cantinela: “Tú lo has dicho. Prefiero que liberen a Barrabás y que un solo inocente vierta la sangre por el bien de la Humanidad”.En la cárcel estrenó un módulo experimental. Por vez primera en mucho tiempo pudo conciliar el sueño gracias a la medicación brutal que le administraron los servicios médicos penitenciarios. Con las sirenas que anunciaban el recuento de la mañana se despertó para percatarse de que compartía celda (chabolo lo llamaban allí) con un casi anciano barbudo y canoso. Inspiraba confianza, por eso le contó su historia, desde el principio hasta el fin. - ...Y aunque la cosa empezó en Galilea sé muy bien dónde va a desembocar, que me he leído mi vida un montón de veces. Lo que sucede es que hay muchos detalles que no cuadran. Mira, por ejemplo: hasta el día de la fecha nadie me había dado a conocer mi verdadera identidad sexual; no sé por qué la Sagrada Escritura es tan reacia a mostrarme tal y como soy, parece pecar de pudor anacrónico, si bien no dejo de reconocer que hay indicios velados que a los auténticamente estudiosos no escapan.- ¿Podrías aclararme ese extremo? – interrumpió inesperadamente el anciano que escuchaba con una atención que a Cristo motivaba para seguir y seguir y seguir.- No faltaba más. Soy homosexual, y lo sé porque en mi anterior vida siempre estuve rodeado de mujeres y nunca me casé, lo sé –y en ese punto impostaba un tanto la voz- porque consentí que Judas me diese un beso que se ha hecho famoso; lo sé porque Juan, mi discípulo amado, recostaba su cabeza sobre mi pecho y no impedí que Mateo lo incluyese en su Evangelio..., ¿son necesarias más pistas?- Me dejas de piedra.- ¿Por qué? No es tan terrible ser gay.- No, no es por eso, es que me extraña que siendo yo tu padre no me recelase nada de eso –sentenció con voz todavía más grave el compañero de celda.- ¡Abba!, ¡Dios! –gritó Cristo con lágrimas en los ojos.- ¡Hijo mío!, ¡Jesús y hombre verdadero! –lo acogió entre sus brazos.Y así fue cómo Cristo conoció a la primera persona de la Santísima Trinidad.A esa charla inicial siguieron otras muchas, todas de trasfondo teológico.- No estoy puesto en muchas exégesis –hablaba Dios, de nombre Fermín Valencia, profesión aparejador y condenado por un delito contra la salud pública por más que él se empeñase en defender una conspiración judeovaticana contra su persona que, a la sazón, era triple- porque se me cansa la memoria según avanzan los años, y es que ser eterno envejece una barbaridad, pero ¿estás seguro, Cordero Inmaculado, que somos Padre, Hijo y Espíritu Santo? Lo digo porque me cuadra mejor Padre, Hijo y Madre.- Tres personas y un solo Dios. Padre, Hijo –su seguro servidor-, y Espíritu Santo. Te referirás, tal vez, Padre Eterno y Bondad Infinita, a que no consigues explicarte por qué la Palabra Revelada da noticia de una paloma como materialización principal del Espíritu Santo cuando todo el mundo sabe que tales aves son incapaces de articular sonidos. “Se oyó una voz que decía: Éste es mi Hijo muy amado, el predilecto. Escuchadle.” ¿Te acuerdas de eso, cuando me bautizó mi primo, y consecuentemente sobrino tuyo, en el Jordán? Una paloma no pudo hablar, tuvo que ser, en todo caso, un loro.- ¡Qué misterios tiene la vida sobrenatural! –exclamó Fermín asumiendo tan extraordinario descubrimiento.Y con un “Hasta mañana, si yo quiero”, deseó las buenas noches a su Hijo y compañero.Y así, entre charla y charla teológica, fueron pasando los días de la condena. De lo que quisiera que intentara hablar Fermín siempre surgía una nueva enseñanza por parte de Cristo: “¿Cómo que qué hacemos en la cárcel, Yahvé Sebaot? La idea de cárcel no es de ningún modo ajena a nuestras enseñanzas. Definimos muy bien la cárcel cuando dijimos que el día en que los hombres callen, gritarán las piedras. Los presos son hombres que callan. La cárcel son piedras que gritan.” El roce, amén de cariño, hace crecer perplejidades, a ello se debió que Cristo se extrañase sobremanera al comprobar que el Creador del Universo necesitaba como cualquier hijo de vecino comer, beber y defecar: “¿Y no has probado a prescindir de tales bajezas?”, le preguntaba con cierto escepticismo. Y  lo hacía basándose en que él, a fin de cuentas, era perfecto Dios, pero también perfecto hombre, por lo que no podía omitir el enojoso trámite de visitar el excusado, más enojoso, si cabía, dentro del contexto penitenciario. Fermín, con menos utillaje hermenéutico, se defendía como gato panza arriba: “Ten en cuenta, Verbo Encarnado, que de esa forma me muestro más cercano al mundo al que me quiero revelar.”Las discrepancias no tardaron en surgir, pues no siempre los argumentos del Hijo convencían al Padre quien, por otra parte, ya se estaba cansando de tener que ceder su monopolio de la divinidad en beneficio del compañero de celda. Afortunadamente la Junta de Tratamiento del centro penitenciario aconsejó la excarcelación de Cristo al hacerse lenguas los funcionarios de su ejemplar comportamiento. La incompleta y santísima Trinidad se vio de nuevo dividida, acaso en el momento mismo que más convenía a la subsistencia del dogma trinitario. Es cierto que Cristo visitó en alguna ocasión a Fermín para no echar a perder la perikoresis o circumincesio. No obstante sus encuentros dejaron de menudear cuando se supo que el Padre había cambiado el feo vicio de Onán por el más feo aún de esnifar cocaína. Un cúmulo excesivo del polvo blanco entre las conexiones de sus neuronas hizo, tal vez, que Fermín enloqueciese y tuviese que ser trasladado al hospital psiquiátrico penitenciario de Foncalent. En la celda de observación pasó semanas y semanas repitiendo: “¡Por el amor de mí mismo! En la tierra cada día están más tontos..., ¿pues no se han emperrado ahora en hacer santa a Lady Di?!”. Cristo agradeció secretamente que, en ocasiones, la Providencia estuviese por encima incluso del Sumo Hacedor.

Cristo aprovechaba cualquier aglomeración de gente para reiniciar su vida pública; en los vagones del metro predicaba las bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos no defraudarán a Hacienda; bienaventurados los humildes, porque ellos no contratarán a sudamericanas que les trabajen catorce horas diarias sin darlas de alta en la Seguridad Social; bienaventurados los misericordiosos, porque ellos no se comprarán trajes de cien mil pesetas mientras la gente de Somalia no tiene qué ponerse ni qué comer; bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque ellos no votarán a los políticos equivocados...” No pocos lo escuchaban con relativa atención hasta que Cristo comenzaba a desvariar: “Dijo una voz popular: No te toques la nariz que te vas a despeinar...; he aquí que hago nuevas todas las cosas, repetiré mi famosa intervención de la multiplicación de los penes y las paces...” Hilaridad más que conmiseración era lo que producían sus discursos supuestamente incendiarios: “Venid aquí, benditos de mi Padre (quien, por cierto, ahora está en Foncalent), porque estuve desnudo y vinisteis a verme...”. En una ocasión coincidió con su madre en el vagón de la línea seis del metro donde solía predicar. Sintiendo más vergüenza ajena que amor maternal se le acercó para callarlo y Cristo, con mirada extraviada, le respondió: “¿Qué tengo yo que ver contigo? No insistas, madre, no voy a convertir el agua en vino por muy amiga que seas de los novios de Caná. En todo caso convertiría el vino en agua, que hay mucho borracho y mucho inspector de Hacienda pululando suelto por el mundo.” Los usuarios del transporte público le obsequiaban calderilla por el convencimiento con el que actuaba, no sabiendo los mismos que no se trataba de actuación, sino de pura y disparatada vivencia. “Dime, buen hombre, ¿qué rostro hay representado en esta moneda?, -inquiría- ¿no es el del César? Pues dale a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.  La gente de buen corazón, que muy escasa, pero la había, se prestaba al juego: “Aquí no hay ningún César, es la cara del rey”. Y Cristo se crecía: “Igual me da, dásela al rey, y en todo caso, estírate un poco más y si me das monedas que sean de quinientas, no de cinco.” Esos momentos de lucidez certificaban que el redivivo hijo de Dios podía ser tachado de medio tonto, nunca de tonto entero.

Sería exagerado afirmar que su fama se extendió por todo Madrid, pero faltaría a la verdad si no queda reseñado que algunos viajeros subterráneos habituales de la línea seis buscaban el vagón de Cristo para hacer más llevaderos sus desplazamientos con la atenta audición de sus supuestamente bíblicas ocurrencias. “Prestad atención: para estar despiertos es necesario no estar dormidos, y el que quiera seguirme que cargue con su cruz y me siga. Tú, el del fondo, déjalo todo y sígueme.” Excuso decir que jamás dieron resultado sus tan directos requerimientos para comenzar a formar un grupo de discípulos, por lo que optó por visitar las oficinas del INEM para reclutar a los doce. Gracias al normal funcionamiento de la Administración Pública se atendió su petición sin la menor extrañeza, y el funcionario de turno expuso el anuncio de Cristo como si de una colocación más se tratara. Tuvo que hacer una selección pues fueron muchos los atraídos por la oferta: “Se precisa varón mayor de edad con ganas de trabajar, conocimientos de agricultura, pesca o nociones de cambista. También se necesita un traidor. No es necesario vehículo propio.” Durante la séptima entrevista Cristo se percató de que sólo había hablado con extranjeros con cierta dificultad para comprender su idioma, y que, a lo que parecía, el resto de candidatos pecaba de lo mismo. Pensando que tanto trámite demoraría el comienzo de su vida pública con séquito contrató a los doce siguientes sin más dilación. Entre ellos  había tres mujeres, dos de ellas nigerianas, cuya presencia Cristo justificó ante sí mismo como una concesión a la progresía. El resto del apostolado quedaba completado por tres orientales clónicos, un andaluz que había confundido traidor con tirador, y él lo era, ya que su pasión de juventud había sido la caza menor, un empleado de banca en excedencia voluntaria por interés particular que había decidido sacarle más jugo a la vida y experimentar sensaciones nuevas, un vendedor de la Farola en cuya camiseta podía leerse: “Por caridá una limozna, que tengo dos hijos y un sida. Salgo anunciado en televisión”; dos jovencitos de ceñidos pantalones y andares inequívocos en cuanto a su orientación sexual –uno de ellos asumiría el papel de Juan-, un fugado de Ciempozuelos y una maestra nacional jubilada que había confundido las oficinas del INEM con las del INSERSO.

Plugo a la casualidad, que es el nombre laico de la providencia, que cierto reportero de televisión acertara a pasar por el Parque del Retiro cuando Cristo aleccionaba a los suyos acerca de sus funciones. Le pareció aquel fortuito encuentro un premio a su tenacidad y emplazó al grupo en los estudios de Tele Brinco para entrevistarlos en su programa nocturno. Cristo sólo puso como condición que en su espacio televisivo pudiese declamar sin cortes publicitarios el Sermón de la Montaña. A él le entregaron un cheque por valor de cincuenta mil pesetas; a su grupo lo contentaron con cinco mil pesetas por barba, un bocadillo de caracoles y un agua mineral. Su primera intervención mediática estuvo marcada por el milagro; el reportero lo instó a curar a un espectador cualquiera de alguna de sus dolencias y, para estrenarse, se atrevió con una hernia de hiato. Por supuesto que todo estaba preparado a espaldas de Cristo para dejarlo en ridículo una vez él hubiese intervenido, no obstante, fue tal el apasionamiento que puso en su trabajo que el falso afectado temió ser objeto de las iras del sanador y no se atrevió a desfacer el entuerto. Como él no se arrancó, tampoco lo hizo el presentador, y el regidor estimó como medida más prudente dejar que el ser se manifestase y las cosas siguiesen su rumbo. En el segundo programa curó  a una anciana abulense que oía un molesto pitido desde los trece años. Tan pronto la tocó Cristo, dejó la mujer de acusar tal molestia. En esta ocasión nada había preparado, la de Ávila quedó sanada verdaderamente. El fallo fue que nadie se molestó en comprobar que meses atrás la misma mujer había dejado de ver sentados en el sofá cama de su saloncito a sus tíos abuelos muertos durante la hambruna de finales de siglo en la colonial Santiago de Cuba. Unas pastillas para el mareo que le aconsejó su vecina obraron el milagro. Escarbar demasiado habría sido descubrir que dos años atrás Dorotea, que así se llamaba, mantenía conversaciones habituales con uno de sus gatos siameses (lo curioso del caso es que las vecinas veían más extraordinario el hecho de que Dorotea, señora de buena posición, se rebajara a hablar con un minimo antes que el que un gato hablara) La buena mujer terminó de catapultar a la fama a Cristo, quien se hizo imprescindible en el espectáculo que noche a noche, de lunes a jueves, se organizaba en los estudios de Tele Brinco. Fue penoso tener que despedirse de los discípulos, quienes se negaron a seguir acudiendo a entretener a media España (a la España intelectual, se entiende) a cambio de un mísero bocadillo y un agua mineral –que ni siquiera lo era, pues las botellas estaban sin precintar y el contenido sabía a cloro en exceso. Cristo les encargó ir a predicar a todo el mundo, que su paga sería el Reino de los Cielos. Todos sin excepción prefirieron remuneración económica mejor que paga tan etérea. La única ocasión en la que Cristo no pudo obrar el milagro fue cuando intentó sanar a un escayolado. “¡Ni se te ocurra!”, le espetó el inválido; luego resultó que se trataba de un funcionario de baja laboral que por nada del mundo quería perder sus pagadas vacaciones.

Tras de tiempos vinieron tiempos, siendo su consagración definitiva la noche que propuso dejar en la carretera los cadáveres de los fallecidos en accidente de tráfico como medida disuasoria o preventiva, “...estimo que es la mejor campaña concebible toda vez que, lógicamente, habría que oír el parecer de los familiares”, concedió a la audiencia. Puro espectáculo, mas la audiencia exigía cada vez más y más, y hubo que intentar el más difícil todavía: ¿sería capaz de repetir el milagro del ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches? Aceptó el reto, añadiendo un plus de peligrosidad, no ayunaría de comestibles y bebestibles, lo haría de sentido común, lo que quedó traducido y pactado como aguantar durante cuarenta días y sus noches visionando ininterrumpidamente vídeos grabados de programas telebasura (como en el que trabajaba) y leyendo simultáneamente revistas de la prensa rosa. Se organizó una especie de concurso en el que, junto a él, participaron un concejal de izquierdas y otro de derechas, haciendo notar Cristo que de ese modo se faltaba a la exactitud bíblica, pues el Evangelio sólo hablaba de un ladrón, no de dos, y además de un buen ladrón. De alguna manera el muchacho presentía cercano el momento de su muerte, ya que, amén de la anterior observación, en los últimos programas había aseverado que podían destruir la Cibeles, que en tres días él la reconstruiría, en clara alusión a su cuerpo y a su resurrección. Los concejales no aguantaron ni tres días, uno de ellos se despidió increpando a Cristo: “¿No eres tú Dios? Pues sálvate a ti mismo”. Lo decía dado el mal color de la tez de su contrincante.

Al sexto día Cristo falleció de la peor de las muertes, ahogado en su propio vómito producido por tanta estulticia visionada. España entera pudo escuchar las palabras agónicas de su despedida: “Padre, si todavía estás en Foncalent, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Frente a él, en la pequeña pantalla que había servido de potro de tortura, un energúmeno que se autoproclamaba periodista y cuyos gestos lo delataban como afeminado sobresaliente preguntaba a una chica operada de todo salvo de las neuronas –ningún cirujano pudo encontrarlas en su cerebro- si era cierto que pensaba vender la exclusiva del momento en el que perdiera la virginidad por enésima vez. “Lo haré, pero con fotos robadas”, contestó la arpía, y al punto Cristo exhaló su último aliento. Un cámara suplente comentó: “Verdaderamente tenía buen juicio”. A buen seguro que le habría gustado al finado que alguien mintiese que era hora taurina.

Por el programa desfilaron en días sucesivos los padres, la novia y el encargado de la pizzería en la que trabajaba Cristo, éste último promocionando camisetas de su establecimiento que utilizaban como reclamo la imagen del nuevo Mesías. Camisetas, llaveros, pegatinas, encendedores..., alrededor del fallecido se generó toda una industria del recuerdo que llegó a convertir su tumba en lugar de peregrinación. Lo que muy pocos supieron fue que al tercer día la lápida apareció removida y vacío el nicho. El encargado del cementerio se apresuró a colocar todo en su sitio para evitarse problemas, creyendo a pies juntillas, eso sí, que Cristóbal Judea, antiguo envasador de pizzas, había ascendido en cuerpo y alma a los cielos. Con el tiempo se le olvidó que la tarde anterior un anciano extravagante de luengas barbas venido expresamente de Foncalent le había preguntado por su hijo, a quien buscaba con ahínco para comunicarle que el Espíritu Santo, en definitiva, no era ni una paloma ni un loro, sino más bien el ave fénix, la única capaz de resucitar de entre sus cenizas. “Sólo así –explicó al asombrado sepulturero- obtiene plausibilidad la aparición de llamas de fuego sobre la cabeza de los discípulos cuando se les confiere el Espíritu.” Y dicho aquello emprendió camino hacia poniente para  adentrarse en la eternidad.

HEMOS VUELTO

HEMOS  VUELTO

Al final Ailene no me hizo mucho caso y ha pasado de actualizar la página. Creo que está entrando en la crisis de la adolescencia y ya se va notando el conflicto generacional entre padre e hija. Le interesan mucho más las vacas azules que sus propios padres. Pero así es la vida. Como ella no lo ha hecho, aprovecho ahora para dar las gracias a todos cuantos se han interesado por mí en esta convalecencia y pido perdón por no haber podido atender  algunos compromisos. Hemos vuelto y es preciso indicar que se ha acabado la puja en la que subastaba personajes, que ha sido bastante fructífera (se ha recaudado mucho más dinero que si me hubiese empleado como gigoló) y que al final subasté dos novelas por falta de una. Con la primera se obtuvo la cantidad de tres mil euros que ofreció una sola persona, Arturo Íñiguez, y con la segunda obtuvimos dos mil cuatrocientos setenta euros, después de varias pujas y donaciones. El vencedor fue un "anónimo bienintencionado" que se llevó el gato al agua por mil doscientos euros. Gracias a todos. Parte del dinero se adelantó en su momento para el proyecto de Nigeria y lo que resta por mandar se hará antes de Navidades. La verdad es que el resultado ha superado con mucho las expectativas, gracias sobre todo a la publicidad que habéis hecho de la misma algunos de vosotros. El tema de los equinocciales veo que sigue generando comentarios. Habrá que actualizarlo porque desde que se publicó han sucedido muchos y sustanciales cambios que no hacen sino darles la razón. Y, de momento, nada más.

Gracias de nuevo a todos.

SEGUNDO AÑO TRIUNFAL

SEGUNDO AÑO TRIUNFAL

Hace un par de años publiqué este artículo como regalo de bodas. Como la  pareja se lo merece, lo coloco aquí y les felicito el segundo aniversario (11 de diciembre) con una canción de Carlos Goñi.

http://www.youtube.com/watch?v=ov5lu1Roy8A

CARTA A ANTONIO

Te envidio; sin apenas conocerte te envidio porque hace unos meses tu corazón se empeñó en alquilar de por vida y a renta antigua alguno de sus muchos recovecos -de los que no figuran en los libros de anatomía- a una persona maravillosa que cuenta tras de sí con el apoyo de una familia que no lo es menos. Personalmente opino que detrás de una gran persona hay siempre una gran familia, aunque no sea numerosa. Esa persona y esa familia necesitaron poco tiempo para inspeccionar el huequecico que se les brindaba para acomodarse en él con todas las de la ley. Y muy a gusto.

También te envidio porque los iguales se buscan, y algo extraordinario ha debido de ver Mariam en ti para querer coincidir contigo en este proyecto ilusionante que en noviembre comenzáis.

No voy a poder acompañaros en ese inicio porque vuelo a China para conocer y recoger a Ailene, la que ya es mi hija, pero a la vuelta tenemos que celebrar tantas buenas nuevas con una tarta que todavía anda pendiente y cuyas velas seguro que soplará la tía Leónides desde el cielo. Si es menester pondremos como música de fondo cualquier canción movida de Carlos Goñi para que no nos pueda del todo el sentimentalismo.

Sí he de advertirte algo que por pudor creo que nadie te ha revelado: Mariam, como la princesa Leticia, es divorciada. Siendo ella muy joven y a instancias de sus propios padres se divorció de la desesperanza, del conformismo, de la desilusión. Tuvo buena escuela, me consta. Mantener la sonrisa cuando todo va bien es fácil, pero no desdibujarla del rostro ni en los momentos más oscuros tiene un mérito que ni te cuento. Y cuando esos momentos se transforman en días, y en meses, y en años..., hazte tú mismo el cargo. Por eso la sonrisa de Mariam luce más que la de los anuncios de dentífricos, su fondo no es vano ni comercial.

Ya puestos, me voy a atrever a confiarte otro secreto: la tía de Mariam, Leónides, que vivió sus últimos años postrada en cama, aseguraba que veía ángeles en la habitación. No mentía ni sufría alucinaciones, decía eso porque le resultaría muy complicado distinguir el trato exquisito que le dispensaba  la familia de Mariam, su familia, del que se les supone a los ángeles. Y en el caso de que no se tratase de una confusión, bien podría ser que los ángeles del cielo (tronos, dominaciones, principados y potestades) bajaran a esa casa a aprender a comportarse con caridad y entrega total -modelos ahí no les faltarían- y en ésas anduvieran cuando los sorprendiera la tía Leónides.

Me alegra, por fin, Antonio, que le hayas plantado cara a la ficción. Te propongo un trato: si no dejas sola a tu mujer ni un solo momento el día siguiente al de vuestra boda -por favor, coged el taxi hacia la estación al mismo tiempo-, jamás le diré a ella qué tuvieron que ver contigo Sabina y Ailene.

UN MAL DÍA

UN MAL DÍA

Una mala tarde la tiene cualquiera, y ayer yo fui cualquiera. Hice cuarenta mil cambios para poder asistir a un cara a cara entre Espido Freire y Lucía Etxebarría y ¿tú les escuchaste algo de literatura? Yo tampoco. Menos mal que coincidí con Faustino Lara, escritor y amigo, y su opinión fue idéntica a la mía, un fiasco. En honor a la verdad no puedo hurtar que Espido habla de miedo, quiero decir que su fluidez asombra porque lleva aparejada corrección, ausencia de muletillas, vocabulario rico sin ser pedante, y elegancia. Lucía habló de su hermano, de su padre, de su familia toda, de la FNAC, de Telefónica, de la SONY, de Pasión de Gavilanes, de la Pantoja, de la Belén Esteban y temas aledaños. De verdad que no es broma. Pero de literatura, que es el tema que me interesaba, no oí una sola palabra.

El encuentro estuvo bien, ameno, un lujo, comentaron algunos de los presentes. Pero todo cuanto allí se dijo se puede escuchar en la charcutería de la esquina -quizá con palabras no tan exactas en el caso de Espido, y con palabras más exactas en el caso de Lucía-, en cualquier tertulia radiofónica (en las televisivas no tanto), o en la cafetería del trabajo. Salí un poco mosqueado, máxime cuando me comentaron que la semana anterior, cuando Espido charló con Lorenzo Silva, se habló de literatura de la buena. Aunque he de reconocer que el enfado me venía de la mañana cuando recibí una carta de Hacienda en la que se me requería el pago de 154,70 euros como sanción. Corrí raudo a ingresar 54,70 euros a la caja más próxima, porque por pronto pago me perdonaban un buen pico. Ya no ejerzo el derecho al pataleo ni al recurso, que con Hacienda no se puede. Todos los años igual, me toca ir a explicar que no es que esté empleado en varios ayuntamientos, diputaciones o sociedades varias, sino que los ingresos que de ellas recibo obedecen a premios literarios, y que si los tesoreros en cuestión hacen mal los papeles no veo por qué me ha de tocar a mi año tras año desfacer los equívocos. El último año ya no pude desfacerlo, el secretario del ayuntamiento de Ciudad Real no me mandó a tiempo el papel correcto y me tocó pagar la sanción. Si a eso le sumas los gastos de teléfono la broma te sale por un ojo. Pero lo de este año ha sido el colmo. Voy con todos los papeles a Hacienda para que sean ellos los que me hagan la declaración y así, en teoría, dejar menos margen al error. Pues bien, la chica que me toca en suerte, graciosa y mona donde las haya, contratada al efecto durante sepa Dios si una quincena o un mes, y con menos idea que yo, que ya es decir, tiene que estar consultando al chico de la mesa contigua, igual de mono y de gracioso, extremo sí, extremo también. Después de media hora larga o una hora corta llegamos a un escollo insalvable: la Junta de Calamidades de Castilla La Mancha me ha dado una subvención e insisto en que hay que ponerla. Ella dice que no, que si es una ayuda que me dan, ¿cómo me van a exigir después que les devuelva parte de la ayuda? Le pido que le pregunte al compañero, total, una vez más, ¿qué importaba? El compañero dice que el tema de las subvenciones no estaba claro, que algunas sí se declaraban y otras no. Es decir, que me deja igual, pero con peor talante. Hace una llamada a la Central, que a mí me suena a FBI o instituciones parecidas. Allí le dicen que tendrían que ver los papeles, pero que en principio no hay que declarar. Bueno, pues no la metemos. Firmo con que estoy conforme con todo lo que me han hecho y al cabo de los meses me viene la sanción por no declarar la subvención. Me personé en Hacienda para protestar y me dijeron que le fuera con el cuento al lucero del alba, que mi firma figuraba allí y con ella aceptaba estar conforme con lo que habían puesto. 54,70 euros me ha costado la gracia. Antes la declaración me la hacía mi hermano, que al menos se preocupa de leerse las aburridas y cada vez más farragosas instrucciones para rellenar los impresos, y también había requerimientos por parte de Hacienda para explicar esto y aquello, pero sin consecuencias. Ahora me las hace personal que se supone que está entrenado para eso y ya van tres de tres que meten la pata. Y la que me espera este año es de órdago a la chica, también con el tema de otra subvención, en este caso por adopción. Una inspectora de Hacienda conocida de la familia nos aseguró que no había que ponerla en la declaración, el chico que nos la intentó hacer -al final no le hicimos ni caso y encima se enfadó- nos dijo que sí, que de todas todas; un gestor que se gana el sustento haciendo declaraciones entre otros oficios varios afirmó que había que declararla y, por último, el teléfono ése en el que se pueden consultar las dudas, tras un cuarto de hora de espera, setenció que había que declararlo a no ser que fuese uno de los casos excluidos en el apartado 5.4. Nunca encontramos el apartado 5.4 y pasamos de gastar otro cuarto de hora, si no más, inquiriendo dónde estaba el apartado 5.4.

Para colmo de males, tras el decepcionante encuentro con Espido y Lucía, llego a casa y Ailene dice que no es Ailene, sino Lucía Yumei, otra oriental compañera de colegio que tiene las coletas más largas. Y por si fuera poco, cuando enciendo la televisión para ver Documentos TV (grabado del día anterior) me entero de que estaban otra vez con la sandez de Gran Hermano, de Operación Triunfo y el cese no cese de Luis Aragonés.

 

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LOS EQUINOCCIALES

LOS  EQUINOCCIALES

 

Hace un año aproximadamente dos equinocciales que trabajaban desde hacía la tira de años -también aproximadamente- en el sindicato CSI-CSIF de Toledo, Manuel Gómez Calcerrada y José María Fernández, decidieron que ya era hora de que se les inflaran las narices y pusieron a bajar de un burro a los que en el mismo sindicato se dedicaban a beneficiarse a costa de los afiliados y a costa de las ventajas que sus cargos comportaban. Al mismo tiempo denunciaron las irregularidades que esos sujetos protagonizaban, pero como resulta que quienes por encima de ellos tenían que escuchar esas denuncias eran tan mafiosos como los denunciados, en lugar de llamar al orden a los gaznápiros amenazaron a Manolo y a José María con cortarle los vuelos (¡vuelos, Marisa, he escrito vuelos!) si no cejaban en su empeño. Y claro, como no desistieron, sino que fueron a más y comenzaron a sacar a la luz parte de las tropelías de sus compañeros y superiores a lo largo de años, pues terminaron destituyéndolos, desliberándolos y echándolos del sindicato. Denunciaron entre otras muchas cosas que una familia de mandamases de Ciudad Real (la familia Retamosa, para más señas) se dedicaban a crear puestos a medida dentro del sindicato para más familiares, pisando a quien tenía derecho a ellos legalmente. Denunciaron muchas cosas que no viene al caso citar porque llenaría toda la página y no habría empezado. Lo que sí viene al caso es decir que mucha verdad habría en esas denuncias cuando sindicalistas con más de quince años a sus espaldas apoyaron todas y cada una de sus reivindicaciones, y se solidarizaron con ellos hasta el punto de amenazar a Madrid con salir zumbando del sindicato si no se investigaba todo con detalle. En Madrid lo consideraron un farol y no hicieron ni caso, así que Teresa, Faustino, Marisa, Fernando, Eva y Pilar dijeron adiós muy buenas, ahí os quedáis con vuestro nepotismo, vuestra corrupción y desidia. Otros muchos los apoyaban, pero no dieron el paso de salir del sindicato porque les suponía un paso demasiado incómodo en demasiados sentidos. Estaban en su derecho, por supuesto. Pero como también José María, Manolo, Tere, Faustino, Marisa, Fernando, Eva y Pilar habrían estado en su derecho de seguir comulgando con ruedas de molino a cambio de un puesto de trabajo agradecido, de horario flexible, compatibilizable con facilidad con la vida familiar, sin tener que coger el coche ni buscar a quien se ocupase de los niños, etc., etc., etc., y no lo hicieron, hoy los traigo a este rincón, para agradecérselo.

Yo no entiendo de sindicatos; estoy afiliado porque en mi trabajo hay riesgo constante de necesitar asesoría jurídica y seguro, que si no ni eso, pero como lo que hicieron los equinocciales es un gesto al margen de sindicatos, un gesto que tiene que ver con la integridad y la dignidad en su estado puro, merece un reconocimiento, aunque sea tan modesto como estas líneas.

Si en el mundo sindical, político..., si en el mundo en general hubiera muchos equinocciales todo marcharía muchísimo mejor, seguro.

P.D.- Se llama equinoccial a quien se reúne con los similares de forma obligatoria en el tiempo cercano a los equinoccios, comulga o aborrece las doctrinas tántricas y del yoga, piratea en el Emule lo que no está en los escritos, compra espadas de La Guerra de las Galaxias para sus hijos, custodia sombras en el Museo Santa Cruz, prepara migas, pizzas y fresas con chocolate para morirse, envía correos electrónicos curiosos, se caga en los muertos de los jerifaltes de la Junta, tiene un archivo de millones de fotos digitales, en el pasado llevaba temas de salud laboral o está en espera de adoptar otra chinita. Sus parejas también lo somos, aunque hayamos tenido que pasar arduas pruebas para ser admitidos.

En la fotografía puede verse a parte de los equinocciales en una reunión de trabajo

BASURAS SOLIDARIAS

BASURAS SOLIDARIAS

A mi amigo Jose Manuel lo echaron de dos Seminarios, el de Toledo y el de Albacete. Del primero porque sin importarle a quien tuviera delante llamaba a las cosas por su nombre, y del segundo porque por su nombre llamaba a las cosas sin importarle a quien tuviera delante. Camuflaron la verdad con los circunloquios típicos para atontar al que escucha. Hoy es policía nacional, pero hasta llegar ahí pasó por varios empleos, desde encargado en un bingo hasta reponedor en Eroski. Del bingo lo echaron porque aconsejaba a pobres ancianos y marujas no muy ricas habituales de ese local que volvieran a sus casas y se dejaran de idioteces. De Eroski también fue despedido porque, sin esconderse, recogía de la basura los productos todavía útiles. Se lo advirtieron varias veces, pero él se negaba a comprender qué mal hacía a nadie llevándose para su casa lo que estaba destinado a la basura. De eso hace ya muchos años, pero parece ser que tal política no ha variado mucho en algunos establecimientos.

Me ha venido esta historia a la cabeza viendo cómo cerca de mi casa, en Toledo, a diario, un grupo de personas hacen cola con sus bolsas esperando que saquen la basura de Supercor. Y no todos tienen pinta de indigentes, ni mucho menos. En un Lidl de Castellón también asistía maravillado con frecuencia a idéntica escena, con el adelanto de que allí había un rumano que se encargaba de repartir el turno, logrando así que no se formaran colas, que era lo que molestaba a los responsables del establecimiento, por aquello de guardar las apariencias. Alguien me dijo, conociendo mi crónico desacuerdo con las multinacionales que han perjudicado o perjudican todavía a países empobrecidos, que no sabía por qué estaba siempre arremetiendo contra Mac Donalds, siendo como era una firma que repartía la comida sobrante entre pobres de solemnidad. Hice varias averiguaciones y descubrí que eso era más falso que el pelo del Dioni, y de paso me enteré de que Rodilla, la famosa franquicia de sandwichs, sí que lo estuvo haciendo durante un tiempo. La comida que sobraba se la entregaba diariamente a una ONG que la repartía por las noches a los sin techo de Madrid. En cuanto esto se supo decreció la popularidad de Rodilla hasta tal punto que cesó en ese empeño. A la gente no le parecía bien ir a un sitio donde daban de comer con sus sobras a pobres, eso le restaba caché al establecimiento. Así somos de idiotas. También me enteré de que hay centros comerciales que sellan sus basuras para evitar que nadie se aproveche de ellas, o que obligan a sus vigilantes de seguridad a custodiarlas hasta que se las lleva el camión, o que contratan sus propios camiones para llevarlas directamente a los vertederos. En el colmo de la mala uva, las cadenas con menos recursos o más cutres lo que han hecho a veces ha sido rociar con insecticidas caducados el pescado y la carne que ya no se podía vender, pero todavía comestible, para disuadir la formación de colas. Esto no es ninguna leyenda urbana, no voy a poner el nombre porque no lo recuerdo, pero en un programa televisivo de investigación (Línea 900), vimos al gerente de un supermercado gallego donde esto era práctica habitual defendiendo que no estaban haciendo nada ilegal.

Me cuenta otro amigo que en Bélgica hay ciertas pastelerías donde antes de cerrar dejan que la gente se lleve gratis los productos que no se han podido vender y que están próximos a caducar. Es un dato y una diferencia. Si yo viviera en Bélgica me subiría el azúcar en dos semanas.

Desde mi ventana se ve el muelle de descarga de Supermercados El Día, que es el mismo sitio donde dejan la basura (atención al dato), pero nadie hace cola ahí porque saben que lo único que podrían conseguir sería una enfermedad. Me consta que gracias al madrileño Corte Inglés de Quevedo a varias familias inmigrantes le resulta menos gravoso medio llegar a fin de mes.

Aplaudo la decisión de El Corte Inglés, de Supercor, de Lidl, pero a este paso va a resultar que una empresa es solidaria si deja que la gente rebusque entre sus sobras.

 

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RECTIFICAR ES DE SABIOS

 

Hace años Alfonso Ruiz de Aguirre, amigo y escritor, me entrevistó para Literaturas.com. Fue muy benévolo conmigo.

Acabo de recibir un correo de alguien que ha sufrido otra espantada de Alberto Vázquez Figueroa recriminándome que lo tuviera por escritor comprometido.

Tiene razón; según releo aquella entrevista me desdigo de lo afirmado sobre el mismo. Todo lo demás lo mantengo.

Sólo eso.

 

 

 

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EL OTRO PERIODISMO

EL OTRO PERIODISMO

Me acaba de enviar un amigo unos enlaces interesantes, unos vídeos en los que se denuncian situaciones y mecanismos que difícilmente se encontrarán en las páginas de los diarios al uso. Los he puesto en la sección correspondiente, pero aquí incluyo la dirección: http://www.salonchingon.com

 

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¿POR QUÉ YO NO TE ESPERO, BENEDICTO XVI?

¿POR QUÉ YO NO TE ESPERO, BENEDICTO XVI?

En esta última semana catorce personas me han enviado esta misma carta, la última de ellas mi hermano Marino, así que no me queda más remedio que colocarla en la página. No se puede decir que quien la escribe se esconda, al final de la misma sólo falta el número de zapatos que calza el autor. Si quieres más información de este estilo sobre éste o sobre temas parecidos visita estas dos direcciones: http://www.redescristianas.net/2006/07/04/carta-al-papa-comunidades-cemi/ y http://www.atrio.org/

1- Porque atacas la eutanasia y defiendes el valor del sufrimiento.

2- Por considerar el aborto como homicidio en todos los casos.

3- Porque haces el divorcio muy difícil y conviertes la vida de "pareja" en un infierno para ellos y sus hijos, provocando la violencia doméstica.

4- Por impedir otros tipos de matrimonio o uniones, que en nada perjudican ni atacan al matrimonio convencional. Es falso que la familia en España esté sufriendo ningún tipo de ataque, como dicen tus obispos.

5- Porque tienes homofobia a los homosexuales, al considerarlos una desviación moral, una enfermedad o un pecado.

6- Por querer enseñar la religión de modo obligatorio a todos, en lugar de reservarla al ámbito familiar o de la comunidad creyente.

7- Porque no respetas el laicismo, que es el estado primitivo del individuo.

8- Por oponerte a la utilización de células-madre, que Tantas vidas podrían salvar.

9- Porque sigues bautizando a los niños, seres Inconscientes del acto que reciben.

10- Por convertir la comunión de los niños y niñas en un acto de ostentación y riqueza, contraviniendo la vida de Jesús-Pobre.

11- Por callar tus obispos y sacerdotes, en las fiestas de los pueblos, con motivo de honrar a santos y a vírgenes, cuando se tortura y mata a animales indefensos e inocentes.

12- Porque rechazas el preservativo, elemento indispensable para regular el número de hijos y evitar el Sida.

13- Por acumular riquezas en el Vaticano y en todos los templos De Tu Iglesia, habiendo dicho Jesús que Él no tenía dónde reclinar la cabeza.

14- Porque tú y la jerarquía que diriges deseáis el poder, cuando el Maestro vino a servir y no a ser servido.

15- Por rechazar la píldora, medio eficaz para ejercer una paternidad responsable.

16- Porque sois "repartidores de sacramentos" en lugar de transmisores de la Buena Nueva.

17- Por imponer el celibato a todos los sacerdotes, sabiendo que no fue así en la Iglesia Primitiva.

18- Porque habéis convertido la Iglesia en una burocracia descomunal, alejándoos de la simplicidad de los primeros cristianos.

19- Porque gran parte del clero se empeña en vivir "del altar", en lugar de ganar el pan con el sudor de vuestra frente y repartir gratis los que gratis se os dio.

20- Porque os falta contundencia en rechazar las guerras y condenar a quienes las inician.

21- Por no oponeros frontalmente a los estados que aplican la pena de muerte: China, Irán, USA, etc

22- Porque dais un mensaje de la Navidad equivocado. Cristo no vuelve a nacer. Y si está en algún lugar, está en los pobres, emigrantes, desheredados, etc.

23- Por transmitir durante la Semana Santa un mensaje que es ajeno al Evangelio. El sufrir por los demás es heróico; pero esto no trasciende. Dar la vida por los otros sí que encaja con la Pasión

24- Porque vas a provocar un gasto público (del dinero de creyentes y no creyentes) que es escandaloso: adorno floral (46.000 ?), bandas de música cada "x" metros, escenario descomunal (600.000?), alojamientos de miles de curas y obispos, pintado de 80 km. de vallas de blanco y amarillo, etc.

25- Por no colocar a la mujer en el lugar que le corresponde en la Iglesia que diriges.

26- Porque no pediste perdón cuando fuiste a Auschwitz, ya que el Vaticano y la Iglesia contribuyeron a que murieran muchos judíos en los campos de concentración.

27- Por haber perseguido y condenado la Teología de la Liberación, la Teología de los Pobres. cuando dirigías la Congregación del "Santo" (¿?) Oficio.

28- Porque tu venida se va a convertir en un espectáculo de masas, en un gran circo, donde se podrán comprar y vender todo tipo de "recuerdos", pero que quedará un gran vacio. (Recuerda la expulsión de los mercaderes del Templo).

29- Por haber puesto una condición para tu venida (tú o tus enviados): un micro-clima para ti. Unos cuantos "puentes" más allá, en el de Ademuz, hay centenares de subsaharianos que no tienen ni lo más elemental para tener una vida digna.

30- Porque el Altar donde vas a celebrar la Misa es un ejemplo de derroche suntuoso. Existen en nuestra Comunidad barracones en lugar de aulas, listas muy largas de espera para pacientes, suciedad y ratas en los barrios de Valencia, etc.

31- Por tu intromisión en los asuntos internos del gobierno de España (Recuerda tu última entrevista con el Embajador Español).

32- Porque tus obispos se meten en asuntos políticos, siempre decantados a favor de la derecha más reaccionaria.

33- Porque el Congreso Teológico que se celebrará días antes de tu venida, estará manipulado por las personas más integristas, como son el Opus Dei, los Legionarios o los "kikos".

34- Por haber manipulado, los que han preparado tu venida, a familias pobres del Tercer Mundo, que van a vender granjas, animales y terrenos para venir a verte.

35- Porque creo que es incompatible el ser la Cabeza Visible de los creyentes y Jefe del Estado Vaticano. "Mi reino no es de este mundo", dijo Jesús ante Pilatos (Juan 18,36).

36- Porque la mayoría de obispos y sacerdotes no denunciáis la tortura en los países donde se practica (se os va el tiempo hablando de sexo y temas relacionados con el sexo).

37- Por no denunciar las agresiones a nuestro Planeta, que salió de las manos del Creador mucho más hermoso de lo que está hoy.

38- Porque no os preocupáis, con atención prioritaria, de la gente que pasa hambre y de las miserias del Tercer Mundo, cosa que sí hizo Juan Pablo I, pero que le fue imposible realizar por su cortísimo pontificado y su misteriosa muerte.



Carlos Pinazo Calatrava.- Sacerdote.- Bernat Descoll, 63-5ª.-
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