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Rincón de Ailene y Miguel Án

¡CUÁNTO PAGAFANTAS ANDA SUELTO!

Te digo de verdad que en el mundo no hay más gente tonta porque ya no queda hueco. Te iba a llamar uno de estos días, pero entre pitos y flautas (50% pitos, 50% flautas), no encuentro la tranquilidad necesaria para hacerlo, de modo que me planto delante del ordenador para desahogarme. Porque esto es un desahogo, no te creas, por mucha forma de carta que tenga. Es un desahogo preñado de carcajadas, de buenas carcajadas, porque aunque las circunstancias, tus circunstancias, las que un día fueron mías y continuamente están siendo de mucha gente, no aconsejen hacerlo, sé por experiencia que es la mejor terapia, casi tan buena como el chocolate a mansalva, el yoga o el taichí. Hay que reírse de los que juegan a ser cretinos y lo consiguen; tendrán títulos académicos y honores varios, pero a pagafantas no hay quien les gane, tanto a los miembros como a las miembras, que me consta que en tu caso hay más de lo segundo que de lo primero. Y no me detengo en el dato de que en la Iglesia -porque con la Iglesia hemos topado- no rige aquello tan cierto de que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer. En la Iglesia reza que alrededor de un gran hombre debe haber siempre cuarenta mujeres que aunque sean grandes, deben aparentar ser medianas a lo sumo. Me río a carcajadas  de las cartas que intercambiábamos en Cazorla, de tus ocurrencias, de lo que me contabas de la Casa Madre en tus primeras impresiones, de las noches amenas bajo la luz de un camping gas y la bonhomía de Miguel, Ana, Toñi, etc., etc. Por mi cumpleaños me ha mandado Fernando un mensaje de móvil: "Y ahora me acuerdo, me acuerdo de las visitas a BUP, los paseos por los naranjos de Moncada, las charlas interminables con Joe, las visitas a Carcelén, a Toledo, a casa de tu madre. Me acuerdo de ti". Eso decía, y en tan pocas palabras sintetizó más de una década. Yo no tengo esa capacidad, quizás sí la de síntesis, pero no la de seleccionar sólo lo bueno. Yo me he acordado mucho de ti, y a veces salías a relucir entre mis papeles del modo más inesperado, en forma de tarjetas que me hacías llegar desde la República Dominicana, en forma de fotos con los gitanillos del Cerrico, cuando apareciste en carne y hueso por Molinicos. Y, como un día me dijo Fernando, la verdadera amistad es como un cactus, que precisa muy poca lluvia para continuar viviendo.  Te voy a contar un secreto, un secreto que lleva escondido trece años, y lo hago aquí con la condición de que si se lo cuentas a alguien, sea también en secreto. Seguro que te acuerdas de Elba, a la que por azares de la vida conocí en Santo Domingo. Elba estaba todavía más chiflada que yo y sin duda era aún más idealista que yo. La gente la adoraba, lo pude comprobar el poco tiempo que me fue dado para hacerlo. No sé por qué, sin conocerme apenas, decidió sincerarse conmigo. Dijo que sería una especie de desahogo antes de hacer los votos, que no quería confesión ni nada serio. Estuvimos toda la tarde hablando en el Hogar Armando Rosenberg, soportando picaduras de mosquitos y el calor asfixiante del caribe. Me contó lo que me contó y yo le aconsejé que se olvidara del asunto, que ni borracha se metiese a monja. Y lo curioso del caso es que no se escandalizó, sino que se rió a carcajadas. No me hizo caso. Luego me enteré de que profesó y no tardó mucho en salir pitando para Estados Unidos, huyendo de las monjas como alma que lleva el diablo. Pregunté varias veces por ella y en lugar de decirme abiertamente que había hecho mutis, me daban largas caritativas. Por supuesto que no conseguí su dirección para enviarle unas letras. Elba era un pedazo de pan y tenía las ideas muy claras. Tú eres igual que ella, lo que pasa que no tan alta ni tan morena de piel, pero por lo demás, igual igual igual. Lo mismo que a ella le aconsejé que a volar, a ti te aconsejo que a volar, pero dentro del nido, a darles la lata a los cretinos de siempre hasta que se les caiga la cara de vergüenza. Quien esté leyendo esto es más que probable que no entienda una jota, y yo se lo podría mal resumir así: a una persona cuyo delito es llevar por bandera la preocupación por los demás, especialmente los más necesitados, le escupen de forma ruin y cobarde que es una egoísta. Lo peor del caso es que la mente lúcida que te lo dijo no se lo cree, porque nadie puede creerse una estupidez de ese calibre conociéndote, ahora bien, si de vez en cuando no da un toque de atención al primero que se le pone en las narices, ¿cómo a demostrar que está por encima de ti en la escala jerárquica? Yo me voy a dejar de tonterías semejantes a que Jesucristo tuvo sus momentos de vacilación, sus horas de prueba y sufrimiento. Eso está muy bien, sí, pero para Jesucristo, pero tú eres quien eres y no te tiene nadie que obsequiar de forma tan generosa con un sufrimiento que no conduce nada más que a más sufrimiento. ¿Qué purificación va a haber en eso? Cero patatero. Hay mucho tonto al que todavía le gusta sufrir y piensa que así agrada a alguien. Bueno, pues muy bien, adelante con los candiles, que sufra cuanto quiera, si quiere yo le mando piedrecitas imperiales toledanas para que se las meta en el zapato, pero la gente normal no quiere sufrir. Los sufrimientos los vas encontrando por la vida, no hace falta que te los regalen ni que los pidas. De modo y manera que lo mejor es que les sigas el juego hasta que se les pase la idiotez (tal vez nunca, pero no siempre te tendrán a ti de chivo expiatorio), y que continúes siendo como eres. Tu sitio es ése, no me cabe la menor duda, porque gente como tú no hay mucha, y si les fallas a las hermanas mayores, si les fallas a los gitanillos, a los mencherillos, a los quinquilleros, a las mujeres, a tanta gente..., ¿quién va a ocupar tu lugar?, ¿la sesoseco que te ha dicho que tus intereses parecen no ser los del Instituto o Congregación?  Tal vez sean los intereses de las monjas capitostes los distintos a los tuyos, que todo depende de cómo se enfoque. No conozco la forma de ser de tus superioras, sí la tuya, y me quedo con la tuya a pies juntillas, asi que... Acoge las sabias palabras de quienes te digan que tras los cuarenta días del desierto viene la Pascua. La Pascua ya te la han hecho, y bien, que por el desierto se vaya su puñetera madre (perdón por la expresión madre). Que no me entere que te han apagado la sonrisa ni te han comido el coco con masoquismos opusdeinsanos. Sé feliz, Emilieta, como tú sabes. Un beso de parte de Ailene.

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2 comentarios

EL FILOSOFO -

Te he leido por invitación de Mercedes Martín. Pienso visitar tu blog con asiduidad. Genial lo de tu troll.

Emilieta -

SENCILLAMENTE ¡GRACIAS!

LO QUE BROTA DE MI ALMA ES, SIMPLEMENTE GRATITUD. HE SIDO MUY FELIZ, ¡HE APRENDIDO TANTO! EL PRESENTE, QUE ES LO ÚNICO QUE TENGO, LO VIVO ENTRE EL DOLOR, EL LLANTO Y LA RISA. SE HACE LA LUZ, CUANDO ENCUENTRO CARICIAS COMO LA TUYA. ¿POR QUÉ CUESTA TANTO DAR UN ABRAZO DE OSO? ES INMENSAMENTE SALUDABLE.

AILENE, UN ABRAZO DE OSO PARA TUS PAPIS Y ESPECIALMENTE PARA TI.
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