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Rincón de Ailene y Miguel Án

VIAJE A SIRIA

VIAJE A SIRIA

Me gustaría comenzar el relato del viaje comentando algunos aspectos generales. En primer lugar, para viajar a Oriente Medio es necesario intentar despojarse de muchos de los tópicos y prejuicios que los occidentales, inevitablemente, tenemos respecto de los árabes. Es cierto que a nuestros ojos occidentales su cultura, su forma de vivir y su organización social, nos parecerán primitivos, medievales. Efectivamente los son, pero con muchos matices.

¿Por qué esta zona del mundo? Esa es la gran pregunta. Todo el mundo sin excepción nos decía que estábamos locos, que cómo se nos ocurría viajar allí. Primer prejuicio derribado. Nunca en nuestros viajes nos habíamos sentido más seguros. Incluso el día que nos perdimos en un suburbio parecido a las chabolas de cualquier poblado gitano de aquí, incluso en ese momento, nos sentimos perfectamente seguros. La gente se limitaba a mirarnos de modo rayano a la curiosidad. Quizá sea porque son dictaduras, quizá porque aún no están muy acostumbrados al turismo, el caso es que el trato suele ser exquisito, amistoso y hospitalario. De todos modos la respuesta a la pregunta inicial no puede ser más clara: en ese lugar del mundo empezó todo. Todo lo que somos viene de allá. La civilización occidental, en un viaje de ida y vuelta, comenzó en oriente. Las primeras civilizaciones surgieron a orillas del Tigris y del Eufrates. Las huellas lejanas de lo que somos, las más antiguas, están allí. Es el lugar dónde buscar las respuestas más antiguas.

Quizá no es el viaje más hermoso. No nos vamos a deleitar con paisajes sublimes. No vamos a extasiarnos con hermosísimas y encadenadas obras humanas, no nos va afectar el síndrome de Stendhal. Y sin embargo es todo un viaje de conocimiento, un viaje imaginario de cinco mil años de historia y también el acercamiento a una cultura que nos produce tanta atracción como rechazo: la islámica.

Me gustaría hacer una reflexión. De todos los viajes que he realizado es el que más me ha hecho pensar, porque por un lado mis propios prejuicios sobre los árabes y por otro lado la realidad que nos encontramos, nos hizo sentirnos divididos. Por un lado un innegable sentimiento de repulsión, del que en absoluto me avergüenzo, puesto que para nosotros, occidentales, nos repugnan muchas de las realidades sociales que allí están presentes: el trato a la mujer, que en la práctica no es más que un animal doméstico, la despreocupación absoluta por el mantenimiento del orden, la limpieza, el patrimonio cultural... Pero por otro lado conoces a seres humanos concretos, con familias, sentimientos, espejos en los que nos reflejamos, mucho es lo que nos asemeja y muy poco lo que nos separa. El veredicto final para mi es la ausencia de juicio, simplemente no me atrevo a juzgarlos, al fin y al cabo, no hace tantos años en España no estábamos mucho mejor de lo que ellos están. Además me conmovió su fatalismo: tienen absolutamente claro que en algún momento habrá guerra con Israel y Estados Unidos, lo que parece que les lleva a vivir al día, con alegría, con cierta despreocupación. No puedo olvidar los ojos de los niños mirándonos, curiosos y sonrientes, la amabilidad de la gente, hospitalarios y acogedores. Tampoco puedo olvidar su obsesión por el dinero, por el comercio. Mercaderes, sin ningún espíritu intelectual o creativo, no aportan nada nuevo, como los judíos, sólo interesados en vender y comerciar. Contraste que te lleva a amarlos y odiarlos a partes iguales.

La narración, por el momento, se va a dividir en dos partes. La primera está dedicada al gran desconocido de Oriente Medio: Siria. La segunda estará dedicada a la fotogénica Jordania.

Por razones logísticas no nos fue posible incluir Israel en la visita. La estúpida política internacional nos lo impidió. Dedicaremos una futura tercera parte a Israel. Hoy por hoy no resulta demasiado sensato viajar al Líbano, lo que es una lástima, de Irak sobran comentarios. Trabajaré duramente para convencer a mi mujer de viajar a Irán en el futuro, lo que constituiría la cuarta parte de un periplo excepcionalmente interesante.

 

Primera parte: Siria

 

Comienzo con una breve descripción del país. No es Siria un país especialmente grande, aproximadamente la mitad de España. Limita al norte con Turquía, al oeste con el Líbano e Israel (con el cual mantiene un contencioso por la titularidad de los altos del Golán), al Sur y Sureste con Jordania y al este y nordeste con Irak.

El país, físicamente se divide en dos zonas claramente diferenciadas, al este, el desierto, que ocupa la mitad de la superficie del país y las zonas fértiles al oeste. Posee una pequeña franja costera de unos 180 km en el mediterráneo, al norte del Líbano, del que lo separa una cordillera montañosa, el Antilíbano. Los altos del Golán, ocupados por Israel, son insistentemente reclamados por Siria. Su importancia radica en su riqueza en acuíferos, quien los posee, posee la llave del agua en un lugar del mundo en el que el agua vale tanto como el oro.

Viven en Siria unos 17 millones de sirios. Más del 40 % son menores de 14 años. Su capital política es Damasco. Aleppo, Homs y Hama son sus otras ciudades más importantes.

Por lo que se refiere al clima: en verano y casi otoño, el calor no da tregua, sólo alivia la sensación térmica la sequedad. El sol calienta hasta dañar. La mejor época es primavera, cuando las temperaturas dan una tregua y el paisaje se viste con más notas de color. El invierno puede ser bastante frio.

 

Damasco

Se disputa con Aleppo el título de ciudad más antigua del mundo habitada de forma continua, aproximadamente unos 8000 años. Actualmente es la capital política del estado. La habitan unos 6 millones de personas y ocupa una extensión inmensa, inabarcable con la vista.

Cuenta la leyenda, que Mahoma, viendo la ciudad desde un alto, se negó a entrar en ella, pues en el paraíso solo se entra una vez. Hoy en día la belleza no deslumbra, ni mucho menos, pero no cuesta imaginarse, vistos los rescoldos de la hoguera, la magnificencia de lo que fue. Damasco, por desgracia, se cae de puro viejo, sucio y descuidado. Salvo excepciones notables, la Ciudad Vieja con su Zoco, están decrépitos. Y pese a ello el encanto es innegable.

Paso a esbozar una ruta con los imprescindibles de Damasco. El tiempo estaba limitado, así que aunque Damasco ofrece mucho más, me limito a comentar un poquito lo imprescindible.

En primer lugar el Museo Nacional, donde se expone de un modo un tanto caótico un repaso a las diferentes civilizaciones y culturas que han pasado por el actual territorio de Siria, vestigios de los innumerables yacimientos arqueológicos:Ugarit, Mari, Dora Europos, Palmira... Curiosamente el mayor tesoro del museo lo constituye una pequeña tabla de arcilla, del tamaño de un dedo, en la que se recoge por escrito, por primera vez, el primer alfabeto. De todos modos resulta espectacular la colección de arte del museo. Las salas están tan repletas que los jardines del Museo se encuentran atestados de lo que no les cabe dentro.

Al lado del museo se alza la imponente Mezquita de Solimán el Magnífico, recuerdo de la dominación turca y lamentablemente no visitable.

Las demás grandes atracciones de Damasco deben buscarse en la ciudad vieja.

En primer lugar, el edificio más destacado de todo Damasco, en el corazón de la ciudad vieja, es la Mezquita Omeya. La visita e inexcusable. Su patio de mármol es magnífico, sus alminares hermosísimos, los mosaicos bizantinos que adornan sus fachadas interiores fabulosos. El interior, completamente alfombrado, pleno de luz, invita a la paz y el recogimiento.

Fue basílica cristiana antes que mezquita, los mosaicos, una pila bautismal y el sepulcro de San Juan Bautista dan testimonio de ello. Antes de ser basílica cristiana fue templo romano dedicado a Júpiter. Algunos restos de columnas y capiteles que se conservan en el exterior nos lo recuerdan. Y antes fue templo arameo dedicado al dios Hadad. O lo que es lo mismo, ha funcionado como lugar de culto durante los 3000 últimos años.

Los musulmanes entran en Damasco en 636, durante 70 años comparten el edificio con los cristianos, pero cuando damasco se convierte en capital del Islam, el califa Khaled ibn al-Walid expulsa a los cristianos de su basílica, derriba los restos romanos y construye la basílica más excelsa del Islam. Hoy en día es la tercera en importancia del mundo, sólo por detrás de las de La Meca y Medina.

En el recinto de la mezquita hayamos otra curiosidad: el mausoleo en el que yace Saladino, el artífice de la expulsión definitiva de Jerusalén de los cruzados, una de las espadas más santas para los musulmanes.

Los musulmanes no solo respetan, sino que veneran, la tumba de San Juan Bautista, el profeta Yiha, para ellos.

También aquí se encuentra el sepulcro de Hussein, nieto del profeta y figura central del chiísmo, la segunda corriente más importante del Islam.

Tuvimos la suerte de visitar Siria durante el Ramadán, lo que nos permitió ver cómo viven los musulmanes una época tan importante para ellos como para nosotros puede ser la Navidad. Una de las cosas que más nos llamó la atención es la paralización del mundo cuando el Muhecín llama a la última oración del día, a la puesta del sol, momento en el que por fin los fieles pueden tomar alimentos y beber y fumar. En la mezquita se reúnen a comer aquellos que carecen de recursos, la comida y la bebida que ingieren la regalan los fieles más pudientes. Justo en ese momento en que la gente entra en la mezquita, estábamos allí, viéndolo, cuando no cabía más gente dentro, salieron unos fulanos armados de porras "disuadiendo" a aquellos que se quedaron fuera para que no intentasen entrar. Impresionantes... los porrazos y las carreras.

El resto de la ciudad vieja: simplemente perderse por ella, callejear sin rumbo, perderse por callejones por los que a duras penas pueden cruzarse dos personas, admirarse de los bonitos ejemplos que quedan de casas damascenas, colarse en los patios de algunas de estas casas, deslumbrantes de frescor y belleza, tan parecidos a los patios tradicionales de las casas andaluzas. Hacer la visita del palacio Azem y por supuesto perderse en el Zoco, sus madrazas, sus puestos de jabones, especias y baratijas de todas clases. Atención a las tiendas de lencería femenina, no sabes si sonrojarte, reírte o las dos cosas. Pasead por la calle recta, que no es recta pero recorre la ciudad vieja de lado a lado. Vale la pena darse una vuelta por el barrio cristiano, visitar sus iglesias, especialmente la iglesia-gruta de San Ananías, meterse en alguna tienda, saborear un te aromatizado y dulce y en definitiva patear calle para impregnarse del ambiente y comprobar, que en el fondo, no somos tan diferentes de ellos.

Palmira

Salimos de Damasco, en dirección Noreste, internándonos en el desierto sirio, que no es de arena, sino de piedras y tierra pardas. En medio de ese desierto se halla un conjunto de pequeños oasis: estamos en Palmira.

Palmira aparece documentada por primera vez en textos de más de 4000 años de antigüedad. La razón de su prosperidad en la antigüedad deviene de su situación estratégica: en plena ruta de la seda, las caravanas que procedían del Mediterráneo hacia Oriente y viceversa, se veían obligadas a pasar por aquí, ya que al encontrarse en un oasis, fue un importante punto de parada y aprovisionamiento para las caravanas que pagaban cuantiosos derechos aduaneros. Es por ello que fue una ciudad próspera y rica.

El acontecimiento histórico más conocido, quizá más legendario que real, ocurrió hacia el 267 de nuestra era, cuando la viuda del rey, la legendaria reina Zenobia se levantó contra Roma, dueña de la provincia, y atacó a las legiones romanas, poniendo bajo su dominio Siria, Palestina y parte de Egipto y declaró su independencia de Roma. El emperador romano, Aureliano, no pudo tolerarlo, atacó a su vez, sitiando Palmira y devolviendo Palmira al Imperio. Después de estos hechos Palmira entra en progresiva decadencia. En 634 la conquistan los árabes pero posteriormente cae en el olvido, arrasada por terremotos y olvidada por los hombres.

Lo que hoy podemos ver de Palmira, las ruinas que se han excavado y en parte reconstruido, nos dan una idea aproximada de la belleza y el esplendor que debió poseer. Los monumentos más destacados a visitar son los siguientes.

1- El templo de Bel. Se trata de la estructura mejor conservada. Consiste en un cuadrado de aproximadamente 200 metros de lado, con varios edificios en su interior. El tamaño de todas las construcciones es superlativo: enormes columnas de trabajados capiteles sobre enormes plataformas, muros exteriores de metros de espesor, capiteles, dinteles y trabajados triglifos y metopas, plenos de esculturas de variada temática se diseminan por el suelo. Es impresionante. Comparable en tamaño y esplendor a los templos egipcios.

2- Las dos calles transversales que constituían el eje alrededor del cual se disponía el trazado de la ciudad. La avenida principal se inicia con un precioso arco de factura romana, cuya principal característica consiste en que no se trata de un arco si no de dos, que se cruzan en doblándose en una especie de bisagra. A partir de ahí y durante 1 kilómetro se prolonga una avenida delimitada por ambos lados por una magnífica columnata. En el cruce con la otra avenida principal se levanta el Tetrapylon, completamente restaurado y ciertamente precioso. A ambos lados de la avenida columnada se levantan los restos de los monumentos.

3- El teatro, pequeño, muy bien restaurado y muy bonito

4- El ágora, el auténtico corazón de la ciudad, lugar en el que se desarrollaba la vida comercial de Palmira. Los restos no son excesivamente espectaculares, pero sí llama la atención.

5- El templo de Baal. Pequeño coqueto y fotogénico. Muy bien restaurado. El sol se pone justo por detrás de él, lo que permite retratarlo con una luz que hace que parezca dorada la piedra.

 

Fuera de la ciudad antigua de Palmira se encuentra dos lugares que merece mucho la pena visitar. El valle de las tumbas y el castillo árabe.

El valle de las tumbas se encuentra a muy pocos kilómetros de la ciudad, de hecho las más cercanas son perfectamente visibles desde las ruinas. Se diseminan los restos de cientos de tumbas, muchas de ellas sin excavar y se supone que muchas aún sin descubrir, por éste valle.

Existen dos tipos de tumbas, tumbas torre y tumbas hipogeas. En el interior son similares. Las tumbas torre como su propio nombre indica, son construcciones en forma de torre. Las hipogeas son tumbas excavadas en la roca. Su interior, en ambos casos es magnífico: complejos programas iconogáficos de pinturas y esculturas, trabajados sarcófagos en los que aparecen esculpidos los retratos de cuerpo entero de sus ocupantes. Zonas de nichos. Decir que todas ellas son tumbas comunitarias, en las que se enterraban generaciones pertenecientes a las mismas familias. Obviamente, por la riqueza de estos enterramientos, se deduce que se trataba de personas y familias pudientes e importantes y a su vez nos habla de la riqueza e importancia de la ciudad. Comentar también que por desgracia la mayor parte de ellas han sido expoliadas, es por ello que el interior mejor conservado, ha sido trasladado casi íntegro al museo de Damasco.

Por último, al anochecer, vale la pena subir a ver la espectacular puesta de sol al cercano castillo árabe que desde lo alto de un monte cercano domina toda la ciudad. Te sientas y disfrutas viendo cómo el sol se pone mientras tiñe de rojo y púrpura las ruinas de Palmira.

El Crac de los caballeros

Castillo de castillos, fortaleza cruzada, última posesión de los Caballeros Hospitalarios en Tierra Santa, lugar de leyenda que nos retrotrae a la época de las Cruzadas.

Comenzaré por describirlo un poco. El Crac no es un castillo sino dos. El más antiguo es el castillo interior, de origen árabe, construido en el año 1099, poco después conquistado por los cruzados, que lo amplían y refuerzan. Es es en esta parte del castillo en la que se puede visitar los restos góticos: capilla, sala capitular, comedor y dormitorios. Además impresiona el inmenso patio de armas, las torres que lo flanquean y otras curiosidades como la cocina y su horno de pan, en el que se cocía diariamente para sus tres mil ocupantes, las letrinas, las cuadras y los enormes almacenes abovedados. También los pasadizos ocultos y los pequeños secretos que encierra. Es necesario tomar nota de lo ancho y alto de los muros exteriores del primer castillo, simplemente apabullante, imposible tomarlo al asalto.

El segundo castillo rodea al primero, dejando un foso entre ambos. Fue construido por el sultán Baybars, que después de expulsar a los Hospitalarios y tomar la fortaleza, decide reforzarla levantando un segundo y enorme muro que convierte a la fortaleza en aún más inexpugnable.

Al subir a las torres se comprende la razón por la que se levantó el castillo precisamente en éste lugar: se encuentra en un alto desde el que se domina todo el rico valle del Orontes, es más, en días claros se puede ver el Mediterráneo. Además un sistema de puestos de alarma en las montañas vecinas permitía poner al Crac y sus ocupantes sobre aviso, por lo que no era posible sorprenderlos. Pos si fuera poco, lo escarpado del terreno, amén de sus poderosas defensas, lo convertían en virtualmente intocable.

Hama

Se trata de una de las ciudades más importantes de Siria. Su ciudad vieja se conservaba notablemente bien, intrincada y bonita, pero fue arrasada en el año 82 por orden del presidente Sirio, ya que era un nido de extremismo islámico, y decidió cortar por lo sano. Lo destruido no se reconstruyó como era así que apenas queda nada que visitar, excepto sus norias.

Homs es la principal ciudad del valle del Homs. Es ésta la zona agrícola del país, su zona más fértil desde la antigüedad. El río Orontes cruza la ciudad a través de un pequeño cañón, lo que convierte a sus orillas en demasiado altas para que el agua pueda desviarse mediante simples acequias. Por ello la solución ideada fue recoger el agua mediante enormes norias que la hacen subir hasta acueductos que conducen el agua hasta las acequias de riego. Dichas norias, la más grande de las cuales sobrepasa los 20 metros de altura, están construidas enteramente en madera. Datan del s. XVII y aún funcionan. Al moverse gimen, produciendo un sonido como un canto desafinado y continuo.

En Hama comprobamos que la llama del islamismo más estricto y radical sigue encendida. Apenas vimos mujeres y las pocas que vimos vestían enteramente de negro, con una túnica que les cubría de la cabeza a los pies y un velo que les tapaba la cara, no dejando ni un hueco para los ojos. La temperatura rozaba los 40 grados y hasta llevaban guantes. Tenebroso.

Nos marchamos de Hama casi asustados y con mal cuerpo. Las miradas no eran amistosas. Lo que vimos tampoco invitaba a quedarse demasiado tiempo.

Las ciudades muertas

Se trata de las ruinas de 5 ciudades romanas y bizantinas, destruidas por terremotos y abandonadas para siempre. Visitamos dos de ellas: Aphamea y Serjilla.

Aphamea:


Poco queda que visitar. Mucho falta por excavar. Los restos de la muralla de ésta ciudad romana abarcan un perímetro de siete kilómetros, lo que nos da una idea del tamaño e importancia que tuvo. También conocida como la ciudad de las mil columnas. Es debido a la columnata que se levanta a lo largo de todo el cardo o calle principal, el eje norte-sur que marcaba el desarrollo de la ciudad cuyos restos, restaurados se prolongan durante casi dos kilómetros y medio. La columnata nos muestra preciosos ejemplos de capiteles y fustes, dóricos, jónicos, corintios así como eclécticos y helenísticos los unos, acanalados lisos o salomónicos los otros. Variedad y cantidad. Visita imprescindible. Impresiona por su majestuosidad.

Serjilla:

Pequeña y encantadora ciudad fundada por los bizantinos en el siglo IV de nuestra era y abandonada para siempre apenas 150 años después, debido a que fue destruida por un terremoto.

Muchos de sus edificios se conservan casi enteros, faltándoles sólo el tejado. Destacan los restos de lo que fue basílica cristiana, el edificio de los baños públicos, varias tumbas y villas familiares. Curiosamente el edificio mejor conservado fue la taberna de la ciudad. Me llamó especialmente la atención los sarcófagos decorados con motivos marineros, anclas, timones, etc., que nos informan sobre la profesión de su ocupante. Y me llama la atención porque el mar se encuentra bastante lejos, pero el carácter comercial de Serjilla probablemente lo explica.

Llama la atención el paisaje lunar que rodea Serjilla, un inmenso pedregal que contribuye notablemente al aspecto fantasmal de las ruinas. Desasosegante.

Alepo

Se trata de la segunda ciudad en importancia de Siria. Es la segunda ciudad más poblada después de Damasco y la más grande en extensión. Compite con Damasco también por el título de ciudad más antigua del mundo. Personalmente me gustó mucho más que Damasco. Mejor conservada y con más encanto. Carece del carácter más cosmopolita y occidental de Damasco, pero sus encantos son otros.

Hasta hace relativamente poco fue una ciudad más occidentalizada: uno de los cuarteles generales de Lawrence de Arabia, última estación del Orient Express, visitada por occidentales conocidos, puerta de entrada a oriente. Hoy no ya no es así. Por el contrario, aunque conviven musulmanes y cristianos en buena relación, al menos aparentemente, Alepo es uno de los bastiones del islamismo más conservador y escrupuloso. Aquí no es posible olvidar que estamos en Oriente. Las mujeres van rigurosamente tapadas, la mayoría de hombres visten de forma tradicional, chilabas y túnicas.

De todos modos el ambiente de la ciudad es atractivo y exótico para nosotros

Visitas imprescindibles:

1- La ciudadela: Construida sobre un promontorio natural, perfectamente fortificada y rodeada por un foso. Alberga una miniciudad en su interior con sus mezquitas, su teatro, sus baños, su palacio amén de una pléyade de dependencias auxiliares. Actualmente está en proceso de excavación y restauración, pero vale la pena darse un paseo por ella.

2- El zoco: el más grande de Oriente después del Gran Bazar de Estambul. Se trata de perderse por sus laberínticas e intrincadas galerías. Empaparse de olores y colores, dejarse acosar por los vendedores, visitar las madrazas y caravansares integrados en su estructura y por supuesto comprar alguna que otra cosa.

3- La gran mequita: adosada al zoco o el zoco a ella. Impresionante el gran alminar, altísimo y delgado como un alfiler, lo único que se conserva del primitivo edificio, varias veces derrumbado y reconstruido. Pegada a la mezquita una antigua madraza, en cuyo centro se encuentra la fuente en la que hacen sus abluciones los fieles antes de rezar.

4- El barrio cristiano: excelentemente conservado. Su estructura medieval e intrincada invita a callejear sin rumbo, perderse por bonitos callejones porticados y abovedados, visitar sus iglesias católicas, griegas, ortodoxas, minoritas, etc. Buen lugar para comer. La zona con más encanto de Alepo.

San Simeón.

Al norte de Alepo se encuentran los restos de una basílica bizantina dedicada a San Simeón el estagirita, el eremita que vivió 40 subido a una columna. A su muerte, sus discípulos levantaron una iglesia alrededor de la columna, posteriormente se levantó la basílica. Los restos que hoy se visitan, en lo alto de un cerro rocoso, abarcan la basílica un cenobio y un baptisterio. Se encuentran bastante bien conservados y merece la pena la visita, no solo por la belleza de los mismos, también por la belleza paisajística y las vistas.

Maalula

Para mí es la visita más prescindible de Siria. Se trata de un pequeño pueblo de los alrededores de Damasco. En Siria, aproximadamente el diez por ciento de la población profesa el cristianismo. En Maalula el noventa por ciento. Pero no tiene más que 5000 habitantes. Tiene dos monasterios, Santa Tecla y San Sergio. No tienen nada de especial. Muchas iglesias y casitas las unas pegadas y sobre las otras. La principal curiosidad es el lugar en sí. Dos montañas separadas por un angosto barranco, las casas se desperdigan por las dos laderas, empinadísimas del pueblo. Bonito pero nada del otro jueves.

Bosra

Localidad fronteriza con Jordania. En la antigüedad grecorromana formó parte de la Decápolis, la liga o federación comercial de ciudades de la zona. Lo más destacado con diferencia es su teatro romano, afortunadamente conservado por los árabes y maravillosamente conservado. Tiene fama de ser el teatro romano mejor conservado del mundo.

Llama la atención la piedra basáltica, casi negra con que está construido. Su acústica es excelente. Los graderíos podían acoger a unas 15.000 personas sentadas. Desde arriba casi da vértigo mirar hacia el escenario. La fachada de éste último también está muy bien conservada.

La razón de la buena conservación radica en el hecho de que los árabes en lugar de derrumbar lo construido, lo aprovecharon para construir y fortificar su ciudadela, así el teatro quedó incrustado y preservado en la ciudadela y así nos ha llegado.

Hasta aquí el periplo por Siria. Próxima entrega, Jordania. Otros aspectos generales como la comida, el atuendo y otros los comentaré al finalizar Jordania.

 

 

 

 

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1 comentario

ANTONIO SENIOR -

Demasiados días sin saber de ti... Ya me olía yo que estabais de viaje y no por la zona de Cuenca. Espero que lo hayaís pasado muy bien. ¡ feliz 2008 !... Por cierto, ¿ cómo fue el trasbordo desde el Caribe a Siria?...
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