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Rincón de Ailene y Miguel Án

EXPEDIENTE X EN LA CAJA CASTILLA LA MANCHA

Podría hacerme lenguas de las maravillas que nos ofrecen bancos y cajas de ahorros, pero me voy a centrar en la CCM, vulgo Caja Castilla La Mancha, vulgo Caja de Cenutrios y Mangarrianes. Yo ya los he dejado por imposible desde hace al menos tres años, cuando me convencí de que donde no hay mata, no hay patata. Aún así, cuando algún premio literario me lo dan en cheque y de la CCM (¡¡pánico!!) no tengo más remedio que visitar sus dominios. Hace poco, aprovechando que me tocaría perder más de media hora para hacerlo efectivo decidí ingresar al mismo tiempo una cantidad debida al Ayuntamiento. Tardé 56 minutos en no cobrar el cheque y en que el empleado de turno me dijera que el papel del Ayuntamiento estaba mal, que faltaban números. Enfrente había una sucursal de La Caixa y allí que me fui, en menos de un minuto me hicieron la gestión. Pero, en fin, no toca hablar hoy de mis miserias, sino de las de Marta. No me enrollo.

Día de junio, media mañana, Marta va la sucursal nº 8 de la Calle Méjico de Toledo a sacar 3.000 euros, como había hecho en alguna ocasión anterior. El empleado le dice que imposible, que lo más que le da, y haciéndole un favor, son 1.800 euros, que para 3.000 hay que avisar con unos días de antelación y que, a veces, ni por ésas. Os juro que no es chiste, que no salió ninguna cámara oculta a continuación. Pues qué le vamos a hacer, pide que le den los 1.800 euros y mañana vuelve a por el resto. Y el mismo empleado, en un alarde de creatividad que ya lo quisiera Lope, dice que ha pensado que mejor se vaya a la oficina donde tiene la cuenta (a tan sólo 32 kilómetros de distancia, fíjate qué risa) para hacer la gestión. Marta se marcha indignada y me llama, conocedora de mi empatía con la CCM en general y algunos de sus empleados en particular. Le doy la legislación que tengo al respecto (extraída de internet gracias a la asociación de usuarios de Banca y al propio Banco Nacional) y me dice que si la puedo acompañar, que no le van a hacer caso. Pues allá que voy. En el mostrador el mismo empleado nos atiende. Queremos sacar 3.000 euros. Imposible. Le digo que me muestre dónde está regulada esa imposibilidad y contesta que la máquina no da más de 1.800 euros. Pues que lo saque en varias veces, le sugerimos. Se caga por lo bajo en mis muertos, intuyo, y nos dice que bueno. Marta le pregunta que por qué yendo conmigo sí se lo dan y cuando ha ido sola no. No hay respuesta. Yo quiero creer que se debe a mi magnetismo personal, pero la verdad es que como llevaba a la vista el papel donde está recogida la regulación al respecto más bien tuvo que ser ése el verdadero motivo. Al final nos dieron los 3.000 euros, pero nos hicieron esperar 64 minutos de reloj, pues decían que no llegaba el fax de conformidad desde la oficina correspondiente. Nosotros allí al pie del cañón teniendo que oír los chascarrillos de dos empleados, el susodicho y el dichosuso, uno que ya ha salido de dos sucursales por patas por cuestiones que no hacen al caso. Decía el susodicho al dicho suso: "El fax debe de estar a medio camino, en Las Nieves". Y el otro lo coreaba: "Sí, habrá hecho un descanso". Como Marta me había pedido que no la liara, pues hicimos caso omiso de sus inteligentes comentarios. Finalmente nos dieron el dinero de malas maneras, pedí la hoja de reclamaciones y me dijo el cajero que no tenían de eso, que hablara con el interventor. Fuimos a hablar con el interventor y por primera vez en mi vida me topé con una persona educada y profesional en la CCM. Nos entregó la hoja de reclamaciones si bien no sabía que existiesen sobres prefranqueados para enviarlas a la sede de la CCM, tal y como se anunciaba en un cartel que tenía colocado en la pared frente a sí. La amabilidad con la que nos trató disculpa ese detalle.

Cuando ya nos marchábamos oigo al director de la sucursal vocearle al interventor al tiempo que me hacía un gesto despectivo con la mano: "Que se vayan a poner reclamaciones a su sucursal y dejen de molestar aquí". Yo sólo retrocedí un par de pasos para decirle que esas cosas se dicen a la cara. Se levantó como una fiera, salió de su acristalado despacho y se me encaró: "Estoy hablando con este señor, no contigo, ¿qué te pasa?". Y le dije lo que me pasaba, detallando las tres de las muchas irregularidades que en su sucursal se acababan de producir y de las que estaba bien enterado porque llevábamos una hora siendo la comidilla de los empleados. En su descargo diré que no volvió a abrir la boca, se quedó de pie en la puerta de su despacho y ni dijo adiós cuando nos despedimos.

 

Hicimos la correspondiente reclamación a la CCM. ¿A vosotros os han contestado? A nosotros tampoco.

Actualización posterior (evidente): Por fin contestaron a Marta con una carta muy educada en la que le pedían disculpas por todo lo sucedido. Digno de alabanza.

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2 comentarios

Miguel Ángel -

Rosa, lo que has dicho sobre ir a comisión sería buena idea. Si por cada cliente que saliese contento de una sucursal el empleado responsable recibiera productividad su trato cambiaría, seguro. En banca también hay buena gente, por supuesto, lo que ocurre es que no abunda, y de vez en cuando uno se harta.
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Rosa María -

Me he encontrado muchas veces con ciertos empleados de Banca como los que nos cuentas y me parece mentira que con sus horarios tan buenos tengan tan mala leche. No deben ir a comisión porque si no tratarían mejor a la gente. A mí me han llegado a decir que como no tengo dinero no me pueden tratar igual que a quien sí lo tiene. Sin embargo,esto no es generalizar. En Madrid, hay una sucursal de la Caixa en la Calle Illescas (cerca de la puerta falsa del Hospital Gómez Ulla) en la que me han tratado maravillosamente, no me han hecho esperar y han sido amables y educados y eso que tengo dos duros mal contados. Lo digo para que se sepa y porque han sido buenos profesionales. Espero que cunda el ejemplo y que aprendan todos buenas maneras y que tratar con el público no es fácil y lo digo porque yo me paso muchas horas al día haciéndolo. No el difícil esbozar una sonrisa y no cuesta dinero, por qué no somos más amables. No lo sé.
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