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HOY TOCA UN CUENTOHabía una vez una bruja malvada que tenía muchísimo poder. De esta bruja se enamoró un príncipe que antes se había desenamorado de una princesa. Los príncipes tenían dos infantas que querían a ambos por igual, por eso aceptaron de buen grado que su papá, el príncipe, se casase con la bruja malvada (porque, en realidad, su apariencia no era de malvada, incluso parecía buena persona), y vieron con buenos ojos que su mamá, la princesa, tomase por nuevo marido a un físico galeno que curaba a la gente con bebedizos y brebajes. Los seis eran felices. Lo eran hasta que la bruja se dio cuenta de que ella no podía ser feliz si los demás también lo eran o parecían ser más felices todavía. Daba la impresión de que la felicidad de la bruja sólo podría aumentar con la infelicidad de los demás. Por tal motivo la malvada mujer utilizó su muchísimo poder para que a la princesa, que también curaba a la gente con bebedizos y brebajes, la repudiasen de los lugares donde antes la querían mucho. Sus amigos le decían: “Te estamos muy agradecidos por todo el bien que nos has hecho, pero no queremos despertar las iras de la bruja, de modo que es mejor que no vuelvas por aquí”. Así uno tras otro. Todos le dieron la espalda, todos menos uno, que le plantó cara a la bruja y le contestó: “La princesa lleva años ayudándome a crear este vivero tan bonito donde cultivamos plantas medicinales, no estoy dispuesto a renunciar a su ayuda ni a su amistad sólo porque tú no puedas soportar que ella sea feliz y sus hijas la quieran más que a ti”. ¿Y qué pasó? La malvada bruja se enfadó tanto que intentó una y otra vez que el mismísimo emperador (que mandaba mucho más que el rey y los príncipes juntos) ordenase quemar el vivero de plantas que curaban bajo el pretexto de que todas eran venenosas y no cumplían con los requisitos que todo buen vivero había de observar en su gran imperio. No contenta con ello la bruja comenzó a contarles mentiras a las infantas acerca de su madre para que no quisieran verla, pero cuantas más mentiras les contaba, más cuenta se daban las niñas de la maldad de la madrastra. La bruja no entendía cómo la princesa y el galeno podían seguir viviendo felices después de la persecución a la que la estaba sometiendo, de manera que también comenzó a perseguir al físico galeno intentando que todos sus amigos le diesen la espalda. Y además se empeñó en que el gran procurador del imperio le quitase a la princesa a sus dos hijas, y para ello enlazó más mentiras con más mentiras. No lo consiguió, mintió e hizo mentir al príncipe sobre lo mala madre que era la princesa. Menos mal que el gran procurador hizo caso a las niñas y las dejó con su madre. Ése fue el mayor disgusto que se llevó en su vida la bruja malvadísima. Nadie antes había desatendido sus mandatos sin pagarlo muy caro, pero con el gran procurador no podía enfrentarse porque se enfadaría el emperador. La rabia la consumía, su vida se convirtió en un duermevela ideando qué hacer para borrar de la cara de la princesa la sonrisa. ¿Y qué pensáis que hizo? Bueno, pues eso lo dejamos para otro día porque todavía no se sabe el final. Hay cuentos, y éste es uno de ellos, que se dejan escribir pacientemente por los días.
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